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Vivimos en crisis

Opinión-colorAguila o Sol

De: Prof. Monjardín

El ambiente que en estas últimas semanas se respira en el país es de preocupación. Los normalistas desaparecidos, las fosas colmadas de cuerpos; los estudiantes en la calle, la baja en los precios del petróleo, la minidevaluación de nuestro peso; y los habitantes del DF que han tenido que aumentar a lo anterior, los embotellamientos y el tráfico lento que duplica el tiempo de transportarse. Se percibe en general, un ambiente de preocupación, desánimo, desilusión, desesperanza e impotencia.

La propaganda insistente nos informa, además  con gran entusiasmo, que “México se está moviendo” como nos lo “habían prometido”  y muchos mexicanos se preguntan ¿Estos son los movimientos prometidos? Si nos propusiéramos dar solución, por separado, a cada uno de los problemas que han surgido, difícilmente lo podríamos lograr ya que todos parecen tener similar origen,

La primera causa común a esos problemas es la corrupción que permea a la sociedad y que especialmente se agrava en la administración pública y en muchos de los organismos que tienen a su cargo la toma de decisiones. Por ejemplo, si la desaparición de los normalistas se debe, a acciones de los “capos”. Nos preguntaríamos, por qué pueden obrar con tal impunidad y por tanto tiempo.

Por qué no se ha podido instalar en México un sistema eficiente, con equipos de investigadores bien preparados para descubrir a esas mafias y aplicarles la ley. Sólo de vez en cuando se informa que han detenido a un pájaro de cuenta, pero no se vuelve a saber cuál fue el resultado del juicio, qué condena se le impuso, por lo menos para que la sociedad supiera y quien estuviera inclinado a  participar en esas asociaciones delictivas, lo pensara dos veces. ,

La baja en el precio de petróleo preocupa porque “las reformas” le apostaron a que a el petróleo sería la solución económica del país y se está confirmando que la era del petróleo va rumbo a su acortamiento ya que ahora se requieren combustibles no contaminantes, ¿Qué sucederá con nuestro futuro económico? Lo que  sabemos es que si las reformas se hubieran aprobado hace diez  años ya estaríamos en otra situación, pero el interés particular puesto por encima del interés general, impidió al partido otrora oficial, aprobar estas reformas propuestas por la oposición

El problema estudiantil, cuyas acciones de presión, real o enmascarada, ya se creían innecesarias, ahora se vuelve a eso que se creyó superado, Se percibe que estos actos estudiantiles no corresponden a la realidad de los hechos y que  las demandas bien se pudieron conducir de otra manera, Sería deseable que México no volviera a ser escenario de agitación, vandalismo y violencia y que los asuntos que interesen a los grupos estudiantiles, como a cualquier otro sector  pudieran resolverse por caminos acordes con  una democracia ya normada.

En el sustrato de los hechos  negativos que estamos presenciando se percibe como elemento común en el actuar de los responsables, la intención no del servicio a la Nación o  a la sociedad,  sino el propósito de la conservación del poder. Pareciera que todo gira en ese círculo que  tiene como fin la  protección del partido y de los gobernantes y funcionarios y en un segundo plano, la búsqueda de soluciones de fondo, sobre todo cuando se percibe que pudieran ser impopulares aun cuando éstas sean benéficas y adecuadas.

Mientras en nuestro país siga sucediendo la búsqueda del poder por el poder y no se tenga como consigna y propósito que el poder es para servir y no para servirse, será muy difícil resolver los problemas y llegar al México que los mexicanos esperan.

 

Violencia por costumbre

Los acontecimientos de Iguala relacionados con la Escuela Normal Rural de  Ayotzinapa -de los que no sabemos quiénes, cuántos murieron ni por qué murieron, ni de los perpetradores intelectuales y materiales y sus motivos-  vienen a constituirse en un hito de nuestro horror, de carácter innombrable. Esto es lo que marca la diferencia. Nos han dejado en la indefensión, sin saber dónde colocarnos, en la medida en que esto es intolerable, no sabemos qué es ni cómo llamarle.

Ya no se trata de la violencia costumbrista de Guerrero, sabida desde siempre, ni tampoco solamente de la virulencia de los trasuntos del mundo siniestro de  lo ilegal. Ni siquiera de  los extremos de la crueldad con la que se habrían perpetrado los crímenes, según se va dejando saber. Lo que se manifiesta es que el mal trasciende a nuestras nociones acerca de quiénes serían los buenos y quiénes los malos; cuya usual clasificación nos permite colocarnos en el lugar cómodo desde donde juzgamos con los criterios que difunde el cretino pontífice de la normalidad  mediana y mediocre, desde la televisión mexicana: Joaquín López Dóriga.

Hace tiempo que se generaliza una opinión negativa acerca de la Normal Isidro Burgos de Ayotzinapa y sus estudiantes. Como si su violencia obedeciera al capricho y  no a la radicalización a la que llegaron por fuerza, a su vez, de la violencia de la miseria que se cierne en los entornos de los que forman parte. Hemos visto reportajes de la morbosa televisión, mostrando a sus paupérrimas familias campesinas, que guardaban la esperanza del progreso social de sus hijos.

Los normalistas, son estudiantes que creen  que por medio de la carrera magisterial, a su alcance,  ascienden en la escala social. O por lo menos podrán paliar la pobreza de sus familias, y ayudar a sus comunidades. El desencanto no les deja salida alguna. ¿Hacia dónde ir en ese mundo desahuciado? No hay destino a la vista ni horizonte por alcanzar.

Algo que no tiene nombre

Somos un país que se ha trazado un modelo que no muestra bonanza y sí, en cambio, la inmisericorde exclusión que se convierte en los ejércitos de migrantes hacia los países del norte, o hacia la economía de la ilegalidad y el crimen cuyas reglas no conocen compasión: seguirlas o morir. Pueblos enteros que desaparecen de cualquier región de la geografía territorial porque sus pobladores son asesinados en masa, de Chihuahua a  Guerrero, donde pongamos el dedo en el mapa: “si siembran… sólo  a mi me venden a lo que yo lo compre”. Esta guerra por el cautiverio del  territorio, que en los microcosmos, es amenaza y mortandad. Pueblos completamente desiertos; quienes sobreviven huyen, nuevos parias sin arraigo.

Mientras, el modo de gobernar como espectáculo, sólo nos muestra una realidad editada e interpretada: quién sabe por qué esos estudiantes normalistas de suyo tan revoltosos, van por ahí de resentidos causando destrozos, sin ningún respeto a los recintos  parlamentarios de una representatividad en la democracia de la simulación,  que no tiene oferta para estas víctimas-victimarios con sus familias y comunidades.

La dificultad del conflicto en Ayotzinapa es que nos muestra una fractura entre el bien y el mal sabidos, para dejarnos en el limbo de lo relativo: ¿dónde encontrar el bien que nos tranquilice?  ¿Quiénes son en esta teatralidad confundida, los buenos y los malos? ¿Cómo vamos a entender en lo sucesivo lo básico estructural del orden del mundo contemporáneo que cohabitamos?

Soy mi propia enunciación del bien y el mal que configuran mis afectos. ¿Cómo me afecta todo lo otro?

El tiempo de nuestra existencia compartida en México, ha marcado un hito: ni bien ni mal, sólo la incertidumbre del limbo sin nombre.

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