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Urge un cambio real

Opinión-colorErick Zúñiga

Finalmente iniciaron las campañas electorales a nivel federal, es decir, las correspondientes a diputados federales y gobernadores —en los próximos días arrancarán actividades los aspirantes a cargos en las elecciones locales—. Sin duda, estas elecciones resultarán interesantes, pues además de que existen nuevas reglas del juego, se trata de un proceso altamente cuestionado por los ciudadanos, quienes dudan, son escépticos y cuestionan no solo las propuestas de los candidatos, sino también el actuar de las instituciones y al mismo sistema democrático.

El sentir ciudadano resulta indispensable como termómetro del acontecer nacional; sin embargo, no podemos basarnos exclusivamente en él para entender nuestra realidad. No podemos tomar decisiones bajo las generalidades de blanco o negro, buenos y malos, pobres y ricos, conformistas y descontentos. México no se puede reducir a dos opciones, no lo podemos limitar: hay matices, tonalidades, opciones. Vivimos en pluralidad.

Algunos ciudadanos y organizaciones sociales han hecho un llamado para no acudir a votar (abstencionismo) o para anular su voto, porque no ven opciones para generar los cambios que el país requiere —ven a México en la dicotomía—. Están en todo su derecho de manifestar sus opiniones; sin embargo, no podemos olvidar, en ningún momento, que ir a votar es un derecho y una obligación.

Pueden existir elementos de sobra que den muestra del descrédito social de los partidos políticos, la corrupción en algunas instituciones y funcionarios públicos, y un largo etcétera; sin embargo, debemos entender que no se cambiará el estado actual de las cosas, no se lograrán los reajustes de fondo, si no hay una verdadera y efectiva participación ciudadana. Sí, es un derecho y una obligación que cualquier ciudadano ir a votar, pero su responsabilidad no termina ahí.

Nos quejamos de nuestra situación, pero la gran mayoría del electorado espera las promesas de campaña de los partidos para tomar una decisión, en lugar de organizarse y proponer a los candidatos una agenda. Se busca, legítimamente, castigar a los partidos o los malos gobernantes, pero poco se hace para lograr la unión en la colonia, la comunidad, y trabajar una agenda que defina el rumbo y logre el compromiso de los candidatos que buscan representarlos.

Esperar el ofrecimiento de los candidatos, aceptar condicionamientos electorales a cambio de apoyos o de ser beneficiarios de programas sociales, no denunciar lo que está mal porque de alguna manera se es parte, implica encadenarnos a lo mismo y jamás romper el círculo vicioso del cual nos quejamos.

Antes de que la alternancia política fuera la constante, se tenía la excusa perfecta: el monopolio del partido en el gobierno permitía y toleraba las peores prácticas de corrupción, nepotismo, tráfico de influencias, vínculos con el crimen organizado, etc., porque nadie podía hacerle contrapeso para exigirle rendición de cuentas. Hoy los gobiernos y partidos de todos los colores se han visto envueltos en problemas.

Urge cambiar el estado actual, revertir nuestra situación. El primer paso es tener claridad en lo que se desea cambiar y entender que se trata de un proceso, que no se dará de un día para otro; el segundo, es promover la participación ciudadana más allá de las urnas, proponer agenda a los candidatos y hacer un seguimiento meticuloso de su cumplimiento.

Los diez partidos políticos con registro nacional tienen la tarea de convencer al electorado de que son la mejor opción. La tarea de los ciudadanos es dejar la pasividad y actuar con responsabilidad. La decisión está en sus manos: seguir en el círculo vicioso y quejarnos o, involucrarnos, proponer y trabajar para generar los cambios que anhelamos.

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