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Urge mover las piezas

Opinión-colorÁguila o Sol

De: Prof. Monjardín

Un gobierno ideal debe ofrecer garantías a los ciudadanos que rige con el objetivo de maximizar el desarrollo absoluto de toda sociedad. Este mandato es clave para darle legitimidad a cada una de las administraciones federales y estatales, pues el principio primigenio de gobernar y ejecutar la política, es construir sociedades de bienestar con base en la preservación y enaltecimiento de cada uno de los derechos humanos.

México  es una nación en constante crisis por el incumplimiento del estatuto originario de toda acción política.Sin un trabajo imperioso en materia de derechos humanos, el resquebrajamiento de todas las instituciones del Estado se agrava hasta el nivel que percibimos hoy y se genera un detrimento en la calidad de nuestro sistema político.

En cambio, si se procurase la defensa de las garantías fundamentales de cada mexicano, la clase política encontraría las circunstancias idóneas para reivindicarse ante la población y se hallarían nuevos caminos para evitar crisis tan atroces como las provocadas por los casos de violencia ocurridos en Tlatlaya e Iguala.

Al observar cruentos episodios de nuestra historia moderna como éstos, queda en evidencia que uno de los grandes derechos fundamentales vulnerados y cuyas repercusiones mantienen convaleciente a gran parte de México, es el derecho a la seguridad.

El crimen, la corrupción y la impunidad se han combinado de manera tan letal que han envenenado a las instituciones de seguridad pública en cientos de municipios de todos los estados.

Hoy, nuestro país suplica desesperadamente por el antídoto que revierta la depravación que enferma a la autoridad.En redes, la descalificación ejerce un reinado abrumador.En los hogares, el miedo oprime la libertad y las esperanzas de tener una vida distinta.Las soluciones son insuficientes.

Uno de los derechos más importantes para poder vivir, se muestra virtual, inasequible. Y aunque las consecuencias del descuido y la omisión, parecen ser irreversibles, la opción de darse por vencidos es simplemente inadmisible.

Por ello, en el Senado deben trabajar en la revisión y discusión de las nuevas iniciativas de reformas constitucionales del Ejecutivo, en torno a un mejoramiento del marco legal que faculte una mejor estrategia de seguridad y justicia.La situación nacional exige un cambio inmediato para devolverle a la gente uno de sus derechos más elementales.Ahora, más que nunca, es tiempo de hacer las cosas bien.

Recuperar la estabilidad del país es posible con el trabajo coordinado de los tres Poderes de la Unión, una labor que, finalmente, haga valer cada uno de los derechos humanos expresados en nuestra Constitución.

Las transformaciones que el pueblo de México pide  no se lograrán con demostraciones de obligada conmiseración, sino ejecutando medidas que se traduzcan en verdadero respeto, libertad, seguridad, justicia, tolerancia y vida.

Las oportunidades de renovar nuestro sistema político están ahí esperando que forjemos el frente más grande y sólido para combatir las calamidades que nos mantienen sumidos en esta crisis de violencia y desesperación.Un año nuevo está por iniciar y es ocasión justa de devolverle la paz a México.La noche siempre culmina con el amanecer.

 Ira y dolor combinados

La temida verdad llegó. Las pruebas de ADN practicadas a un fragmento de hueso hallado en el basurero de Cocula, Guerrero, confirmaron la muerte de Alexander Mora Venancio, hasta ahora la única víctima mortal del secuestro de 43 normalistas de Ayotzinapa ocurrido el 26 de septiembre, a manos del cártel Guerreros Unidos.

El discurso del agravio toma nuevo rumbo, se politiza. Los cilindreros que rodean a los padres de familia, como la CETEG y otros grupos, radicalizan sus posturas, no les importa el luto, lucran con el enojo y llevan sus mezquinos afanes al plano electoral y delincuencial.

La pregunta planteada aquí la semana pasada sigue sin respuesta: ¿Quién mandó a los estudiantes a Iguala? El arquitecto Víctor Reyes Banks proporciona la siguiente información:

“Desde el primer día de lo de Iguala el comentario en la región fue: los pelones nunca botean, lo hacen los de segundo año por tradición; la normal está controlada por un grupo de fósiles que son los que realmente mandan, captan los recursos y viven de ello con la falsa bandera de obtener recursos para una de las tantas escuelas olvidadas de nuestros gobiernos, y lo más importante de esto: nunca se había boteado tan lejos, siempre fue en Chilpancingo y las casetas cercanas;  lo que es interesante es porque esto no está considerado en las líneas de investigación, quién los mandó a Iguala y cuánto pago para esto; si logra averiguar sabrá de dónde vino la provocación, platique con la gente de Ayotzinapa y se enterará de muchas cosas”. Hasta aquí un fragmento de lo compartido por nuestro lector.

En efecto, los padres de familia deben llevar su exigencia de justicia a la directiva de la Normal Isidro Burgos, a la que confiaron la seguridad de sus hijos. Su duelo y enojo es comprensible, lo que no se justifica es el violento reclamo al gobierno federal que han orquestado y busca desacreditar todo el esfuerzo realizado para encontrarlos, incluidos los exámenes de ADN practicados por los forenses argentinos y la Universidad de Insbruck.

Opiniones y pasiones

En ocasiones, el juicio de un importante sector de la opinión pública será condenatorio, sin importar lo que se presente como argumentos.

No es que sea una pérdida de tiempo el presentar una defensa ante las acusaciones, sabiendo de antemano que no existirá manera de cambiar el punto de vista de los que “atacan”. Siempre vale la pena pelear por lo que considera justo, aunque el impacto social sea desapercibido en lo que a algo positivo se refiere.

Entendamos también que hay cosas indefendibles, lo único que se podría hacer es ofrecer disculpas e intentar resarcir el daño. Claro ejemplo es el de la llamada “Casa Blanca” de Angélica Rivera.Cuando no existe defensa válida, es mucho más vergonzoso mentir que aceptar lo sucedido.

Pero hay asuntos que sí son debatibles y que no obstante que tengamos una opinión desfavorable, no nos viene mal abrir un poco la mente y escuchar atentamente, no necesariamente para cambiar de opinión, pero sí para reforzar nuestro punto de vista.

Lo que sucedió con el Teletón es un claro ejemplo. Muchos no quisieron escuchar siquiera nada en su “defensa”, su repudio estaba decidido.No dudo que algunos sí reflexionaron para desacreditarlo, leyeron, escucharon… y después lo atacaron. Pero muchos, por las tendencias lo hicieron sin tomarse tiempo alguno.

No es mi intención defender o atacar al Teletón. Escribo estas líneas porque me llama la atención la poca capacidad que tenemos para escuchar, la nula disposición para hacerlo.Nos apena cambiar de opinión, nos asusta estar equivocados.Opinamos a la ligera, con la intención de hacer que los demás piensen como nosotros. Queremos convencer mediante pasiones.

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