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Un problema de nuestro tiempo

Erick ZúñigaOpinión-color

Uno de los debates en México es el del agua, su futuro y los usos aceptables para ese recurso. Es interesante que dicho debate ocurra al mismo tiempo que California vive la más severa sequía de su historia reciente. Sólo para darnos una idea de qué tan grave es la situación allá, los niveles de pozos de agua en algunas zonas de California, han decaído más de 50 metros en los últimos cinco años y, dadas las características de la compra de los derechos y de las concesiones, no hay suficiente transparencia sobre el ritmo al que se extrae el agua.

Es más interesante enterarnos que en California, a pesar de la sequía, la empresa de origen suizo Nestlé, drena las reservas de agua de cuencas como la del Valle de Morongo, que se encuentra aproximadamente a 130 kilómetros al este de Los Ángeles. La historia de por qué esa empresa puede explotar esa cuenca para venderla embotellada es muy compleja.

El Valle de Morongo forma parte de lo que la legislación de EU reconoce como una nación soberana: La Banda Morongo de los Indios Misión, una etnia de nativos americanos que sobrevivieron a las ocupaciones española, mexicana y estadunidense de California y que posee una personalidad jurídica similar a la de un gobierno local, lo que le permitió adquirir una concesión por la que pagaron tres millones de dólares a finales del siglo pasado, cuando California se sumó a la moda de vender a personas morales los derechos de acceso al agua.

Una vez dueños de la concesión, en 2001, los Morongo acordaron con Nestlé explotar por 25 años la concesión. Para ello, el agua embotellada se vende en EU bajo las marcas Arrowhead y Pure Life. Parte del problema de estas concesiones, es que no consideraron suficientes medidas de protección para épocas de extrema sequía, como la que vive ahora California. Esto afecta más a los acuíferos, ubicados en el desierto, como es el caso de Morongo, pues no se recargan al ritmo de otras épocas.

Cuando se adoptó dicho modelo en EU, a finales de los noventa y principios de este siglo, se asumía que el mercado sería capaz de regular cualquier tipo de problemas y que ahí donde el mercado fallara, las instituciones de gobierno eran suficientemente robustas para evitar que se pusiera en peligro el abasto de ciudades como Los Ángeles o Palm Springs.

El mercado no cumplió; entre otras razones porque los cálculos hechos para amparar la venta de los derechos fueron demasiado optimistas. No asumieron qué tan grave podría ser la variación en las lluvias ni imaginaron una sequía tan prolongada. Ahora, Nestlé y los Morongo están sumidos en una disputa legal y mediática con el gobierno de California, pues muchos funcionarios de ese estado creen que se sobreexplota el acuífero, sin permitir su recarga, y que se pone en peligro a muchos para garantizar los ingresos de unos cuantos.

En México tampoco hemos sabido manejar el agua. No es que nuestro modelo sea mejor. El problema es que nuestras instituciones son mucho más débiles, pocos confían en las autoridades y hay demasiados focos de resistencia a proyectos de los gobiernos federal o de los estados y, en lugar de dialogar con los opositores, se usa con mucha facilidad al ejército.

Es posible que convenga reformar el régimen de acceso al agua, pero deberíamos tener suficiente cuidado de no enamorarnos de modelos, como el de concesión a privados, que ni siquiera han funcionado en países con instituciones más sólidas y menores problemas de desconfianza que en nuestro país.

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