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Un detalle

 

Opinión-colorErick Zuñiga

Todos tenemos un amigo o una amiga a quien queremos más de lo que le comprendemos.Usted probablemente cuente entre su gente querida a una chica que soporta todo tipo de abusos —psicológicos y hasta  físicos— del patán de su marido o novio y con seguridad se pregunta (le pregunta) “¿por qué?”.

O le apuesto que si hoy no tiene, tuvo alguna vez un camarada que se volvió sujeto de conmiseración por su rotunda negación de lo evidente: que la novia, esposa o domadora no estaba a la altura de la devoción del desdichado; una pareja que engaña rampante e impunemente, explota, utiliza, manipula y a cambio proporciona poquísimos momentos de alegría.

Aun así, estos infelices piensan que se sacaron la lotería del amor y no dudarán en hacérsela de jamón serrano a quien se atreva a sugerirles que la virtud de su bienquerida es más bien una ilusión provocada por la oxitocina. Usted se asombrará de que no se imponga la contundencia de la evidencia (perdón por la consonancia) y se preguntará también “¿por qué?”.

Mucho lamento decirle a toda la afición futbolera que hoy se enfunda la multi promocionada verde (misma que estará guardando antes de que concluya la primera ronda mundialista) que los escépticos del balompié nos sentimos un poco así (como los amigos solidarios en los casos antes descritos) con respecto a los hinchas del Tri.

Por favor, ni se enciendan, ni se ofendan, porque reaccionar como romántico engañado sólo apoyaría mi postura. Claro, no es bonito y mucho menos sencillo decirle a nadie “¿qué no ves que te están viendo la cara?”, sin poner en riesgo los afectos.

Supongo que, en futbol como en las relaciones nos preocupamos cuando la relación es inequitativa, es decir, cuando una de las partes se lo toma con mayor seriedad mientras que el otro a todas luces sólo se está divirtiendo y muy poco le importa hacer paté con el pobre corazón de su contraparte.

Y siendo obvio hasta para el más obtuso que la Selección Nacional, cual amante codiciosa, no se toma en serio más que la rentabilidad, nos preocupamos por quienes se la toman muy a pecho. Las reacciones pueden variar, del petulante desdén (“Ahí están otra vez… ¡pobres ilusos!”), hasta la colérica admonición: (“¿Qué no te das cuenta que todo es una farsa? ¡Para que tuvieran al menos una oportunidad, el Piojo debería concentrase en su trabajo, en vez de hacer su pinche reality show para Televisa y los jugadores ser la mitad de buenos en la cancha de lo que son en los comerciales!”).

En todo caso creo que los aficionados deberían disculparnos a los ateos del fut por ser tan arrogantes, paternalistas y a veces intransigentes Sabrán entender que estamos francamente agobiados por esta especie de Navidad de las canchas cuyo regocijo sencillamente no termina de contagiarnos, más bien, escapa a nuestra comprensión, de la misma manera en que nos negamos a celebrar un amor en el que hay tanta desigualdad entre las partes que es por definición abusivo.

Usted también habrá sentido ganas de ahorcar a su amiga/amigo la enésima vez que le buscó llorando para contarle sus cuitas. Así las cosas, un poco de amor comprensión y ternura, de allá pa’ acá y de regreso: Como que los entusiastas ya están grandecitos para saber en lo que se meten y los descreídos no son (no somos) los tutores intelectuales de nadie.

Literalmente, desde que soy niño, las escuelas suspenden actividades para que alumnos y maestros se solacen con las mundialistas venturas y desventuras de la Selección. Por tanto, anunciar que en los planteles educativos coahuilenses “podrán ver los partidos de México” es irrelevante,los maestros no esperan la anuencia del estado para robarle dos horas a la clase.

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