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Un buen pretexto

Opinión-colorErick Zúñiga

El primer aniversario de la masacre de Aguas Blancas, en las inmediaciones de Coyuca, fue detonante de la aparición del Ejército Popular Revolucionario, conformado por grupos armados que habían venido operando en los estados de Guerrero y Oaxaca desde años atrás.

De hecho, los antecedentes de guerrilla en la zona se remontan a casi medio siglo. Lo que llama la atención, y nos debe avergonzar a todos, es que las condiciones que dieron lugar a los primeros levantamientos armados, como la pobreza, la desigualdad social y el narco, no sólo no se han solucionado, sino que  incluso se han deteriorado todavía más. En Guerrero siguen ahí los grandes y pequeños plantíos de amapola y mariguana, la pobreza se enquistó y la desigualdad es especialidad de la casa.

Este antecedente ha prendido los focos de alerta en diversas oficinas de inteligencia del gobierno federal. Se preguntan si la guerrilla se movilizará de nuevo este fin de semana como motivo del primer aniversario de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa.

Es un pretexto idóneo. Algunos analistas sostienen con perspicacia  que la movilización de la guerrilla ya se dio. Se asegura que guerrilleros, con los rostros cubiertos, han participado en los actos vandálicos registrados en los últimos meses en el estado de Guerrero y que se atribuyen a normalistas o integrantes de la Coordinadora magisterial.

Los guerrilleros —quién lo diría— han podido cumplir sus fantasías anti-sistémicas con un añadido: lo hacen impunemente sin que nadie los moleste. Ya pudieron prenderle fuego a la Casa de Gobierno, al Congreso, a las sedes de los partidos políticos y hace poco a  la Fiscalía General, sin que nadie opusiera resistencia.

Si lo hubieran hecho con su imagen de efectivos del EPR, los hubieran tratado de detener, incluso con personal militar, pero como lo hicieron disfrazados de normalistas, los dejaron hacer, los dejaron pasar y publicaron grandes fotos de ellos en primera plana. Una insurrección sin arriesgar el pellejo.

Es probable, de todos modos, que hagan, como acción de propaganda,  una aparición pública, vestidos de guerrilleros y armados, posando para los chicos de la cámara, para conmemorar el primer año de la noche triste de Iguala.  La idea es transmitir la señal de que el levantamiento armado popular es un hecho, que avanza. Esto les dará visibilidad y, sobre todo, les atraerá nuevos cuadros.

Jóvenes hartos de su vida y de las limitaciones, resueltos a intentar un cambio como sea. El EPR está metido en el asunto de Ayotzinapa desde el principio. Descalificó las investigaciones de la PGR y su arribo a una “verdad histórica” que hoy está en serios aprietos. Consideró el episodio como un operativo de terrorismo de Estado.

En Guerrero, ante la ausencia total de un estado de derecho, se han desvanecido los límites, todo es confusión. Activistas políticos, guerrilleros, policías y narcos intercambian roles para crear un escenario dantesco en el que pueden ocurrir cosas, como que un grupo en el que se confundían policías y sicarios haya podido reducir a cenizas a más de cuarenta personas y salirse, hasta ahora, con la suya.

De  hecho se juegan quinielas sobre la eventual participación de la otra guerrilla, la buena, la que le gusta a los medios internacionales: El Ejército Zapatista de Liberación Nacional, que a través del Subcomandante Galeano u otro tipo parecido haga un pronunciamiento el próximo sábado en favor de los normalistas de la Escuela Normal Raúl Isidro Bustos.

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