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Trascendental escala

Opinión-colorAntes de llegar a México, el papa Francisco realizó una breve escala en el Aeropuerto de La Habana, Cuba. El acto, una adición casi de última hora al viaje a México, es relevante porque es el primer encuentro oficial del papa de la Iglesia católica y el patriarca ortodoxo de Moscú en la historia. Algunos señalan que es el primero desde el Gran Cisma de 1054, cuando las iglesias católica y ortodoxa se excomulgaron mutuamente, sin embargo —en sentido estricto— no es así, pues el patriarcado de Moscú se creó en 1589, luego de existir durante casi cinco siglos en Kiev.

El papa Francisco y el patriarca Cirilo son cabezas de dos de las denominaciones cristianas más importantes por su número. Lamentablemente, la distancia que existe entre ambas se ha profundizado al paso del tiempo y sería ingenuo suponer que el comunicado conjunto que ambos firmaron en La Habana implica una transformación radical de lo que han sido casi cinco siglos de tensión y desconfianza mutua, pero implica un gesto recíproco de que es posible dialogar y quizás, si muchas cosas se alinean, superar medio milenio de distanciamiento.

El encuentro de los dos líderes es relevante, entre otras cosas, por la necesidad que tienen las iglesias cristianas de Europa de encontrar alguna solución a los conflictos teológicos y litúrgicos que las han mantenido separadas durante poco menos de un milenio pero, sobre todo, por la necesidad de encontrar alguna solución a los muchos conflictos bélicos que han generado la actual crisis de refugiados en Europa y que, lejos de amainar, podría empeorar si Rusia decide intensificar el conflicto con Ucrania.

Es triste, pero es necesario reconocer que el conflicto entre Ucracia y Rusia tiene también un trasfondo religioso que involucra directamente a las iglesias que presiden Francisco y Cirilo. El encuentro en La Habana podría ser el primero de muchos pasos para que ambas iglesias logren alguna solución a sus propias diferencias que les permitiera actuar para distender los conflictos que existen en el ámbito civil y militar entre Rusia y Ucrania.

Como sea, los gestos de parte de Francisco son un contundente símbolo de lo que debería ser el proceder de todos los dirigentes de las distintas iglesias cristianas. Luego de su visita a México, tiene programado viajar en octubre de este año a la ciudad sueca de Lund, donde participará en uno de los actos que marcan el 500 aniversario de la reforma de Martín Lutero. Ese viaje ocurrirá luego de que, en mayo de 2015, la jefa de la Iglesia luterana sueca, la obispa Antje Jackelén, visitó a Francisco en Roma.

En esa ocasión, además de los asuntos más comunes en los encuentros ecuménicos, Francisco agradeció a la obispa Jackelén la disposición que la Iglesia luterana tuvo para recibir, en los setenta y ochenta, a refugiados de distintos países de América del Sur, que huían de las dictaduras militares de aquella época, testimonio de una actitud que ahora más que nunca es necesaria ante crisis como la que se vive en Europa como resultado de la salida masiva de personas de Siria, Líbano y otros países afectados por conflictos militares de distinta envergadura.

La paz requiere de un esfuerzo constante no sólo para evitar el conflicto. También necesita que las personas vean más allá de las diferencias y construyan condiciones que permitan sostenerla. Eso es relevante no sólo entre Rusia y Ucrania, lo es también en estados mexicanos como Michoacán, Guerrero, Veracruz o Tamaulipas, que viven todos los días bajo la amenaza de la muerte o la violencia.

Águila o Sol

De: Prof. Monjardín

Nada diferente

Alguna vez escribió Simón Bolívar que la única cosa que se puede hacer en América (América Latina específicamente) es emigrar y que los americanos (latinoamericanos específicamente) serían devorados por todos los crímenes y, extinguidos por la ferocidad, los europeos no se dignarían conquistarnos. Finalmente, añadió, si fuera posible que una parte del mundo volviera al caos primitivo, este sería el último período de la América (Latina, claro). México ha sabido cumplir con estos vaticinios bolivarianos. La ruta del Papa es un itinerario a ese mundo primitivo en el que lentamente se ha extinguido la ley y el orden; la norma es el salvajismo.

No dudo que la visita del Papa a México responda también a la rotación calendárica para visitar feligresías claves del catolicismo. Pero la otra lectura, la visita al caos primitivo, puede resultar poco detectable por lo mucho que nos hemos acostumbrado, en exceso y contra nuestro propio bienestar, al salvajismo que se apoderó de este país.

En México se busca a unos muchachos (los de Iguala o los de Tierra Blanca) y, antes de saber qué fue de ellos, se van desenterrando huesos de otras víctimas anónimas, se localizan fosas ignotas y se construyen nuevas relatorías de horror criminal.

La ciudadanía mexicana, cumplidora y exponenciadora de todos los defectos que descubrió en los latinoamericanos aquel Bolívar, desencantado después de 20 años de revoluciones, ha dado pruebas fehacientes de que sabe normalizar el horror.

En ese sentido, podemos dar la bienvenida a Francisco, la bienvenida a un rincón del planeta en el que muchos de sus fieles han participado en el retroceso a un caos primitivo, salvaje; donde pequeños truhanes como El Cepillo (un vaguito que construyó la verdad histórica que ahora la PGR no consigue desenredar) o Los Ardillos pueden tomar decisiones, catastróficas, que darán la vuelta al mundo cuando se transformen en acciones de violencia y sangre.

El Papa irá a Michoacán, el estado donde se alcanzó un nivel inaudito de sadismo criminal y en el que Los Caballeros Templarios y La Familia desarrollaron pautas de cohesión social que tendieron a sustituir aquéllos que debieron construir las instituciones formales, incluyendo las iglesias. Michoacán es la cuna de la violencia desbordada. Los grupos delictivos mencionados, cada vez más desarticulados, no tardarán en ser sustituidos por otros que controlarán un inagotable tráfico de metanfetaminas y las materias primas para elaborarlas. A mitad de eso está el rebaño michoacano de Francisco.

La visita a Ciudad Juárez, aunque se intente presentar una nueva cara de la ciudad, estará impregnada de lo que la propia Iglesia Católica ha debido hacer como parte de su misión en tierras sofocadas por el narco. En los estados del norte, los sacerdotes y las monjas pasaron paulatinamente de consolar a las familias con desaparecidos, asesinados o presos, a crear un espacio propicio para preguntarse si es posible detener esta involución.

Los grupos de familiares de víctimas del norte del país pasan desapercibidos en la capital. Provincianos a nuestra manera, los defeños queremos horrorizarnos de las ejecuciones, pero sigue resultándonos algo lo suficientemente lejano para que lo que ocurre después no nos interese.

El otro punto en el itinerario es Chiapas, donde los indígenas ordenados como diáconos han ganado la batalla y escoltarán a su líder religioso durante su visita. La vieja y deslucida pobreza estará presente nuevamente e incluso resaltada por quienes están convencidos de que la Iglesia Católica debe jugar un papel tan activo en la salvación del alma para la existencia post mortem, como en el mejoramiento de la vida en la faz de la Tierra. Chiapas, de los altos a la Frontera, es lo suficientemente pobre para que la existencia de tráfico de armas, droga y personas no genere allí liderazgos criminales.

A manera de reflexión

La visita el Papa Francisco a la Ciudad de México ha sido un acontecimiento para los creyentes. Fue esperado con emoción y recibido con entusiasmo y no cabe duda de que los sentimientos que despierta no son sólo por el cargo que ostenta, sino por el liderazgo que emana de su persona y que cumple con la definición que de la palabra líder hacen varios autores, especialmente C. H. Page: “Líder es el que tiene la capacidad de persuadir o de dirigir a las personas, capacidad que se deriva de sus cualidades personales…”. Otra definición muy popular es la que dice: “Líder es el que sabe hacia dónde quiere ir la gente y se pone delante para conducirla”.

Las dos definiciones corresponden a la personalidad del Papa. Persuade porque sus cualidades personales lo hacen creíble; eligió una vocación de servicio y la ha cumplido, entregándose a hacer el bien a quienes lo necesitan y no ha demostrado interés personal alguno en lo que hace.

También se apega a la segunda definición, sabe que los creyentes quieren ser buenos para ir al cielo y Él los encabeza diciéndoles cuál es el camino. México necesita hoy, en lo público y lo privado, muchos líderes como Francisco.

Si analizamos lo que ha sucedido con su visita en la Ciudad de México, podemos sacar algunas conclusiones: Llega en un momento difícil para el país, sobre todo en lo económico y en lo político, por la inseguridad, (los desaparecidos) y el alto nivel de corrupción  que aumenta el descrédito presidencial. La visita del Papa mejora la imagen del Presidente, él sabía que la mayoría de los mexicanos deseaban la visita de Francisco y el Presidente se pone delante para darle la bienvenida. Es la primera vez que un Papa es recibido oficialmente por el Primer Mandatario y que va al Palacio Nacional. Muy bien, aprovechado el suceso.

La segunda reflexión también cae en lo político. Los lugares que el Papa visitaría y las calles que recorrería, fueron sometidos a un proceso de limpieza que hacía tiempo no era visto. Las paredes con “grafitis” lucieron pintadas y embellecidas. Camellones de la Avenida Insurgentes que asemejaban basureros, se transformaron creativamente con la tierra pintada de colores. Las cercas metálicas que se colocaron, lucían recién pintadas. Estratégicamente aparecieron servicios médicos y sanitarios. Las filas de impecables militares impresionaban por su disciplina. Parecía que era otra ciudad, y todavía hubo algo más impresionante, los vendedores ambulantes y los puestos semifijos de esas zonas desaparecieron.

El ambiente era de fiesta, los ciudadanos no se molestaban por el cierre de algunas calles y de varios cruceros. Con mucha oportunidad se estuvieron dando avisos de las horas en que estarían cerrados y todos tomaron sus precauciones.

El valor agregado

¿Por qué una ciudad en la que todos los días padecemos el caos vial, la mugre, la basura, el desorden de vendedores, el abandono de las fachadas y los jardines, se pudo transformar en una zona limpia, bella y ordenada? Yo creo que fueron dos las razones. Había un motivo válido y aprobado por la mayoría: recibir bien al Papa y la segunda razón es que se tienen los recursos para hacerlo.

Gracias a la visita del Papa podemos reflexionar en que nos gustaría tener una ciudad limpia y hermosa, además porque es la capital de toda la República y la que recibe mayor turismo en el país.

El gobierno por su parte y cada una de las Delegaciones, próximamente Municipios, tendrán que darle prioridad al aspecto de la belleza urbana, que además, cuando falta, aumenta la violencia. La visita del Papa nos daría este valor agregado.

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