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¿Surfeó Hugo Vau la ola más grande jamás vista hasta la fecha?

Hugo Vau, junto a su moto acuática, en 2016. GETTY IMAGES

El surfista, de 36 años, cabalgó la ola gigante de 35 metros durante 40 segundos. “Sentía que me perseguía una avalancha”, afirma el portugués tras lograr la proeza de Nazaré

 “Sentí que me perseguía una avalancha”. El surfista portugués Hugo Vau cabalgó sobre la big mamma, una ola gigante de 35 metros de altura, y ha vivido para contarlo.

EL PAÍS/De noviembre a marzo, en el pueblecito de Nazaré, a 120 kilómetros al norte de Lisboa, se concentran los surfistas buscando olas; pero no son unos surfistas cualquiera, de esos que bailan y cabriolean sobre sus lomos. Los surfistas de Nazaré son distintos, físicamente más fuertes, también de mayor edad. Su objetivo es aguantar de pie sobre una ola gigante, y el lugar del mundo con las olas más descomunales se llama Nazaré, más concretamente, la Playa Norte. Gracias a una particularidad natural, un cañón de roca subterráneo, las corrientes potencian la fuerza y el tamaño de sus olas; mientras en la vecina Playa Sur la calma es total, la Playa Norte es el infierno.

Hugo Vau (Azores, 36 años), claro, estaba en la Playa Norte. Lleva en esa playa cada invierno de los últimos diez años, esperando pacientemente una big mamma con él en el agua y, además eligiendo bien. Muchas variables en la naturaleza. “Era un día terrible, con mucho viento”, nos cuenta el surfista. Medio país estaba con alertas marítimas, los pesqueros amarrados, dos días antes se había sentido un terremoto. Solo para surfistas como Vau esa naturaleza desbocada se puede calificar de buena. “Estuvimos más de tres horas en el agua. Yo había intentado varias veces coger ola, pero era imposible por la mala visibilidad y los fuertes vientos”.

Caía la tarde y Vau y su compañero Alex estaban a punto de desistir, exhaustos y sin frutos; pero el engranaje del equipo funcionó. Mientras que los motoristas esperaban en el agua con los surfistas, en tierra el fotógrafo y videógrafo Jorge advirtió que llegaba una tanda de olas descomunales. Avisó al motorista por radio y este colocó en posición a los dos surfistas. “Alex escogió la primera ola y yo esperé a la segunda, que luego resultó ser la buena porque se unió a otra y reventó”. Las imágenes ponen los pelos de punta.

“Desde que me dejó la moto en la cresta hasta que cabalgué con ella fueron 40 segundos interminables, toda una vida, increíble. Era como descender una montaña con el rugido de una avalancha que te viene detrás. Es preciso mucha concentración y mucha determinación para tirarte ola abajo. Cuando llegué a la orilla, la gente estaba gritando y saltando. Nos dimos cuenta que había pasado algo increíble”.

Se ha calculado que la ola montada por Vau tenía una altura de 35 metros, aunque se aguarda la medición oficial, siempre difícil con un cuerpo cambiante de forma y en movimiento. El posible récord no cambia la vida de Vau, que sigue saliendo cada día al encuentro de la naturaleza más salvaje sin importar el riesgo.

“Nos preparamos para estas situaciones de la vida; sin el equipo que hay detrás sería imposible. El surfista de las olas grandes no puede hacer nada solo”. Junto a Vau trabajan dos motoristas de socorro, fundamentales para sacar del agua al deportista antes de que caigan sobre él toneladas de agua. Más de uno y de una ha sufrido graves heridas, como el británico Andrew Cotton o la brasileña Maya Gabeira, siempre aquí en Nazaré, donde las olas alcanzan proporciones monstruosas.

“Esto se hace por amor a la naturaleza; a mí el mar me calma. No creo que ninguno de los surfistas que toman estos riesgos lo hagan por un minuto de fama. Cuando estoy en el agua, estoy en otro mundo en otra realidad”. La gesta de Vau tampoco fue una casualidad, por dos veces ha sido finalista en los premios de Ride of The Year para la mayor ola mundial, uno de los pocos europeos en un mundo dominado por americanos. Un americano precisamente, Garret McNamara, puso a Nazaré en el mapa del mundo, cuando aquí mismo consiguió cabalgar en la montaña de agua más alta hasta entonces, 30 metros. McNamara (50 años), vecino del pueblo e imagen del turismo de Portugal, le ha dado el testigo a Vau.

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