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Sin pies ni cabeza

 

Opinión-colorErick Zúñiga

El Fondo de Cultura Económica publicó en 1975 un libro significativo: Los partidos políticos de México, junto al PRI y al PAN, estaban presentes el Partido Comunista Mexicano y el Partido Popular Socialista. Por el PCM escribió Arnoldo Martínez Verdugo. En su participación hizo un recorrido por la larga y difícil historia del comunismo mexicano. Entre sus páginas se encontraba un capítulo en el que vale la pena detenerse: “Por una educación democrática y socialista. Acceso de las masas a la cultura y al arte”. Es probable que el texto hoy parezca simple. No obstante, refleja el esfuerzo de la izquierda comunista por darle al país un amplio proyecto cultural. La revolución socialista resolvería la crisis de la educación y los problemas del arte y la cultura. Se hablaba de un Estado revolucionario que nunca llegó y por el que cientos y cientos, miles, sufrieron persecuciones, cárceles y aun la muerte.

La obra precisaba lo siguiente: “El acceso de los trabajadores y el pueblo a la cultura y el arte es una necesidad del desarrollo social. El Estado revolucionario tiene el deber de poner los medios principales de difusión al servicio de los trabajadores para ese fin, impidiendo que sigan siendo, como lo son hoy, medios de manipulación ideológica y degeneración cultural y social en manos de la oligarquía y del capital financiero internacional. Una medida indispensable en este sentido es la nacionalización de la radio y la televisión.

“La nacionalización de la radio y la TV y las tres formaciones en la educación, abrirán un amplio campo a las actividades culturales, a las manifestaciones artísticas en general. Los intelectuales y artistas, hoy sometidos al mercado de elites, encontrarán múltiples canales para relacionarse con las masas. Serán éstas el mejor sostén de la creación, la ciencia, las artes y las letras. De esta relación nacerá un sistema de cultura popular ?centros destinados a la formación y difusión cultural y artística? que será impulsado y desarrollado con todos los medios de que disponga el Estado.”

Pensábamos los militantes del PCM que la idea para las masas trabajadoras era un arte y una cultura de alto rango, sin caer en las formas elementales contrarias, como es, por ejemplo, que el arte baje su nivel para que sea comprensible a la mayoría. Los escritos de comunistas como el de Adolfo Sánchez Vázquez y de personajes de la talla de Trotski abogaron por dejar de lado la postura de poner las artes al servicio del Estado.

Imposible olvidar el célebre manifiesto “Por un arte revolucionario independiente”, fechado en México, DF, el 25 de julio de 1938, firmado por André Breton y Diego Rivera y probablemente redactado por Trotski con apoyo del creador del surrealismo. Su repercusión fue significativa, sobre todo por sus aportaciones al análisis serio de una estética marxista derivada no de las aficiones personales de los dirigentes sino del conjunto de la obra de Marx, de su método y sus grandes intenciones.

Si el pensamiento socialista en México tiene una larga y hermosa historia (al respecto vale la pena releer El socialismo en México, de Gastón García Cantú), es la Revolución Mexicana la que permite un mayor avance. Definida por Jesús Silva Herzog y por los historiadores soviéticos N. M. Lavrov, M. S. Alperovich y B. T. Rudenko como un gran movimiento democrático burgués de acentuadas características nacionalistas y antiimperialistas, con celeridad encontramos uno de los mejores caminos artísticos y culturales. La personalidad recia de Diego Rivera, Frida Kahlo y David Alfaro Siqueiros es prueba de ello.

Pero no vayamos más lejos, si las “izquierdas” actualmente no tienen ningún proyecto económico social propio, menos una política cultural progresista. Lo triste es señalar que la “izquierda” de hoy votó por una propuesta del PRI para crear una secretaría de cultura con minúsculas

Águila o Sol

De: Prof. Monjardín

Derechos de los niños

Hay temas que en algunas regiones territoriales y entre sectores poblacionales no forman parte de la visibilidad cotidiana. Se da por sentado que cuestiones elementales están resueltas para todos en el país, y por ello no se plantean como cuestiones de fondo a resolver ni por parte de la sociedad, ni mucho menos por parte de las autoridades responsables, y en este caso particular, de las presidencias municipales.

Uno de esos temas es el registro oficial universal al nacer. Se trata de uno de los derechos garantizados por la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, así como por la Convención de los Derechos de la Niñez, la cual forma parte de nuestro corpus jurídico de rango constitucional desde junio de 2011.

El registro de todas las niñas y los niños que nacen o viven en nuestro país debería ser una de las prioridades ineludibles, tanto para quienes tienen la responsabilidad de su cuidado en el seno familiar, como de las autoridades que tienen a su cargo el Registro Civil.

En ese sentido es importante destacar que, de acuerdo con la Encuesta Intercensal, dada a conocer el martes pasado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en el país el 0.85% de la población nacional no cuenta con registro oficial. El dato pareciera menor; sin embargo, considerando que la magnitud demográfica del país asciende a 119.53 millones de personas, la cuestión cobra dimensiones enormes, pues la cifra absoluta sería de 1,016,011 personas que carecen de acta de nacimiento.

Para ilustrar lo dramático de la cuestión vale decir que se trata de seres humanos que no tienen “existencia oficial”. Seguramente también son los más pobres; quienes viven en mayores condiciones de marginación y vulnerabilidad; y quienes oficialmente también estarían impedidos para recibir cualquier servicio público.

Al revisar los datos por grupos etarios, lo que se encuentra es que son, otra vez, las niñas y los niños quienes viven en mayor desprotección; en efecto, entre las niñas y los niños recién nacidos y hasta los cinco años, el 3.59% no cuentan con acta de nacimiento; una vez más, considerando que en este segmento de edad hay 12,713,051 niñas y niños, el indicador implica una suma de 456,398 niñas y niños menores de cinco años que no tienen acta de nacimiento.

Entre la población de 6 a 14 años —grupo que debe estar matriculado universalmente en la educación básica—, el porcentaje es de 0.53% sin acta de nacimiento; traducido a números absolutos se trata de 106,204 niñas y niños que carecen del mencionado registro oficial.

En el siguiente grupo, que va de los 15 a los 64 años de edad, hay un 0.49% que nunca ha sido registrado, es decir, 389,914 personas sin acta de nacimiento; mientras que entre la población de las personas de 65 años y más, el dato es de 0.91%; es decir, una suma de 77,773 personas sin registro al nacer.

Carecer de acta de nacimiento en la primera infancia puede comprometer la vida de las niñas y los niños y, sin duda alguna, hipoteca su futuro en la vida adolescente y adulta, al privar a las personas que están en tal situación de uno de los derechos fundamentalísimos de cualquier ser humano: el derecho a la identidad y a tener un nombre; y también, en el caso de las niñas y los niños, a conocer quiénes son sus padres o familiares, tal y como está plasmado en la Convención de los Derechos de la Niñez.

Hay medidas muy simples que pueden revertir esta situación: primero, garantizar que en todos los hospitales públicos y privados sean registradas todas las niñas y los niños al momento de nacer, por lo que podría haber comisionadas y comisionados de guardia del Registro Civil que otorguen este servicio en las horas posteriores al parto. Y segundo, garantizar la gratuidad del servicio independientemente de la condición socioeconómica de las personas.

Buena lección

El pasado seis de diciembre, se vivió en Venezuela una jornada electoral que dio como resultado la modificación del Parlamento de dicho país sudamericano. La importancia del rescate del tema es para mostrar internacionalmente cómo se están comportando países hermanos de Sudamérica que tienen problemas semejantes al nuestro, y cómo mediante la emisión del voto, manifiestan democráticamente sus intenciones.

Considero que el caso de Venezuela puede dejarle al caso mexicano al menos tres aprendizajes importantes a los que deberíamos estar atentos en los siguientes comicios electorales del 2016, y aún más en el 2018:

Primeramente, la jornada electoral como tal, la cual se desarrolló en un entorno de paz y de respeto hacia la decisión de cada ciudadano de participar, justamente con un alto porcentaje de asistencia del pueblo venezolano a las urnas. El hecho de poder emitir el voto en paz y seguridad así como acudir a votar, es el pilar de la democracia en cualquier Estado que se asuma como tal.

En segundo lugar, en el caso venezolano y argentino, fueron manifiestos los deseos de cambio de la situación económica como uno de los pilares básicos para la modificación en la correlación de fuerzas en dichos países. En el caso mexicano este motivo no será la excepción, aun más con la creciente desigualdad que padecemos entre los diferentes estratos sociales.

Finalmente, el caso venezolano nos indica el agotamiento del paradigma populista más claro en América Latina. Las izquierdas caudillistas de otros tiempos, que en lugar de fortalecer instituciones las merman para entronar a un solo individuo, generan el riesgo de la pérdida en la credibilidad de la democracia, y por tanto las funciones que muchas instituciones deben cumplir.

El camino que debemos emprender como mexicanos es el fortalecimiento de las instituciones del Estado, las cuales a través de la planeación programática, la transparencia en su actuar y la participación ciudadana, aporten al desarrollo de México. Eso incluye un cambio de mentalidad de nosotros, los mexicanos, acerca de los procesos cortoplacistas, y ver más allá de fechas electorales o acciones inmediatas.

El uso de discursos políticos que promuevan resultados inmediatos casi mágicos, es un error que hemos comprobado en México y el resto de América Latina una y otra vez. No es posible continuar esperando que con la llegada de una sola persona se resuelvan problemas en 5 minutos o se acaben lastres que carga el país desde hace años. Nadie tiene una varita mágica para resolver las situaciones de este país en un abrir y cerrar de ojos, y debemos entender que la solución de los problemas se dan mediante procesos y mediante la participación activa de todos los grupos sociales.

Que Venezuela le sirva a México para entender que el tiempo de los líderes carismáticos quedó en otro siglo. Éste es el siglo de la participación social, la cual tiene la obligación de determinar las rutas que deben seguir sus gobiernos. Es el siglo del fortalecimiento democrático. El siglo de la emancipación de la sociedad informada, crítica y propositiva.

Millones en juego

El PT volvió de entre los muertos. Sus líderes se darán la gran vida. De zombis a ricachones gracias a la copiosa votación que obtuvo este partido en la elección extraordinaria del primer distrito de Aguascalientes. La suspicacia es inevitable.

En México, el sistema de partidos reparte carretadas de recursos públicos literalmente a diestra y siniestra.

Conservar el registro equivale a dinero. No es ilegal, que conste, así lo dice la norma. Pero si conduce a una necesaria reflexión sobre las reglas del jugo. El PT recuperó en Aguascalientes su sitio en la danza de los millones.

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