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Salida emergente, pero falsa

OpiniónLas muertes de personas y la desaparición de objetos queridos suelen afectarnos gravemente. Me han contado que cuando parte de la biblioteca de Octavio Paz se incendió, las llamas destruyeron parte de su alma. De lejos, pareciera que ese fuego contribuyó a su derrumbe en la total plenitud del éxito y el poder. Pero sin duda es el fallecimiento de los seres queridos, familiares o no, lo que nos oprime al mostrarnos de cerca nuestra fragilidad. No creo ser un hombre duro, poco sensible, la muerte no me tocó el hombro en riguroso orden cronológico.

La historia poco se apiada de aquellos que mueren solos y miserables arrojándose a las ruedas del Metro. Concluyo que la muerte voluntaria, asistida o no, es un derecho humano. Me interesan aquellas figuras de carácter fuerte que se matan. Las razones podrían ser diversas: indigencia, fracasos, desamor, soledad, crisis. La depresión, en su última fase, conduce al suicidio. Para combatirlo han inventado instituciones y frases baratas. El problema es que la gente piensa más en familiares y amigos que en la persona que opta por morir.

La lista de artistas del más alto nivel que optaron por el suicidio es abrumadora. El suicidio es producto de una intensa depresión y es raro que un loco llegue a suicidarse: lo suelen hacer personas cuerdas, pero con graves problemas materiales o espirituales. Que no son “cobardes” ni “huyen por la puerta falsa”, como indican quienes gustan de las frases hechas. Simplemente pierden el gusto por la vida, como si fueran personajes de Kafka.

La discusión sobre suicidio y eutanasia es larga, tediosa e imposible de resolver. Pareciera tema de ciencia ficción, pero es momento, entre tantos logros inútiles y supuestos avances sociales, derrotar la idea, para nada científica, de que sólo Dios da y quita la vida. Son las religiones el gran obstáculo para obtener una muerte digna, de allí han derivado leyes atrasadas y médicos atolondrados.

El poeta ruso Esenin debió reflexionar mucho sobre la solución última aun antes de percatarse de que los nuevos tiempos no eran los suyos. Por desgracia el genio de un creador no siempre es insensible a los vientos sociales, políticos o amorosos. Al contrario. Sabemos que no todos son felices desdentados y sin cabello, soportando dolores y el ingrato sabor de los medicamentos, arrumbados en una habitación, lejos de los ruidos e inquietudes mundanas.

Creo que Mishima, en tal sentido, es buen ejemplo para entender las razones por las que alguien se mata. Él lo hizo por honor, porque los valores en los que depositaba su fe habían dejado de existir luego de la Segunda Guerra Mundial. Mishima era realmente un samurái, el último que hemos visto y como tal murió no en combate sino por el afilado cuchillo que él mismo empuñó. Dejó una extensa obra artística fundamentalmente en prosa narrativa y diversos enigmas sobre su homosexualidad y patriotismo. Pudo no haberse dado muerte, pero era una hermosa forma de protestar públicamente, asistido por la lealtad de su “ejército”. El auténtico Mishima está no en su postrera lucha política sino en la intensidad de sus novelas y relatos. Su mente creativa y compleja convirtió su vida en una larga agonía cuyo lógico final fue el suicidio.

¿Qué nos da la religión, la creencia en un ser supremo y todopoderoso? Realmente sólo la posibilidad de imaginar la inmortalidad, algo que con el paso de los siglos será fastidioso y se pasará a la situación inversa, a buscar la muerte, a crear un Dios que conceda de manera misericordiosa la muerte definitiva. Ser enterrado con todo y alma. No hay mayor aberración que la inmortalidad y así lo ha probado la literatura. Se nos promete, en esencia, un eterno aburrimiento, compartir la soledad de Dios y vivir siempre bajo reglas establecidas, precisas y rígidas, que sólo pueden indicar tedio.

Abajo, en la tierra, el hombre ha buscado sin cesar la democracia, ¿no resulta perturbador que su última voluntad sea vivir eternamente en un reino autoritario, bajo la égida de uno solo, en la monarquía de monarquías?

Águila o Sol

De: Prof. Monjardín

Todo está escrito

A estas alturas ya se ha escrito mucho sobre la visita del Papa Francisco a México. Sus mensajes han cautivado a muchos. El apoyo a su visita es generalizado, incluso la bienvenida y el aplauso se escucha en sectores tradicionalmente alejados y opuestos a la Iglesia Católica. Francisco, el Papa de la misericordia, que no juzga a los pecadores, pero deja en claro en qué radica el pecado.

Su visita está marcada por el amor del Papa por la Guadalupana. Francisco tiende puentes de perdón y amor para fortalecer su mensaje y rescatar la esencia del cristianismo. Consigue armonizar en uno solo, su mensaje religioso espiritual y el de una justicia social sin el odio y rencor que puede provocar la injusticia.

Firme frente a los opresores, pero amoroso porque todos somos hijos de Dios. Francisco vino a refrescarnos a todos: Líderes y sociedad en general. Su diagnóstico ha sido puntual y su reto para los mexicanos, esperanzador. Los mensajes del Papa han sido tan completos, sencillos y puntuales que ni explicación requieren. Sus mensajes están llenos de sabiduría. Los invito a leerlos íntegros. Por ahora reproduzco fragmentos de sus mensajes a la clase política y a los obispos de México.

 “La experiencia nos demuestra que, cada vez que buscamos el camino del privilegio o beneficio de unos pocos en detrimento del bien de todos, tarde o temprano, la vida en sociedad se vuelve un terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión de las culturas diferentes, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte, causando sufrimiento y frenando el desarrollo”.

 “…La construcción de —una política auténticamente humana— (Gaudium et spes, 73) y una sociedad en la que nadie se sienta víctima de la cultura del descarte”.

 “A los dirigentes de la vida social, cultural y política, les corresponde de modo especial trabajar para ofrecer a todos los ciudadanos la oportunidad de ser dignos actores de su propio destino, en su familia y en todos los círculos en los que se desarrolla la sociabilidad humana, ayudándoles a un acceso efectivo a los bienes materiales y espirituales indispensables: vivienda adecuada, trabajo digno, alimento, justicia real, seguridad efectiva, un ambiente sano y de paz”.

“Sean por lo tanto obispos de mirada limpia, de alma trasparente, de rostro luminoso. No le tengan miedo a la transparencia. La Iglesia no necesita de la oscuridad para trabajar. Vigilen para que sus miradas no se cubran de las penumbras de la niebla de la mundanidad; no se dejen corromper por el materialismo trivial ni por las ilusiones seductoras de los acuerdos debajo de la mesa; no pongan su confianza en los —carros y caballos— de los faraones actuales, porque nuestra fuerza es la —columna de fuego— que rompe dividiendo en dos las marejadas del mar, sin hacer grande rumor (cf.Ex 14,24-25)”.

 “No pierdan, entonces, tiempo y energías en las cosas secundarias, en las habladurías e intrigas, en los vanos proyectos de carrera, en los vacíos planes de hegemonía, en los infecundos clubes de intereses o de consorterías. No se dejen arrastrar por las murmuraciones y las maledicencias”.

 “Sólo comenzando por las familias; acercándonos y abrazando a la periferia humana y existencial de los territorios desolados de nuestras ciudades; involucrando las comunidades parroquiales, las escuelas, las instituciones comunitarias, las comunidades políticas, las estructuras de seguridad; sólo así se podrá liberar totalmente de las aguas en las cuales lamentablemente se ahogan tantas vidas, sea la vida de quien muere como víctima, sea la de quien delante de Dios tendrá siempre las manos manchadas de sangre, aunque tenga los bolsillos llenos de dinero sórdido y la conciencia anestesiada”.

Muy católicos

La visita a México del jerarca de la Iglesia católica, el Papa Francisco, ha puesto en situación de alerta al Estado laico mexicano; sobre todo por la actitud que han mostrado muchos dirigentes de la clase política nacional en los eventos religiosos.

Parece que muchos miembros de la vida nacional sufrieron de memoria selectiva y olvidaron los designios que marca nuestra Constitución Política y la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, por lo cual considero prudente hacer unas anotaciones.

El hecho de que México sea un Estado laico significa que se promueve la diversidad de creencias o no creencias, sin sobreponer una encima de las demás. “El Estado no podrá establecer ningún tipo de preferencia o privilegio en favor de religión alguna.

Tampoco a favor o en contra de ninguna iglesia ni agrupación religiosa.” Sin embargo, con la visita de Francisco, se minimizan a su máxima expresión las demás creencias marcando una clara tendencia cargada hacia una sola.

En segundo lugar, el hecho de que varios líderes políticos manifiesten sus creencias me parece plausible, ya que muestran una cara mucho más creíble, en lugar de no aceptar su dogma de fe. Sin embargo, en prácticamente todos los actos públicos que se han llevado a cabo, los actores políticos —en su mayoría— subyugan su carácter de representantes populares de un Estado laico a su devoción. “Las autoridades […] no podrán asistir con carácter oficial a ningún acto religioso de culto público, ni a actividad que tenga motivos o propósitos similares.

En los casos de prácticas diplomáticas, se limitarán al cumplimiento de la misión que tengan encomendada, en los términos de las disposiciones aplicables.”

Como tercer punto, los discursos del Papa no han abordado los temas más relevantes en la coyuntura mexicana ni de la coyuntura de la Iglesia Católica. Considero que parte de acuerdos políticos de proteger a las figuras políticas, así como de mantener el statu quo de la Iglesia católica mexicana. La demanda pública –justificada– de hablar de los temas que le importan a la nación, le cobrará factura a la imagen del Papa.

Por último, el desarrollo de las jornadas eclesiásticas va a dejar secuelas en la población en general, no sólo por las anotaciones antes mencionadas, sino cuando se evidencien los gastos con dinero público que han hecho tanto el gobierno federal, como los estatales, para la promoción de los eventos eclesiásticos. Los cuales, a todas luces, se ven excesivos, así como el uso de los recursos humanos y las afectaciones vehiculares que han sobrepasado las necesidades para cubrir a un Jefe de Estado, como lo es el Papa Francisco.

En conclusión, el balance de la visita del Papa, no ha sido positivo para la clase política ni para la Iglesia mexicana, ya que el fervor de los fieles no se vio desbordado como en visitas anteriores.

El crecimiento de la indignación social se ha visto traducido hasta en uno de los puntos que parecían más estables de la sociedad mexicana. Para la clase política, se deberá hacer el llamado enfático a respetar nuestra Constitución y el Estado laico mexicano que tanto esfuerzo y progreso significó para nuestro país.

Ambiciones ajenas

El papa Francisco se esmeró por enviar un mensaje de paz durante su estancia en Michoacán. Lo hizo porque su auditorio estaba conformado principalmente por jóvenes y porque Michoacán merece recuperar la armonía.

La juventud es la mayor riqueza de México y, por lo tanto, no debe ser sacrificada. Jesús nunca los invitaría a ser sicarios, él quiere discípulos, lanzó el Pontífice.

Tiene razón, responsabilidad compartida es que los jóvenes no sean mercenarios de ambiciones ajenas.

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