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Resultado paradójico

Opinión-colorÁguila o Sol

De: Prof. Monjardín

Los polvos de la elección caen al piso y se asientan. Permiten ver. A la semana de una batalla nerviosa y a ratos dramática, va quedando claro su resultado mixto, paradójico en gran medida, porque la enorme movilización comicial y sus novedades, dejaron cosas sin apenas cambios.

En efecto, el 7 de junio una larga onda de choque se propagó por el territorio nacional, palmariamente demostrable en Nuevo León, en Guadalajara y en la ciudad de México. En las grandes urbes, se trata de un malestar contra el tripartidismo clásico (PAN, PRI y PRD), pero no ocurre lo mismo en el resto del país y es allí donde aterriza la primera paradoja: el malestar y el hartazgo no son de un solo color, como suele manejarse.

¿Cómo explicar el amplio triunfo del PRI en Sonora, su cómodo retorno en Guerrero o su posición inexpugnable en Campeche? La victoria panista en Baja California Sur y en Querétaro (a pesar de una gestión muy bien calificada del gobernador saliente). Y el triunfo del PRD en Michoacán o los finales de fotografía en San Luis Potosí y Colima entre “los partidos de siempre”, informan que no es el mismo tipo de hartazgo lo que recorre al conjunto del país.

El efecto de composición de todo esto vuelve a ser paradójico. Los tremendos remezones regionales –como el de las grandes zonas metropolitanas- sin embargo, mantienen más o menos la misma composición de la Cámara de Diputados. El PRI tenía 212 legisladores; ahora tendrá 203, sólo nueve diputados menos, que sin embargo, son recuperados por el Verde (47), poseedor de una bancada de 29 actualmente.

En otras palabras, el tricolor sumado a sus aliados, mantiene la mayoría absoluta (269, el agregado PRI-PVEM-PANAL), en rangos un tanto superiores a los de 2012 (251), pero muy similares a los de 2009 (267). Una vez más los grandes movimientos tectónicos del electorado, percibidos como grandes cambios a nivel local, siguen arrojando una composición estable en la representación federal.

Nueva paradoja: el PRD tiene mayor número de votantes absolutos que en 2009 (consuelo de tontos, se dirá) pero es cierto. Lo paradójico, lo que importa subrayar es que esto no le pasa ni al PRI ni al PAN. Mientras el tricolor pierde un millón 63 mil votantes, más de un millón 300 mil electores abandonan al PAN (comparación entre elecciones intermedias). Si el voto de castigo tuviera una sola racionalidad, el PRD tendría que perder votantes absolutos, pero no, el PRD se anota casi 118 mil votantes más en esta elección, a pesar del cataclismo vivido en la ciudad de México.

Como siempre y en todas partes, con la izquierda todo es más dramático. La escisión de los contingentes de López Obrador; el episodio de Iguala, Abarca, y su propia drena de militantes y fundadores, arrojan un resultado muy amargo, pero si hacemos las cuentas, después de tanta división y encono, resulta que PRD y Morena se seguirán necesitando en la carrera iniciada ya, a primera hora del 8 de junio, rumbo a la elección presidencial del inmediato por venir. Con un añadido, de éstas elecciones salimos con la misma certeza política fundamental, que ya teníamos antes de la elección y que se estampó a plomo y piedra con el registro de Morena: Andrés Manuel López Obrador estará en la boleta presidencial del año 2018.

En los próximos meses, la mitad de la política mexicana girará en torno a esa certeza. La izquierda se batirá, deliberará, forcejeará en torno a ese expediente y sus enemigos de siempre, también. Por tercera vez, en el periplo de los últimos 18 años, parte esencial de lo que el domingo no cambió.

Para el anecdotario

A partir de la elección del pasado domingo, hay en el país un nuevo mapa político. Este dato, que el voto ciudadano determine la correlación de fuerzas en los órganos de gobierno, es el más alentador de la jornada electoral. Deja en claro, en un entorno oscuro plagado de suspicacias, que la democracia mexicana funciona. Que la voluntad de los ciudadanos se transforma en gobiernos, lo cual puede parecerle poco a algunos despistados pero es un logro de dimensiones históricas por el que lucharon generaciones de mexicanos. Que parezca algo natural confirma que se ha recorrido un largo camino. Se trata de las elecciones intermedias con la mayor participación ciudadana.

El desempeño del Instituto Nacional Electoral en términos generales fue bueno. Dejó atrás en esta elección las dudas de si sería capaz o no, de organizar unos comicios nacionales, con un buen número de elecciones para gobernador coincidentes. Sí pudo. El presidente consejero, Lorenzo Córdova, emerge del proceso, se anotó en La Crónica como un activo de la democracia en el país, lo que a todas luces es un elemento que despresuriza el ambiente.

Los aspectos que destacan son el triunfo del PRI para la Cámara de Diputados, que asegura márgenes amplios de gobernabilidad; el desplome del PRD en la ciudad de México y el riesgo de una parálisis; el surgimiento de los candidatos independientes que comienza a generar inquietud, sobre todo el caso de El Bronco, en Nuevo León; la ineficacia del voto nulo y el hecho de que las mujeres participan más pero siguen ganando poco. De todas las mujeres apuntadas como candidatas a gobernar alguna entidad, sólo Claudia Pavlovich se cambiará al Palacio de Gobierno, en este caso el de Hermosillo, en Sonora.

Los datos finales

Los resultados finales presentados por el INE en los 300 distritos, con la declaratoria de validez de la elección, darán a los analistas mucha tela de dónde cortar. Llama la atención de entrada la cómoda victoria del PRI, si se toma en cuenta que la elección se registró en una etapa de vacas flacas para el gobierno federal. La cobertura colosal y desfavorable del caso de los normalistas de Ayotzinapa y de las acusaciones de conflicto de interés de figuras del primer nivel del equipo de gobierno, hacían que algunos observadores previeran un resultado adverso para el PRI, pero no. Se quedó con casi el 30 por ciento de los votos. PAN, PRD, Morena y Verde los siguen sin amenazar por ahora su liderazgo. Se habló mucho de la división de la izquierda pero los resultados finales traen una mala noticia para esta corriente: sumando los porcentajes de PRD y Morena no alcanzan ni para desbancar al PAN, mucho menos para ponerle jaque al PRI. Juntos o separados hubieran quedado del tercer lugar para abajo.

Con la cosecha obtenida por Morena en el Distrito Federal Andrés ManuelLópez Obrador cuenta con una plataforma inmejorable para su campaña electoral del 2018. Habrá recursos suficientes y posibilidad de salida continua a los medios. Es importante destacar que el resultado positivo en la ciudad capital no se replicó en los estados de la República, lo que constituye un obstáculo enorme para la elección presidencial.

Terminado el proceso 2015, las miradas se enfocan en la elección presidencial del 2018. Falta mucho pero los aspirantes ahí están y ya levantan la mano. En el caso del PRD hasta antes de los comicios sólo se citaban dos nombres, el de Miguel Ángel Mancera y el de Jesús Ortega. De hecho, el Jefe de Gobierno ya dijo finalmente que si la gente se lo pide buscará ser candidato. Ni Mancera ni los Chuchos salieron bien librados. De manera que de las filas del sol azteca emerge un nuevo nombre, el de Silvano Aureoles, que ganó la elección de Michoacán y se apunta de manera natural para buscar la candidatura del PRD en el 2018. Sería un candidato interesante. En el caso de la llamada izquierda desde hace rato se apuntó el mesiánico López Obrador que no se bajará a menos que la salud lo tumbe.

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