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Reino Unido y Rusia al borde de un conflicto diplomático tras el envenenamiento del exespía

Sergei Skripal (Reuters).

Las amenazas cruzadas desde hace dos años han llegado a su punto álgido, ese que no se veía desde el final de la Guerra Fría hace casi tres décadas. Reino Unido y Rusia se enfrentan a un conflicto diplomático que parece a punto de estallar y que tiene en el centro de la diana los envenenamientos de dos exespías rusos que decidieron cambiarse de bando.

El primero de ellos, Alexander Litvinenko, murió en Londres en el año 2006; el segundo, Sergei Skripal, permanece en estado crítico junto a su hija, también envenenada, en un hospital británico y se teme que pueda fallecer. Parece que tal y como ha dicho la televisión pública rusa “ser un traidor es una de las profesiones más peligrosas del mundo”. Especialmente si el traicionado es Vladimir Putin.

Theresa May ha acusado a Rusia del envenenamiento (AP).

Las similitudes entre ambos casos son numerosas. Tanto Litvinenko como Skripal eran agentes rusos que colaboraron con los servicios secretos británicos, que fueron envenenados, en el caso del primero con polonio radioactivo, en el del segundo con agente nervioso (sustancia prohibida por la ONU y utilizada en ataques químicos) y donde la culpabilidad señala al mismo lado. La investigación británica del asesinato de Litvinenko apuntó que “Putin, probablemente aprobó el asesinato”, mientras que sobre Skripal, la primera ministra, Theresa May, ha señalado que “es muy probable que el Gobierno ruso esté detrás” del envenenamiento del exespía, que aparentemente fue reclutado como agente doble tras un viaje a España en 1993.

En ambos casos también hay un extraño componente de venganza. Litvinenko fue envenenado cuando ya residía en Londres y se estaba tomando un café en un hotel. Skripal ya había sido juzgado en Rusia y había terminado en Salisbury tras un intercambio de prisioneros. Lo más raro de todo es que su familia ha ido muriendo en extrañas circunstancias en los últimos años. Primero su mujer, de cáncer de útero; después su hermano, de insuficiencia renal; y finalmente su hijo durante un viaje a San Petersburgo. Ahora, tras el envenenamiento de padre e hija, la policía británica ha decidido reabrir los otros tres casos porque quizás guarden alguna relación.

Las consecuencias diplomáticas pueden ser variadas, aunque aún es pronto para conocerlas. Lo cierto es que pese a las sospechas, es prácticamente imposible que el Gobierno británico pueda demostrar la participación de Putin en estos crímenes, por lo que la acción se quedará probablemente a medias.

Ya en 2016, con la investigación de Litvinenko todavía en marcha (10 años después de su muerte), Reino Unido amenazó con acciones diplomáticas que finalmente no ocurrieron.

Alexander Litvinenko fue envenenado con polonio (AP).

Hay una cierta presión para que el Gobierno aplique sanciones contra Rusia como la Ley Magnitsky sobre funcionarios rusos. Se trata de una norma estadounidense que desde 2012 permite a los legisladores del país amplios poderes para congelar activos y restringir viajes a funcionarios de gobiernos extranjeros vinculados a delitos relacionados con los derechos humanos. La aplicación de esta ley sería eficaz porque Londres es el principal centro financiero del mundo y allí se mueven libremente los principales negocios del mundo, entre los que están, por supuesto, tanto grandes compañías rusas como grandes empresarios.

Otra opción por la que puede optar Downing Street es la expulsión de diplomáticos y oligarcas cercanos a Putin que viven en Reino Unido. También, restricciones financieras a las cuentas vinculadas al Gobierno ruso y esfuerzos diplomáticos de presión y aislamiento de Rusia, pidiendo ayuda tanto a la Unión Europea como a Estados Unidos.

Por el momento, lo único que ha anunciado el Gobierno es la citación al embajador ruso para que dé explicaciones, mientras que el ministro de Exteriores, Boris Johnson, ha puesto en duda la representación diplomática británica en el Mundial de fútbol 2018, que se celebra en Rusia.

Esas parecen de momento todas las opciones, aunque el caso Litvinenko hace ser cautos con las consecuencias. Veremos si esta vez el Gobierno británico decide ir un paso más allá o si por el contrario sigue sin actuar.

 

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