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Reformas positivas

 

OpiniónLa Constitución Mexicana es una de las más antiguas que existen. Nació en 1917 y el próximo año estaremos celebrando su primer centenario. Sin embargo, ha sufrido cerca de 700 cambios que algunos consideran que la han perjudicado y otros afirman que han sido adecuados ya que, según ellos, las constituciones deben poder adaptarse a las nuevas circunstancias de la vida social.

Los que los aprueban argumentan que, en sus 99 años de vida, la Constitución le ha proporcionado estabilidad al país, ya que no se ha presentado ninguna guerra o revuelta a pesar de los problemas que enfrenta la Nación y, por otra parte, se han creado Instituciones que han ayudado a la actualización del país, como son las Secretarías de Agricultura, la de Programación y Presupuesto y el reconocimiento de los derechos indígenas, entre lo más sobresaliente.

Las opiniones de los juristas son contradictorias, algunos opinan que no todo debe ponerse en la Constitución. Otros afirman que la Constitución deberá continuar actualizándose y otros más sostienen que lo que conviene es hacer una nueva Constitución, ya que el texto de la actual no dice mucho a los mexicanos y sólo se ha convertido en patrimonio de juristas y jueces.

Ponen como ejemplo el Art. 28, de gran extensión, que abarca una variedad de temas económicos, muchos de los cuales ya no tienen vigencia. Otro ejemplo es el Art. 41 que en 1817 tenía 63 palabras y hoy tiene cuatro mil.

Se refiere a las autoridades federales y a las autoridades locales, pero a este artículo se integró lo relativo a los Partidos Políticos con todos sus pormenores, hasta los tiempos de radio y T V, y la creación  del IFE, ahora INE. Se le incorporaron contenidos normativos, muchos sólo reglamentarios, que no requerirían rango constitucional, pero que por razones políticas se quiere que tengan esa jerarquía.

Si bien es cierto que la Constitución se ha engrosado con contenidos no muy ortodoxos, esto ha tenido el resultado de modernizar al país. Lo negativo es que se ha lesionado la técnica constitucional, convirtiendo a nuestra Carta Magna en un documento extenso, confuso, contradictorio, desordenado y de difícil lectura. Pero más allá del debate técnico de su contenido, sus reformas han sido positivas, como mecanismos para procesar conflictos políticos en el país y un medio para llegar a significativos acuerdos.

El país transitó a la democracia, aun cuando ahora se quiera desandar lo recorrido. Se abrió la agenda de derechos humanos y en lo económico, con las leyes secundarias, se podrán aprovechar las reformas constitucionales.

Por otra parte, muchas de las reformas se han elevado a rango Constitucional, de manera innecesaria, hablando técnicamente, por razones de desconfianza entre la clase política del país. Con objeto de “no ver roto un acuerdo”, los partidos políticos quieren blindarlos “constitucionalizándolos” para que no sea fácil incumplirlos.

Ejemplos sobran: pero uno de los más evidentes es lo relativo a los salarios de los Consejeros del INE y a   los nombramientos de los Consejeros para la misma institución. No son materia que ameritara colocarlos en la Máxima Ley.

Para el próximo aniversario, que sería el centenario de Nuestra Constitución, hay varias propuestas de Investigadores de la UNAM, unas para reordenarla y otras para hacerle diversos cambios, no de fondo, eso sólo lo podría hacer el Congreso, ofrecen varias propuestas que afirman “inyectarían años de vigencia útil a la Constitución para futuras generaciones”.

El Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM sin duda cuenta con los recursos humanos calificados para llevar a cabo un proyecto, que dejara satisfechos a todos los mexicanos.

Águila o Sol

De: Prof. Monjardín

Las cifras no cuadran

Un policía de investigación gana 15 mil pesos al mes como sueldo neto. Su futuro salarial es poco promisorio puesto que dependerá, en buena medida, de que se liberen mejores plazas. Las opciones para concretar esta mejora dependen de un compañero que se jubila a regañadientes por las malas condiciones para hacerlo, del acceso a una de las peleadas jefaturas de grupo o de que alguien muera en servicio.

Estos 15 mil pesos pueden parecer atractivos en un país como el nuestro, pero es sólo una distorsión por efecto de la distribución del ingreso groseramente absurda.

Esos 15 mil pesos deben valorarse a la luz de: Lo que hicieron, que son los cuatro años de academia que estos jóvenes cursaron atraídos por la carrera policial (por vocación). Lo que hacen, que es estar tras la pista de los asesinos hasta dar con ellos o bien indagar días y días hasta contar con suficiente información sobre el tráfico de ropa ilegalmente introducida en el país. Lo que queremos de la policía como Nación, que son cuerpos de seguridad pública capaces e incorruptibles. Sin duda, el último punto es de primera importancia.

Vayamos a las comparaciones. Los 15 mil pesos de sueldo son superados por lo que el mismo gobierno le paga a quienes ingresan en puestos burocráticos bajos, presuntos jefes de departamentos que en realidad no tienen personal bajo su mando y cuya función real es hacer presentaciones en Power Point (los ciudadanos se sorprenderían de lo productivo que es su gobierno al generar powerpoints). Parece que la elección para un joven es obvia: apostarle al powerpointaje, ¿para qué arriesgar la vida o conocer las sombras del alma humana metiéndose de policía? El problema sólo es real (para la Nación), si queremos en verdad una policía confiable.

Una de las ocurrencias en torno a los fondos federales de seguridad pública se llamó Subsidio para la Policía Acreditable (SPA, le decíamos en tono burlón). En él se intentó impactar, entre otros rubros, los mínimos salariales para el personal responsable de resguardar la seguridad ciudadana y de investigar los delitos.

La manera como este subsidio se diseñó representa uno de los pasajes más vergonzosos de la actividad gubernamental, baste decir que incluso algunos angelitos, más preocupados por las elecciones en el norte del país y por los contratos que podían abrirse a empresas amigas, llegaron a plantear equipos de intervención telefónica sin preocuparse demasiado por atribuciones legales, necesarios ordenamientos judiciales o salvaguarda de garantías constitucionales.

La desaparición del SPA no es de lamentarse pero ahora que ha desaparecido del presupuesto, el problema es que el tema salarial del personal policial ha caído nuevamente en el limbo. De hecho, a mitad de las ocurrencias y contraocurrencias, tenemos grupos de policías en cada estado del país calificados como “acreditables”.

Todos estos policías acreditables permitieron, asistiendo a cursos, que sus instituciones accedieran a fondos federales y lo hicieron pensando en que las promesas de mejora salarial podían hacerse realidad.

La preocupación por incrustar a la mala el Mando Único va a pasar por un nuevo diseño de reglas de operación de los fondos federales. Como todo lo que se hace sobre las rodillas, esto implicará nuevas ocurrencias y olvidará procesos anteriores.

Es posible que los grupos de “acreditables” se desdibujen ahora ante la nueva normatividad para acceder a los fondos federales. Para las entidades que se tomaron a broma el SPA e hicieron cursos patitos en academias policiales igualmente patitas, esto equivaldrá a un premio: sus gobiernos y sus mandos policiales apostaron a la desmemoria y desorden federales y tuvieron razón. Para los estados que se tomaron el asunto en serio se viene una encrucijada: ¿en verdad van a mandar a sus policías “acreditables” el mensaje de que todo es un engaño?

Simple demagogia

Durante los mítines políticos de Donald Trump siempre hay un momento en que habla de la inmigración “ilegal” y de su propuesta para construir un muro en la frontera con México, el cual sería pagado, según él, por los mexicanos, y nunca falla en recibir aplausos y porras de sus seguidores.

No hay duda de que los demagogos pueden tomar un tema que no está en el primer plano y volverlo un punto de debate, pero sólo pueden hacerlo si hay algo de fondo sobre el que construir. En este caso, si bien Trump ha logrado regresar el tema de la inmigración indocumentada al centro del debate político en la contienda republicana por la presidencia, lo ha logrado hacer porque ya existía un malestar no expresado entre sectores del país sobre el tema que ahora él explota.

Sospecho que hay tres elementos de este malestar que ha logrado capitalizar Trump. El primero es que la migración indocumentada nunca ha desaparecido por completo, aunque esté en niveles muy bajos, y el alza en la migración indocumentada centroamericana ha generado notas periodísticas durante los últimos tres años. Para muestra, el tema de los niños migrantes no acompañados. No es un asunto tan visible como antes en los medios, pero tampoco ha desaparecido por completo. El tema, aunque en menor medida, sigue dando titulares de prensa.

En segundo lugar, aunque bajaron los flujos migratorios mexicanos, los cambios demográficos en Estados Unidos siguieron y se acentuaron, no tanto por los inmigrantes que llegaban, sino por los que ya estaban y por sus hijos. Alrededor de un 13% de la sociedad norteamericana es hoy día nacido en otro país, un porcentaje no visto desde hace ocho décadas, y casi la mitad de esos inmigrantes son de ascendencia latina, con un 28% de México, según cálculos de Migration Policy Institute In, MPI. Cada vez más es una población visible y en muchos casos exitosa, que se extiende desde las ciudades grandes, que siempre recibían migración, hasta los pueblos más recónditos, donde no ha habido inmigrantes desde hace muchas décadas. Para muchos los inmigrantes se volvieron de pronto sus vecinos, padres de familia en la escuela de sus hijos y a veces sus jefes o los líderes electos en su pueblo, y todo esto en poco tiempo.

En tercer lugar, este cambio demográfico ha tomado lugar en medio de un estancamiento económico sostenido, la primera vez en la historia moderna de Estados Unidos en que los padres no están muy seguros si sus hijos tendrán mejores oportunidades económicas de las que tuvieron ellos. Es un momento de incertidumbre y frustración para muchos estadounidenses, y la historia nos muestra que los demagogos se aprovechan del malestar de la gente para sembrar miedos y proponer soluciones fáciles, muchas veces buscando cualquier culpable.

Sentido laico

Con motivo de la visita a nuestro país del papa Francisco y la notable actividad para su recepción de la iglesia mexicana, que coincide con la celebración del aniversario de la Constitución mexicana, no podemos dejar de recordar la definición de Estado “laico”, El filósofo A. Comte-Sponville afirma: “El laicismo nos permite vivir juntos, a pesar de nuestras diferencias de opinión y de creencia. Por eso es bueno. Por eso es necesario. No es lo contrario de religión. Es, indisociablemente, lo contrario del clericalismo (que querría someter el Estado a la Iglesia) y del totalitarismo (que pretendería someter las Iglesias al Estado).

Sin embargo; habrá que reconocer, que en México el catolicismo está profundamente arraigado a nuestra cultura y conserva fuertes lazos emocionales con la iglesia, hasta los más mundanos creyentes son afectados “culturalmente” por las tradiciones católicas, como alguna vez lo dijo el famoso escritor mexicano Carlos Fuentes “Yo no soy creyente, pero soy católico en el sentido de que pertenezco a una cultura católica. No me puedo escapar de ello. Impregna todo: mi visión del mundo, mi visión de la política, mi visión de las mujeres, de la educación, de la literatura”. Recordemos algo del pasado que nos permita asegurar el porqué del sentido laico del Estado mexicano.

 

 

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