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Profesionales del caos

Opinión-colorErick Zúñiga

Al borde de las elecciones, este sábado los reventadores guerrerenses lograron lo que buscaron con afán digno de causas superiores: en Tlalpa, y de acuerdo con versiones propaladas en Estados Unidos, murió Juan Villegas Tenorio, líder magisterial, luego de un choque con la policía estatal.

El reporte fue dado a conocer en Los Ángeles, California, por la directora del portal Los Ángeles Press, pero con evidente manipulación para atraer el morbo del público: según la informadora, el dirigente del Movimiento Popular Guerrerense, uno de los principales impulsores de la suspensión de las elecciones en el estado, y cabeza de varias tomas de oficinas del INE, así como de la quema de boletas de votación, robo de equipo de cómputo y autor de lesiones contra los uniformados, hasta el viernes pasado impedidos de responder todo tipo de agresión, murió desangrado tras una golpiza que le habrían propinado “agentes federales”, en versión de la periodista.

La información del cotidiano angelino destaca dos aspectos del presunto asesinato: uno, la certeza de que murió, a pesar de que sus compañeros de protestas afirman que está delicado, pero se mantiene vivo y en la lucha;, y la otra, la crueldad con que se abandona a un herido para que muera desangrado.

En todo caso, el manejo sesgado de la nota permite a los grupos en rebeldía acudir, como ha sido la intención, a instancias internacionales donde reciben apoyo incondicional y condena sin apelación para las autoridades nacionales.

De acuerdo con los reportes iniciales, la policía estatal llegó para despejar la carretera que une a Guerrero con Puebla. Los manifestantes reclamaban la suspensión de elecciones y la presentación con vida de los 43 de Ayotzinapa, recibieron con pedradas a los uniformados, que se replegaron en espera de refuerzos.

Regresaron los policías acompañados por un contingente de militantes priistas, petistas y del Partido de los Pobres; se liaron a golpes con los presuntos maestros, con saldo final de veinte lesionados y un número no anunciado de detenidos.

En la ciudad de México, el secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong, sin mencionar directamente el hecho, anunció que la Marina, el Ejército y las policías federales, estatales y municipales, ejercerían vigilancia en la zona y la extenderían a Michoacán, Oaxaca y zonas aledañas.

Con la, todavía en duda, muerte de Villegas se alcanzó lo que era un secreto a voces: un mártir que permitirá a los organizadores de la rebelión, que se ha extendido por todo el territorio nacional, reclamar urbi et orbi su derecho a manifestarse, pero sin cuestionar atropellos contra los ciudadanos de a pie.

Las autoridades, de las que cabe esperar una reacción tras las elecciones, mantendrán pláticas con los grupos rebeldes que, por su lado, reiteraron que no cederán en sus once peticiones. “No vamos a discutir lo que nuestras asambleas han acordado, no habrá diálogo sino vigilancia del cumplimiento de nuestro pliego”.

De lo que no cabe duda, que ante la ausencia de autoridad que ha permitido toda suerte de desmanes sin hacer siquiera un gesto que cause algo más que risa a los grupos de inconformes, puede vaticinarse que la ciudad de México y las principales capitales estatales sufrirán el embate de los impunes patrocinadores de tales rebeldías.

Seguiremos sin conocer quiénes, con fondos millonarios, mantienen a los manifestantes, a sus familias, financian recorridos por el territorio nacional, patrocinan periplos internacionales, visitas a Estados Unidos y una docena de ciudades; viajan a Europa y no sabemos si los padres de los 43 todavía existen o son bandera para una manada de profesionales del caos..

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