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Morir sin dolor y con estilo

Lo llaman el ‘Elon Musk de la eutanasia’ y ha inventado una cápsula para suicidios asistidos con alta tecnología y lujoso diseño

¿Quiere morir sin dolor y con estilo, escapar del sufrimiento insoportable en un artilugio de lujoso diseño? Un médico, a quien se le ha llamado el ‘Elon Musk de la eutanasia’, ha diseñado una controversial máquina para quienes simplemente desean dejar este mundo, aunque no padezcan de una enfermedad terminal o incurable.

La polémica sobre la legalidad y moralidad de la eutanasia y los servicios de suicidio asistido –en general que personas que desean morir sean ayudadas a lograrlo por profesionales médicos– es intensa y punzante. El caso de Jack Kevorkian, médico estadounidense conocido como ‘Doctor Muerte’, que habría practicado decenas de suicidios asistidos y fue a prisión por ello en la década del 2000, es un caso notorio. Pero con el paso del tiempo se han dado casos de cierta flexibilización legal, como sería la ley que en California autoriza, bajo criterios muy estrictos, que se ayude a morir a pacientes con enfermedades terminales sujetos a severos padecimientos. En los estados de Oregon, Vermont y Washington se aprobaron normas similares.

En todo caso, otros han seguido en paralelo los pasos de Kevorkian y el médico australiano Philip Nitschke creó hace años una organización civil, llamada Exit International, con el propósito de promover la legalización de la eutanasia y ofrecer opciones de suicidio asistido que les permita a las personas morir sin dolor y de la madera más eficiente si así lo deciden.

La eutanasia en sí es controversial, pues es ampliamente entendido que la labor de los médicos es preservar la vida. Y si bien hay leyes que han legalizado esa práctica, eso se ha dado en el ámbito de enfermos incurables, que ya están en etapa terminal y enfrentan severos sufrimientos. Eso en sí es polémico, aunque aceptado en ciertos contextos y lugares, pero la noción de que se debe permitir, e incluso ayudar, a que una persona que no enfrenta esa situación terminal cometa suicidio simplemente porque no desea vivir es rechazada a gran escala. Pero eso es lo que implican las posiciones y los inventos de Nitschke.

Como relata Newsweek, el médico Nitschke se ha dedicado a crear sistemas tecnológicos para proveer métodos para que quien lo quiera pueda “bien morir”. A finales de la década de 1990 conectó una computadora portátil con un sistema de inyecciones intravenoso y con ello practicó cuatro suicidios asistidos en los que la persona autorizaba que se le matara, en una época en que ello fue legal en una región de Australia.

Después la eutanasia volvió allí a ser ilegal, pero Nitschke continuó experimentando con tecnologías. Primero desarrolló una suerte de bolsa/máscara que en lugar de proveer oxígeno emitía monóxido de carbono. Al inhalar ese gas durante un tiempo considerable, la persona fallecía, pero el método no fue muy bien recibido porque, aunque efectivo, al parecer suscitó rechazo porque implicaba una manera poco estética, desagradable, de morir.

Nitschke ha seguido inventando “máquinas de muerte” y ha diseñado ahora un artilugio de alta tecnología, lujoso diseño y potente letalidad que provoca a quien se coloca dentro una muerte rápida y sin penuria: la bautizó como Sarco, quizá en alusión al término sarcófago.

Es una suerte de cápsula que tiene conectados tanques de nitrógeno líquido. Quien quiera usarla debe terminar primero una encuesta para probar su capacidad mental (para, es de suponer, verificar que la persona está decidiendo morir de forma consciente y voluntaria) y recibe un código con validez de 24 horas. Cuando la persona decide que llegó el momento, activa el código y la cápsula, se llena de nitrógeno líquido hasta que el oxígeno cae a tal grado que la persona se desmaya y muere al poco, supuestamente con mínimo dolor.

Por el uso singular de la tecnología para diseñar Sarco, y por el afinado diseño de esa máquina, algunos han apodado a Nitschke el ‘Elon Musk de la eutanasia’, en referencia a Elon Musk, presidente de la empresa de autos eléctricos de alto diseño Tesla.

Pero ese apelativo oculta un lado oscuro (que no tendría que ver con Musk, cuyos inventos tienden al bienestar vital): la noción y promoción de que una persona debe poder decidir cuándo morir tiene graves implicaciones legales, pues se ha acusado que las ideas y acciones de Nitschke y de Exit International, como se señaló en 2016 en The Guardian, han contribuido en cierto modo a que personas cometan suicidio o intenten realizarlo.

Y en general la actividad de Nitschke ha sido considerada contraria a la ética médica. Tras un caso de suicidio con el que habría estado relacionado (no por practicarlo en sí pero al parecer por influir o no hacer desistir al suicida), las autoridades médicas de Australia le dijeron que o renunciaba a su actitud de promover el suicidio o se le revocaría su licencia de médico. Él prefirió quemar sus credenciales médicas antes de dejar sus ideas sobre la muerte.

En ese contexto, Sarco aún es un prototipo pero, según Newsweek, podría comenzar a fabricarse en 2018 y podría usarse en clínicas de eutanasia en Suiza. Y en Australia, donde la eutanasia es ilegal a nivel federal, una ley al respecto fue aprobada en el parlamento del estado australiano de Victoria (donde se ubica la ciudad de Melbourne) y entraría en vigor, si logra superar el procedimiento final de promulgación, en 2019. Si eso sucede, Nitschke podría tener un mercado en su país de origen, con todo y la grave polémica implícita.

Nitschke, que ya está en sus setentaitantos años, considera que la gente tiene el derecho de poder decidir cuándo morir, incluso si tiene buena salud, en lo que él llama el ‘suicidio racional electivo’. Y él mismo considera que Sarco podría ser una opción para él, cuando le llegue el momento, y ha dicho que si se encuentra en una situación en que necesite usarla, lo hará definitivamente.

Pero esa convicción es ampliamente rechazada por la comunidad médica y la sociedad en general, y es importante distinguir entre la eutanasia en casos muy específicos, que es legal en ciertos lugares, y la noción de que se debe ayudar a morir a todo aquel que quiera dejar este mundo.

 

 

 

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