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El Doberman, las mentiras del mito y su origen

 

Laura Lopez

Como la mayoría de mis lectores habituales sabéis, soy una gran amante de los animales, me gustan todos los tipos y razas, he tenido peces, tortugas, un precioso conejo belier que ya no está con nosotros desde hace algunos años y ahora tengo 2 perras maravillosas.

Mi gran pasión por los animales es gracias a que me crié con un Doberman, era marrón, se llamaba Dak, era un buen guardián, pues era un doberman adiestrado para ello, pero era mi mejor amigo. Yo y el doberman lo compartíamos todo, dormíamos juntos, jugábamos juntos, en cuanto llegaba salía corriendo a saludarme, nunca me hizo daño, siempre tenia mucho cuidado, yo le hacia de todo y nunca se volvía contra mi, podía meter mi mano en su comida mientras él estaba comiendo, podía recostarme sobre él como si fuera una almohada y él se quedaba tan tranquilo.

Por todo esto, me da mucha rabia ver las mentiras que cuentan sobre el doberman, no digo que no sea una raza fuerte y dominante, pero si que creo que con una buena educación el doberman es un perro fantástico y un gran compañero como lo fué Dak para mí.

Ningún mito canino ha sido tan imaginativo y extendido como el del doberman. Los “me dijeron”, “me contaron” o “hubo un caso”‘ pululan por doquier trasmitiéndose de boca en boca sin que nadie conozca personalmente el caso relatado sobre el doberman. La explicación popular a esto es el mentado “…crecimiento cerebral de los doberman más allá de la capacidad craneal que hace que a cierta edad pierda el olfato y no reconozca al dueño…”

Cualquier persona observadora se dará cuenta de que ningún perro apela al olfato para reconocer al dueño a menos que esté ciego y sordo. Si el amo está a la vista, lo reconocerá por su forma de moverse, si no lo está lo hará por ruido, por sus pasos (únicos e inconfundibles al sensible oído canino), por la particular forma de sacar sus llaves, abrir la puerta, etc… finalmente olfatear detenidamente a su amigo para tener una idea de donde estuvo, que novedades trajo, su estado de ánimo, y miles de datos más.

Cuando este mito se vierte de la boca de una persona sin experiencia, se debe al desconocimiento, pero he oído decir a criadores y expositores experimentados haciendo gala de un lenguaje técnico sobre los doberman “…y la presión que sufre el doberman a la altura de los parietales termina anulando el olfato, por eso el doberman no reconoce al dueño a los cuatro o cinco años, y bla, bla, bla…”, ni siquiera es cierto que el sentido del olfato se encuentre a la altura de los parietales.

Lo malo de todo esto es que hay cientos de perros doberman fieles a sus familias de los cuales no se dice nada, en cambio cuando se dá un caso en que un doberman ataca a su dueño, automáticamente se le atribuye a éste “un problema general de la raza” y no al hecho de que como en muchos otros casos sea doberman o cualquier otra raza, seguramente era un perro mal educado por su dueño.

 

ORIGEN del Doberman

 

Fue el alemán Louis Dobermann el responsable de crear esta raza en su afán por conseguir un perro que le defendiese de los bandidos. Si decimos que su profesión era recaudador de impuestos, todo empieza a aclararse. En 1870 comenzó a realizar una serie de cruces para conseguir un perro valiente y con un aspecto fiero capaz de disuadir a los malhechores durante los desplazamientos a los que le obligaba su trabajo. Dobermann tenía acceso a un gran número de razas pues estaba a cargo de los refugios de animales de la región donde residía, Apolda (Turingia), pero no guardó un registro de los cruces que llevó a cabo. La falta de datos ha generado distintos debates sobre el posible origen del Doberman, aunque parece claro que todo comenzó con el cruce de Pinscher con mestizos locales. Estos últimos descendían de una hembra azul grisácea tipo Pinscher y de un perro negro y fuego, a su vez resultado de un Perro boyero y un Perro pastor. Después habrían intervenido un Manchester Terrier y una hembra negra de galgo. Asimismo, es posible que el Doberman tenga sangre de Pastor de Beauce, Rottweiler y Pointer alemán.

En 1899 la raza doberman ya goza de estabilidad y al año siguiente es reconocida oficialmente por la sociedad canina alemana con el nombre de Dobermannpinscher en recuerdo a su creador, fallecido en 1894. No tardaría en llegar a otros países y ya en 1920 podía encontrarse en toda Europa e, incluso, en Sudáfrica y Estados Unidos; una raza universal que en 1925 tenía su propio club.

Un poco antes, en 1913, llegó a España el primer ejemplar de doberman, «Selma v. Griessen», que durante seis años no faltó a la única exposición que se celebraba en nuestro país, la de El Retiro, en Madrid. Pero no sería hasta la década de 1960 cuando la raza doberman se popularizó lo que trajo una gran demanda de ejemplares que provocó que los cruces no siempre se realizaran correctamente. La consecuencia fue la aparición de distintos problemas relacionados con el carácter, hasta el punto de que de ser una de las razas preferidas pasó a ser una de las más repudiadas a pesar de que sus verdaderos amantes no dejaron de trabajar con responsabilidad y seriedad.

Esta situación, sin embargo, aportó algo positivo. El club español de la raza doberman, creado en 1975, aprendió de los errores y, con el fin de preservar el equilibrio psicológico de todos los ejemplares, exige la superación de distintas pruebas, tanto físicas como de carácter, de los individuos que vayan a ser destinados a la cría. Esto ha dado excelentes resultados porque son rechazados no sólo los perros con algún problema físico sino también los que se muestran miedosos o agresivos, dado que ninguna de estas características debe formar parte de la personalidad del doberman.

 

Doberman y la imagen de la dureza

 

Más allá de la mala fama de los doberman por los campos de concentración, las películas y las leyendas, debemos pensar que existen otros factores que han desencadenado la mala prensa de que es víctima el doberman por encima de las demás razas.

Se han empleado ovejeros alemanes en los campos de concentración, sin que ello haya hecho que compartan su mala fama con los doberman.

Ha habido innumerables películas con rottweilers como villanos, y mastines de todo tipo, y sin embargo no son ellos los blancos de estos ataques de la gente.

 

¿Qué tiene entonces el doberman que lo hace tan temido?

 

Sin duda el doberman es un poderoso perro de ataque, como el schanuzer gigante que no tiene semejante fama de asesino. De manera que descartemos también que su capacidad de atacar sea la causa de sus detractores.

La característica que diferencia al doberman de las demás razas es que todo su cuerpo termina en puntas.

Nuestros perros han sido seleccionados con diferentes formas físicas. Hay razas que tienen aspecto infantil, desde el corte de la cara hasta la patas chuecas y un andar como de un bebe que comienza a caminar, otras razas tienen aspectos de humanos luchadores, como el Bulldog Inglés, con su espalda casi plana como la humana, su pelvis pequeña y hombros separados. El doberman es un perro “puntiagudo”. Prácticamente toda la silueta del doberman está rematada con formas agudas, cargadas de masa muscular en el medio de toda su estructura, incluso las orejas son recortadas dándoles aspecto de puñales y más todavía con la moda de los cortes actuales, cortes largos y rectos.

Es esto y sus ojos profundos, el hocico paralelo a la frente, que dá el aspecto al doberman de apuntar con el morro cuando mira, su tendencia a abrir la boca para jadear mucho menor que otras razas, lo que le da una mirada dura y penetrante. Todo su cuerpo tiene el aspecto de un perro en alerta, así como un perro de orejas caídas parece permanentemente sumiso, el doberman da el aspecto de estar siempre amenazante.

La imagen del doberman, y no su comportamiento, son las causas de que sea llamado el perro asesino, justamente tratándose de un perro tan cariñoso que incluso llega a ser molesto para el dueño.

 

Aptitudes del Doberman

 

Más allá de todo lo que pueda decir un criador de doberman (todas las razas son “la mejor” según los artículos de sus criadores), está lo que opinan los expertos en perros de trabajo dedicados a todas las razas. Un Profesor de Psicología de la Universidad de Vancouver, Canadá , hizo un trabajo estadístico consultando a 208 jueces de trabajo canino (más de la mitad de todos los existentes en América del Norte) además de 63 veterinarios de pequeños animales, y los 14 más importantes especialistas en perros de guardia y protección de los EEUU y Canadá.

Alguien podría pensar que un Rottweiler tiene mayor peso y fuerza que un doberman, pero se debe pensar que el aprovechamiento de la fuerza está en relación con lo aguerrido del temperamento, además se incluye la resistencia para contraatacar, donde el doberman se muestra incansable frente a un Rottweiler que se agita fácilmente.

Si a los factores apuntados anteriormente se le hubiera agregado tener en cuenta la seguridad nocturna y en lugares grandes y complicados, sin dudas el doberman habría ocupado el primer lugar. El Bullmastiff es de color claro, fácilmente perceptible en la oscuridad, y no cuenta con la velocidad y agilidad propia del doberman para desempeñarse en lugares grandes e intrincados.

Otro de los elementos surgidos de estos trabajos, es una tabla ordenando a las razas según su inteligencia de funcionamiento y obediencia. En ella las razas quedaron ubicadas mediante 79 grados de capacidad y el doberman obtiene la mejor nota.

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