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Pobre realidad

Opinión-colorErick Zúñiga

La semana pasada el Consejo Nacional para Evaluar la Política Social, el Coneval, presentó  su más reciente cifra en materia de pobreza. La historia ya la conocemos: cae la pobreza extrema, pero aumenta la pobreza en general hasta 46.2 por ciento de la población, es decir, pasa de 53.3 a 55.3 millones de personas.

El anuncio de esa institución estuvo precedido por intensos debates dentro y fuera de México acerca de qué tanto se ha avanzado en años recientes en el combate a la pobreza. Una voz, poco creíble, en este debate es la del gobierno argentino que, sin aportar datos, pues dejaron de medir la pobreza hace dos años, dice que Argentina tiene menos pobres que Alemania. Otra voz interesante es la de India, que este año empezó a transferir recursos públicos por medio de celulares a las familias más necesitadas, para evitar clientelismos y abusos.

También está la discusión en Estados Unidos. Allá, la Fundación Anne E. Casey publicó este mes la más reciente edición del reporte Kids Count 2015, que puede traducirse como La niñez cuenta 2015 (disponible en http://www.aecf.org/m/resourcedoc/aecf-2015kidscountdatabook-2015.pdf). En él se señala que el número de niños pobres pasó del 18 por ciento en 2008 al 22 por ciento del total de los menores en 2013, un aumento de cuatro puntos en sólo cinco años.

Ese 22 por ciento representa casi 16 millones 100 mil menores que, especialmente en los estados del sur de EU, enfrentan además de la pobreza, el racismo hacia las personas de origen afroamericano y latino, que acreditan masacres como la de Charleston, Carolina del Sur, o el discurso xenófobo de Donald Trump.

En México, incluso antes de la presentación de la cifra de Coneval, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos había adelantado que la política de combate a la pobreza ha sido un monumental fracaso, pues no hay avances, o—como lo dice la OCDE—“una parte importante de la población, que vive en los estados menos desarrollados, permanece excluida de los beneficios del crecimiento general”.

La OCDE no lo dice, pero es necesario observar nuestro fracaso en el combate a la pobreza a la luz del fracaso de otras políticas de desarrollo, entre las más recientes, las reformas en el sector energético. Hace dos años, se nos decía que las reformas acordadas en el Pacto por México eran la medicina que necesitábamos: facilitar la inversión privada, abatir las débiles previsiones sociales, reducir al mínimo la regulación laboral o ambiental para no perturbar el buen ánimo de los inversionistas. Nada de eso ha funcionado, como lo demuestran los resultados de la Ronda Uno de licitaciones petroleras.

La cifra de Coneval, optimista casi por decreto, pues sobreestima las ventajas de los pisos firmes, por ejemplo, tuvo detractores desde antes de ser publicada. Entre los más notables Julio Boltvinik y Araceli Damián, del Colegio de México, que ubicaron—24 horas antes que Coneval—la cifra de pobres en 93.5 millones de personas a quienes, sin importar si trabajan en la economía formal o la informal, simplemente no les alcanza para vivir, según apuntan en el documento Evolución de la pobreza y la estratificación social en México 2012-4.

Urge que nos quitemos las anteojeras que perpetúan fórmulas desgastadas e inútiles. Urge atacar las causas estructurales del fenómeno, que están—dejemos de engañarnos—en la aguda concentración del ingreso, en la volatilidad de los precios de los alimentos y en la insolidaridad social. Urge innovación, creatividad y una nueva imaginación para el combate a la pobreza.

 

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