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Plácido Domingo volvió al Conservatorio Nacional

CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).- Sesenta y cinco años después de que ingresara como estudiante de piano y dirección de orquesta, Plácido Domingo, conteniendo las lágrimas, develó la placa que consagra su nombre en el auditorio al aire libre del Conservatorio Nacional de Música (CNM).

La reunión, cálida, en la cual jovencitas y muchachos del Ensamble Coral Cantera de la institución fundada en 1866 cantaron magistralmente para el tenor hispano-mexicano, se convirtió en una fiesta de aplausos cada vez que tomó la palabra.

Emocionado, evocó ante el público –unas 300 personas que lo recibieron con una ovación de alrededor de un minuto– a maestros que lo formaron ahí, como a los hermanos Halffter, Carlos Chávez, Blas Galindo y Juan D. Tercero, a sus docentes de canto como Carlo Morelli y Fanny Anitúa; además recordó el trabajo sobre Héctor Berlioz con Lorin Mazel; y con cariño habló de su compañero de banca de la secundaria, Eduardo Mata, con quien en el Conservatorio hizo una Sinfonieta en do mayor.

En algún momento interrumpió su charla al reconocer entre la asistencia a la gran soprano Cristina Ortega, e iniciaron un diálogo afectuoso.

Su primera intervención fue al ser presentado inicialmente por el titular del CNM, el compositor David Rodríguez de la Peña, y la segunda tras la invitación de la directora del Instituto Nacional de Bellas Artes Lidia Camacho para develar la placa en la Sala Agustín Caballero. De ahí será trasladada más tarde al auditorio exterior del edificio creado por el arquitecto Manuel Pani en 1949.

En principio, agradeció a sus padres el que siempre le insistieran en que no sólo se dedicara a cantar, sino a ser músico, razón por la cual entró al Conservatorio a los 14 años, luego de cursar la secundaria, lo cual quizá eso le permitió “mi longeva voz” hasta ahora (nació en Madrid en 1941).

Por sus estudios de piano pudo repasar sus papeles de intérprete de ópera en el instrumento, ahorrándose el esfuerzo de la voz. Fue así como está camino de alcanzar 4 mil funciones de ópera.

Y ante Camacho señaló que el salto natural de su carrera lo dio del CNM al INBA, cuando se estrenó como cantante en el Palacio de Bellas Artes, en un papel de Rigolleto, de Verdi.

También hizo un reconocimiento al maestro Luis Sandi, fundador del Coro de Madrigalistas, que cumple 80 años.

Y es que en el acto se preparó un recital para el intérprete, que sin duda lo hizo evocar sus años juveniles (“ha pasado tanto, tanto tempo”, dijo en algún momento–, con arias de la misma Rigolleto (soprano Damaris Lezama, mezzosoprano Yunuet Lagunas, tenor Alberto Galicia, barítono David Robinson); “La canción de la luna” de Rusalka de Dvorak (Michelle Fox Pavia, soprano); “La ci darem la mano” de Don Giovanni de Mozart (Fox Pavia y el barítono Adirián Hernández Herrera); y “Adiós mi bien adiós” de Carlos Chávez (Hernández Herrera).

El festejo musical, con el coro Cantera del maestro Francisco Zúñiga Olmos, fue una alegría: sus alumnos de tercero de canto comenzaron con “Chamaquita de mi vida”, de él mismo.

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