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Para volver a creer y confiar

Opinión-colorErick Zúniga 

Terminaron las elecciones intermedias y comenzó la etapa de análisis y proyección del nuevo mapa electoral (más plural y competitivo, esperamos) que quedó después de estos comicios. La próxima configuración política nos lleva a cuestionar ¿cuál fue la variable que permitió acabar con las prácticas del carro completo que aplicaban los partidos, de todos los colores, en sus diferentes cotos de poder?

No existe solamente una variable, ni una respuesta o lectura única. Un proceso tan complejo, con hechos que lo marcaron antes y durante la elección, es la suma de todo. Sin duda la violencia fue la protagonista, con más de una veintena de asesinatos “políticos” y los hechos de barbarie que encabezó la CNTE, sin olvidar la reiteración de prácticas antidemocráticas que creíamos desterradas. Sin embargo, no se pueden dejar de lado otros factores que también sumaron y mucho: la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, los escándalos de corrupción al más alto nivel, una economía estancada y el dólar rondando los 16 pesos, el Ejecutivo federal con una aprobación en los mínimos históricos, los casos de Tanhuato y Apatzingán, sin dejar de lado la significativa reducción presupuestal que enfrentaremos el próximo año.

A todo lo anterior habrá que agregarle el fiasco total que fueron las campañas, sin propuestas ni compromisos reales, algunas sobrepasando los topes de campaña y la gran mayoría llenas de violencia y guerra sucia. Ante ello, el desencanto ciudadano se vuelve más que comprensible.

Sin embargo, la gran lección que nos dejó la ciudadanía es que aunque su desencanto político estaba justificado, no optó por el voto nulo ni el abstencionismo. Salió a ejercer su derecho, a través del voto de castigo, sí, pero ello generó que en algunos estados, municipios o distritos llegara la alternancia; al tiempo que abrió todo tipo de expectativas sobre las candidaturas independientes.

Todos los candidatos independientes que ganaron su elección tienen historias y dinámicas diferentes, por lo que sus campañas fueron diversas y algunas hasta ortodoxas, generando resultados heterogéneos. Sin embargo, todos dan algo de esperanza, de expectativa de lo que se podría generar para el 2018.

Si bien las candidaturas ciudadanas no resolverán de facto los problemas de la política mexicana, son una gran oportunidad para que los partidos políticos reflexionen su actuar y enmienden el camino. No se trata de llegar a la posición reduccionista de que los candidatos sin partido son honestos y bien intencionados, mientras los políticos de los partidos son corruptos, mediocres y oportunistas, no. Lo que se busca es aprovechar la oportunidad de generar nuevas dinámicas que enriquezcan nuestro sistema democrático, nuestra vida política, y que a la vez generen desarrollo y prosperidad para México.

Sin duda, en esta elección los ciudadanos dejaron claro que existen condiciones para crear un polo progresista, competitivo, el cual se puede lograr a través de una candidatura ciudadana, independiente, que tenga capacidad de atracción en dos sentidos: uno, para propiciar la unidad en torno a un proyecto de nación con las diferentes fuerzas y actores políticos; otro, para generar empatía y restaurar la confianza de los ciudadanos, de los votantes y de la sociedad en general.

Alguien que, a partir de ahora, puede cambiar la forma de hacer política en México es José Woldenberg. Su trayectoria política y su desempeño en el entonces IFE es incuestionable; sin dejar de lado que es un estadista, que suscita al diálogo, al acuerdo.

Ya hubo un Pepe cuya honestidad y sencillez dejó una escuela muy difícil de superar en el Uruguay, quizás México necesita también un Pepe para volver a creer, para volver a confiar.

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