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Otra visión del hambre

Opinión-colorErick Zúñiga 

La encíclica Laudato Si (Alabado seas) puede ser considerada como uno de los documentos doctrinales más poderosos que ha emitido la Iglesia católica desde el Concilio Vaticano Segundo. Se trata de un sólido texto que no se limita a incorporar tesis propias de su iglesia, sino que recupera elementos teológicos y doctrinales de otras religiones y, quizá lo más sorprendente, elementos científicos de vanguardia en lo relativo al cambio climático y sus efectos en la vida de los más pobres.

La Encíclica es un paso valiente que recupera los más profundos principios de la teología franciscana: considerar a la Tierra como una “hermana” de la creación implica un conjunto de tesis teologales que en su momento fueron condenadas incluso como heréticas y panteístas.

El Papa Francisco lanza en ese sentido un documento audaz porque sostiene, con base en los argumentos del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, una severa condena ética: el calentamiento global y la afectación de la tierra son resultado de la intervención de la humanidad. Pero no cualquier tipo de intervención, y es ahí en donde el documento es profundamente novedoso.

Se trata de un profundo rechazo al modelo capitalista, y este elemento constituye un vuelco gigantesco en la orientación doctrinal de la Iglesia. El Papado de más larga duración del que se tenga memoria reciente, el de Karol Wojtila (Juan Pablo II), fue un mandato dirigido severamente en contra del socialismo realmente existente y de un apoyo casi incondicional a la postura draconiana del neoliberalismo impulsado por Reagan y Tatcher en el Hemisferio Occidental.

En esa lógica, el Papa Francisco no muestra ninguna duda: el papel de la Iglesia Católica es ubicarse del lado de los desposeídos, tal y como lo hizo Francisco de Asís al fundar la Congregación de los Hermanos Menores.

Hacía mucho que la idea de la “opción preferencial por los pobres” no era sino un movimiento católico marginal encabezado por los teólogos de la liberación en América Latina, con el liderazgo de nombres como Ignacio Ellacuría y Leonardo Boff, quien por cierto acuñó el bello término de “Ecosofía” para referirse a una nueva lógica de estudio y relación con la naturaleza.

Hoy, mediante la Encíclica Laudato Si, el Papa Francisco relanza un debate de alcances globales: vivimos bajo un modelo de producción y consumo que está alejado de los principios éticos más elementales del cristianismo, pero también de los de las otras grandes religiones, al hacer énfasis en el egoísmo, la acumulación frenética de bienes y la envidia como motor de un desarrollo avasallante.

El Papa Francisco propone entonces un diálogo ecuménico, con una fuerza política mayúscula, pues está investido de una legitimidad que rebasa con mucho a la mayoría de los liderazgos nacionales y regionales que existen en este momento, en el que no hay país del mundo en el cual la clase política goce de buen nombre y prestigio.

En este contexto, el INEGI dio a conocer los resultados de la Encuesta Intercensal 2015. En ella se muestra que en al menos el 10% de los hogares se ha vivido hambre en los últimos tres meses; y que en 19.3% de los hogares donde hay niñas, niños y adolescentes, éstos han padecido hambre al menos una vez al día.

Se dice que la visita del Papa Francisco a México es de corte pastoral, pero no hay integrante de la clase política que no esté buscando tomarse una foto cerca del Pontífice, o tener incluso uno o dos minutos para hablar con él. Así que no nos engañemos: con la agenda del hambre pendiente de nuestro país, y con el nivel de discurso crítico del Vaticano respecto del modelo de desarrollo.

Águila o Sol

De: Prof. Monjardín

La elección que viene

Los gobernadores priistas mantuvieron al tricolor como protagonista central del quehacer  político durante los doce años de administraciones panistas. Contra lo que pensaban politólogos encumbrados, el PRI no se disolvió  cuando perdió la Presidencia de la República.

Esos analistas tenían argumentos de peso y comparaciones históricas con, por ejemplo, los grandes partidos de Europa del  Este, que una vez fuera del poder  se pulverizaron. Para sorpresa de muchos no ocurrió  así con el PRI, que en el 2000, con el triunfo de Vicente Fox, y sobre todo con el apretadísimo triunfo de Felipe Calderón sobre López Obrador, asumió un posición de responsabilidad democrática que muy pocos de  esos analistas le reconocieron, pero que fue clave en la  transición mexicana hacia un régimen de partidos democrático.

Quienes presumían de conocer las entrañas del partido que generó al ogro filantrópico, el que construyó  la dictadura perfecta, quedaron sin palabras. Su silencio  fue por demás elocuente.

Por un tiempo pareció que  derecha e izquierda darían lugar en México a un régimen  bipartidista, similar al de España, pero no. Los priistas  fueron interlocutores válidos de los gobiernos panistas  en el Congreso de la Unión. Beltrones fue la voz del PRI en el Pacto federal desde el Senado durante todo  el sexenio de Calderón, y los gobernadores mantuvieron  vigente la esperanza de volver a Los Pinos. El caso más notable fue el del gobernador del Edomex, Enrique Peña Nieto, quien desde que llegó al palacio de gobierno  de Toluca puso la vista en Palacio Nacional, y ahí está.

Señalo lo anterior porque es importante tener presente que las gubernaturas, trece de las cuales estarán en  juego el año que entra, doce regulares y una, la de Colima, extraordinaria, son vitales para el PRI, incluso  más allá de lo que pase en el 2018. No se pueden tratar  como elecciones de segundo nivel, son prioritarias.

En  la elección de junio pasado, el PRI perdió las gubernaturas de Querétaro, Michoacán y Nuevo León en las  que era gobierno. Golpes muy fuertes. Desde luego que las va a extrañar muchísimo en los próximos años.

En el 2016 el partido en el poder tiene que hacer un esfuerzo supremo para no perder más plazas. Su objetivo central es conservar el poder donde lo tiene y si puede arrebatarle algo a la oposición, pues estupendo.

Todos los estados son  iguales, pero hay unos más iguales  que otros. Veracruz y Puebla concentran, entre los dos,  diez millones de votos, sobra decir que se trata de entidades en las que vale la pena trabajar, de hoy y hasta  la elección, las 24  horas del día los 7 días de la semana.

En ninguna de las dos la tiene fácil. La tradición  priista en Veracruz es añeja, pero la circunstancia actual es particularmente compleja, con un gobernador  permanentemente cuestionado y una clase política  local en efervescencia,  desbocada, golpeadora.  En Puebla el PRI enfrenta  un obstáculo enorme: Rafael Moreno Valle que  quiere ser presidente y antes claro candidato del PAN. Para poder jugar tiene una condición: ganar  en Puebla.

El PRI puede  recuperar el gobierno de  Oaxaca, ya que la gente  quedó curada de espantos con la coalición PRD-PAN y sus secuaces en la Sección 22. Quintana Roo es  el estado líder en materia  turística en América Latina. Es una mina de oro. Los perredistas la tuvieron,  era suya y la dejaron ir por  corruptelas  e ineficacias.  Roberto  Borge  puede  tener la  sangre pesada, pero  de que le sabe a la competencia electoral, no hay la menor duda. Sabe ganar, hay que escucharlo.

Tristes cifras

El Instituto Mexicano para la Competitividad A.C. (IMCO) analiza la corrupción en México.En  su reporte (imco.org.mx) demuestra el peso específico que tiene la corrupción para que la economía continúe sin crecimiento alguno, para que la prosperidad no llegue a los hogares y, por ende, el País tampoco puede fincar su crecimiento en la economía interna.

Sobra decir que en desarrollo social es mucho lo que se dice que se gasta, más no se invierte. Dejémonos de limosnas y dádivas a clientelas partidistas. Hay que desarrollar y capacitar a comunidades productivas sustentables. IMCO analiza la corrupción en México y señala con un título demoledor: “Transamos y no avanzamos”.

Señala que la corrupción se manifiesta en Alabama y en Beijing.  Van del gabinete presidencial en Brasilia a la familia real en Madrid. La diferencia con México es que aquí los escándalos no tienen consecuencias en los tribunales. Aquí la impunidad es la regla, no la excepción. Nadie va a la cárcel.

México se ubica entre los 20 países del mundo donde los servidores públicos son más corruptos, según el Índice de Estado de Derecho del World Justice Project.

Podríamos decir que el peor verdugo de los emprendedores es la corrupción “institucional”. Las pequeñas y medianas industrias (Pymes) generan el 52 por ciento del producto interno bruto (PIB) y el 72 por ciento de empleos formales.

Para nacer, una pequeña o mediana industria tiene que desembolsar por lo menos el 20 por ciento de los recursos que un proyectista baje del Gobierno, así como sobrevivir a la petición de sobornos para obtener cada permiso.

Cientos de talentosos jóvenes mexicanos tienen visión empresarial, están listos para identificar situaciones en los que pueden entrar en acción y crear empresas para hacer una diferencia positiva en la vida de la gente.

Los que ya aprendieron a pensar, a ser creativos, resolver problemas y a construir proyectos con ingenio innovador, no merecen morir en la red de tráfico de influencias que es la fosa común donde van a dar miles de proyectos viables.  Como en todas las fosas clandestinas, reina la impunidad “institucional”.

Tomemos ejemplo

Los resultados electorales del pasado día 20 de diciembre en España reflejan una fuerte caída del Partido Popular y del Partido Socialista Obrero Español y han dejado un panorama muy complejo para la integración del próximo gobierno. En nuestro País, es importante prever los escenarios que podríamos tener en 2018 a raíz de algunas de las figuras que se introdujeron a nuestra Constitución en la última reforma político-electoral.

España y México compartimos historia, lenguaje, cultura, amistad y tradición política. La transición española a la democracia siempre ha sido vista como un referente en nuestro País. Muchos de quienes participamos en la lucha por la democracia desde hace ya varias décadas, hemos visto con admiración cómo España logró transitar hacia una democracia vigorosa y pluralista de manera pacífica y exitosa. Y hemos tratado, con sus debidas diferencias, de aplicar muchas de las lecciones españolas al caso mexicano.

México vive hoy en democracia. El pluralismo, las libertades políticas, los derechos humanos y la competencia electoral son la norma que nos debemos proponer, mantener y fortalecer. México enfrenta nuevos desafíos en su devenir democrático que pueden resumirse a modo de pregunta: ¿Cómo mejorar la representación política y la calidad de la democracia? Hace un par de años, el Congreso mexicano aprobó una reforma político-electoral que atiende aspectos clave de esta pregunta.

Buscando una relación más eficiente entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo, se han creado nuevas facultades al Presidente de la República para, en caso de así decidirlo, formar un gobierno de coalición con cualquiera de los partidos políticos representados en el Congreso.

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