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Un gran reto para el INE

Opinión-colorErick Zúñiga

Hay un reto del INE en este proceso electoral en curso que podría llamarse tradicional pero no por ello menor. Lo llamo también “de ejercicio”, pues no necesariamente se relaciona con las reformas constitucionales y legales recientes pero que para el IFE fueron permanentes, complejos y peculiares, y precisamente por ello no pueden dejar de calificarse así para el INE.

Se trata del Registro Federal de Electores (RFE). El voto, para ser eficaz, debe partir de una herramienta fundamental: la lista de los que tienen derecho a ejercerlo. No es un simple listado de interesados en votar; es nada menos que el catálogo de ciudadanos que gozan de la franquicia del sufragio y por ello, las fuerzas políticas, sus candidatos, los medios de comunicación, el gobierno, el registrador y los propios registrados tienen especial interés en su salvaguarda.

Encima, son indispensables instrumentos que permitan identificar con toda claridad a los registrados. Es decir, que a cada registrado corresponda un único espacio en la lista; que podamos saber si todos en la lista son quienes decimos ser.

Los listados electorales son, en efecto, los cimientos de todo el edificio comicial. De la confiabilidad, precisión y calidad del registro dependen en México el número de boletas y actas, la cantidad y ubicación de las casillas, el tamaño y número de los distritos, el número de capacitadores electorales, el registro de nuevos partidos, la ratificación o no de los existentes e, incluso, su financiamiento público.

El RFE tiene a su cargo el Padrón Electoral, la Lista Nominal de Electores y la permanente actualización y depuración de ambos. Con corte al pasado 16 de enero, Padrón y Lista contaban con alrededor de 87.2 y 81.9 millones de registros, respectivamente. Se trata del área más grande de la institución.

Ninguna otra tiene más personal permanente por todo el país ni ninguna otra absorbe alrededor del 50% del presupuesto base del INE.

Es responsable, además, de la expedición y sustitución de la credencial electoral, que no sólo funciona como acreditación oficial para poder votar, sino que es el único documento formalmente reconocido por instancias del Estado mexicano y del sector privado como eficaz para comprobar ciudadanía.

Finalmente, el RFE no es una responsabilidad tecnológica; es en realidad una instancia política. En efecto, en su seno se encuentra la Comisión Nacional de Vigilancia (CNV), que es el único órgano colegiado de todo el IFE en el que los partidos políticos nacionales cuentan voz y voto pero además, con mayoría.

Si, se integra por representantes de las diez fuerzas políticas mexicanas y sólo dos funcionarios del IFE: el director del RFE y el Secretario de la Comisión, de los que solo el primero tiene voto.

La CNV despliega labores permanentes de supervisión sobre algunos de los más importantes programas y procesos del RFE y, al proponerlos, conocerlos, modificarlos y/o aprobarlos, los partidos imparten una muy expresa legitimidad al trabajo registral del INE. Por lo tanto, la gobernabilidad de este órgano de vigilancia es de fundamental importancia.

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