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Nueva terapia génica ayuda a recuperar latidos cardíacos saludables tras infarto

La complicación más común y potencialmente letal después de un ataque cardíaco es la incapacidad del corazón para realizar uno de sus trabajos más básicos: latir con un ritmo normal.

Después del infarto de miocardio, las células musculares del corazón son reemplazadas por fibroblastos y nuevos vasos sanguíneos, que no pueden conducir electricidad y dejan al corazón susceptible a taquicardia ventricular, una frecuencia cardíaca excesiva capaz de provocar la muerte súbita. Estas células no cardíacas interrumpen el patrón normal de conducción eléctrica que es crítico para un bombeo efectivo. Si hubiera una manera de hacer que estas células fueran eléctricamente activas, el bloqueo de conducción podría ser salvado hasta cierto punto, y se reducirían, en gran medida, las complicaciones peligrosas post-infarto.

Michael Kotlikoff, rector de la Universidad de Cornell, en Nueva York, Estados Unidos, y profesor de fisiología molecular, es parte de una colaboración internacional que busca cerrar esa brecha en los corazones dañados con un enfoque simple de terapia génica.

Los resultados de este trabajo se publicaron recientemente en la revista Nature Scientific Reports. El equipo fue dirigido por Bernd Fleischmann, profesor y presidente del Instituto de Fisiología de la Universidad de Bonn, con quien Kotlikoff ha colaborado durante casi 30 años.

Su investigación demuestra una reducción drástica de las arritmias posteriores al infarto en ratones después de la transferencia de un solo gen, Connexin43, que conecta eléctricamente las células no excitables con las células cardíacas no dañadas.

“Creamos un puente para la señal eléctrica“, señaló Fleischmann. “Sospechamos que funcionaría. Sospechamos que las células que estábamos instalando funcionaban de esta manera, pero es realmente emocionante“.

Pese a la emoción del grupo por dicho logro, este enfatizó que la realidad es que se trata de corazones de ratón con infartos inducidos de forma regular, que son fracciones del tamaño de los que ocurren en humanos. La diferencia espacial, dijo Kotlikoff, no es trivial.

“Si esto funcionará en humanos, o incluso en animales más grandes, sigue siendo una incógnita, y mis colegas en Alemania están persiguiendo esto“, apuntó Kotlikoff.

Aún así, dijo que lo más emocionante de esto es la facilidad con la que podría realizarse el procedimiento, si las pruebas en animales más grandes resultan exitosas.

“Podría ser un procedimiento médico muy simple“, resaltó Kotlikoff. “Uno podría imaginarse un procedimiento relativamente no invasivo en el cual el gen se introduciría a través de un catéter, lo que daría como resultado una protección a largo plazo“.

 

Vía: EurekAlert! – American Association for the Advancement of Science

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