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No tienen remedio

 

OpiniónErick Zúñiga

La mezquindad de los integrantes de la clase política, entregados a la grilla, el futurismo y la disputa por el poder y el dinero dentro de los partidos, en medio de un cúmulo de problemas sociales, a cual más agudo, justifica desempolvar la sentencia del clásico: “¡No tienen remedio!”.

Las dificultades económicas de la gente, el aumento del hambre, la densa corrupción, la creciente inseguridad pública, la fragilidad de hojaldre del piso de los penales, las dudas en torno de la actuación de instituciones como las Fuerzas Armadas, intachables en la teoría y el discurso, y la persistente violencia con expresiones de barbarie, nada de eso parece importarles a esos señores, entregados como están a tan madrugadores como absurdos cálculos rumbo al 2018.

¡Y luego se alarman los políticos profesionales por la justa reacción de un electorado hastiado y bronco, aunque desprevenido y maleable a intereses de candidatos dizque independientes que les regatea el voto!

Las cúpulas de las tres principales formaciones están dedicadas a tratar de determinar cómo incidirán en la relación de fuerzas, grupos, facciones, tribus, caciques e influyentes personajes de todo pelambre los cambios de dirigentes, y, desde luego, revisar de manera absurda y prematura la caballada.

A la luz de encuestas de medios asimismo desenfocados de los problemas sociales más acuciantes, los políticos ya saben que la cuadra está encabezada por un Andrés Manuel López Obrador muy adelantado (42 por ciento), seguido por Margarita Zavala, Miguel Mancera, Jaime Rodríguez y Miguel Ángel Osorio Chong, y más atrás y jadeando Eruviel Ávila, Luis Videgaray, Gustavo Madero, Manlio Fabio Beltrones, Rafael Moreno Valle y Manuel Velasco.

A riesgo de hacerles el juego a quienes comen ansias y soslayan que para llegar al 2018 aún resta pasar una renovación de gabinete, un ajuste en materia de equidad de género y el 2016, cuando serán remozadas doce gubernaturas, debe decidirse que a la luz de lo que ejercer la Presidencia y gobernar significa en nuestro medio, no se trata precisamente de una caballada flaca, aunque tampoco descuella un purasangre.

La mayoría de los jamelgos están derrengados o afectados por enfermedades causadas por diversos virus y bacterias, algunas transmitidas vía sus relaciones y vínculos con políticos otrora poderosos, de pésima fama pero renuentes a salir de la escena, como si se tratase de garrapatas enquistadas durante lustros en la dura piel de los equinos.

Baste decir que el cuaco puntero semeja un caballo viejo y cansado, dañado del corazón, y que el más ovacionado por estos días —dada su inminente llegada al liderazgo del partido en otro tiempo virtualmente único— tiene grabado como una matadura, desde 1988, el fierro que determina de modo inconfundible su identidad y pertenencia al grupo de peor fama entre los suyos.

Quedan por consumarse aún muchas cosas en el camino de la sucesión presidencial, que los más acelerados ya tienen resuelta desde ahora, olímpicamente ajenos a las necesidades más apremiantes de la población.

Por principio de cuentas, quiénes serán los nuevos dirigentes del PRI, PAN y PRD y cuál será su desempeño en 2016, y por lo mismo, cuáles sus fortalezas o debilidades a la hora de escoger abanderado presidencial.

Si los ciudadanos suponían que los políticos sólo piensan en sus intereses cuando más deberían aplicarse a las nobles tareas de su oficio y por ahora pierden el tiempo en las cábalas, la realidad ha venido a darles patentemente la razón.

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