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Nicolás Maduro habla junto a su esposa Cilia Flores, este domingo.

Nicolás Maduro se reeligió este domingo hasta 2025 al frente del Gobierno de Venezuela con una abstención récord en unas elecciones presidenciales celebradas en ese país. Según los datos oficiales, difundidos por el Consejo Nacional Electoral, la participación alcanzó el 46%, aunque fuentes del organismo citadas por Reuters aseguran que al cierre de los colegios electorales, a las seis de la tarde, se situaba en el 32,3%. En las últimas presidenciales, celebradas en 2013, acudió a las urnas casi el 80% del censo. En esta ocasión, en cambio, ni siquiera se podía hablar de unos comicios en paridad de condiciones, ya que los principales partidos de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), ahora agrupados en el Frente Amplio, rechazaron la cita por carecer, aseguraron, de garantías democráticas. El único adversario real de Maduro -quien según la autoridad electoral ganó con casi seis millones de votos- era Henri Falcón, que obtuvo 1,8 millones de apoyos y desconoció públicamente los resultados denunciando irregularidades.

El mandatario había lanzado una advertencia a los venezolanos. “Votos o balas”, enfatizó por la mañana tras acudir a su colegio electoral, en el oeste de Caracas. El sucesor de Hugo Chávez trataba de conjurar la abstención. Tras difundirse los resultados salió del palacio de Miraflores y compareció antes miles de seguidores. Habló de “victoria popular permanente”, destacó el margen con el que se impuso a Falcón -un 67,7% frente al 21,2%- y llamó al diálogo.

Maduro, que fue felicitado el lunes por el presidente ruso Vladimir Putin por su reeleeción, recalcó el acento en el carácter “histórico” de la jornada. No obstante, a lo largo del día, decenas de colegios electorales, incluso en los barrios populares, lucían semivacíos, cuando es habitual ver las aceras de Caracas ocupadas por largas colas de venezolanos a la espera de votar. También ocurría en Petare, con un alto porcentaje de militantes y simpatizantes chavistas y uno de los más poblados de la ciudad. “Me dijeron que hiciera la cola del carnet de la patria [un sistema que utiliza el Gobierno para tener un segundo registro de la participación] luego que votara y vine. Voté voluntariamente por Maduro. Creo en él porque yo espero que solucione la situación del país. Todo lo que ha pasado es culpa de la guerra económica”, mantenía uno de los escasos electores a esas horas, adhiriéndose así a la retórica utilizada por el oficialismo para justificar una hiperinflación que, según el Fondo Monetario Internacional, puede llevar a que los precios suban un 1.800.000% en dos años.

Ese es el argumentario exhibido por los aparatos del Estado. “¿Quién fue el gran derrotado de hoy? La abstención. Dijimos que la votación de hoy pasaría a la historia como una votación antiimperialista”, aseveró la presidenta de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), Delcy Rodríguez. Horas antes, Neisa Calderón, pensionista de 65 años, exigía en cambio un giro profundo y se lamentaba de los procedimientos de control de la población instalados por las autoridades: “No sé por qué debo registrarme para el carnet de la patria, pero lo hago porque así creo que se puede validar mi voto. Voté porque quiero que cambie la situación en Venezuela. De otra manera no hallo cómo hacerlo”.

Movilizar militantes

Los cerca de 20 millones de ciudadanos inscritos en el censo se debatían entre votar y desconocer esta convocatoria como pedían, por ejemplo, las formaciones de los líderes opositores Leopoldo López (Voluntad Popular) y Julio Borges (Primero Justicia). De ahí que Maduro hiciera su llamamiento a primera hora, tratando de infundir miedo en la población y agitando el fantasma del enemigo exterior.

“Que digan lo que quieran de mí, pero es una ofensa al pueblo de Venezuela decir que aquí hay una dictadura”, afirmó. “Hoy Venezuela con este proceso electoral se encamina a una etapa de estabilidad política, estoy seguro, lo siento, lo veo. Llamo a todos los venezolanos, a todas las venezolanas, tu voto decide, voto o balas, patria o colonia, paz o violencia, independencia o subordinación”, continuó el mandatario. En medio de informaciones sobre una baja afluencia a las elecciones, Maduro hizo también una aparición por Facebook Live para solicitarle a su comando de campaña que garantizara el transporte de la militancia hacia las mesas de votación.

El presidente quiere usar los resultados para apuntalar su poder, aprovechando un sistema que basa su fortaleza electoral en las redes asistenciales. Ese era la meta central del chavismo, que convocó estas elecciones a principios de año con unas reglas del juego que, según la gran mayoría de la oposición, favorecen a las autoridades. En este contexto, millones de venezolanos, la mayoría, decidieron no participar. Otros votantes críticos con el oficialismo, en cambio, optaron por apoyar a Henri Falcón, el único competidor de peso, con la esperanza de visualizar un quiebre del régimen.

Los resultados de la votación, que están rodeados de denuncias de irregularidades y sospechas de fraude, muestran el alcance de la deriva de Venezuela, sumida en una terrible crisis económica, pero la participación más baja de la historia del país refleja también el respaldo de los planteamientos de la oposición. “A los venezolanos les imploro que no caigan en la desmoralización. Hoy Maduro es más débil que nunca antes. Estamos en la fase final de un ciclo trágico para nuestro país. Ha quedado expuesto y el mundo desconocerá el fraude hoy”, escribió Julio Borges en su cuenta de Twitter.

Este lunes se conocerán también las reacciones de las principales instancias de la comunidad internacional, muy críticas con esta convocatoria, con la Unión Europea, Estados Unidos y las potencias de América Latina a la cabeza. La Administración de Donald Trump reiteró que no piensa reconocer los resultados. El subsecretario de Estado de EE UU, John Sullivan, insistió en ello. “Tenemos que asegurarnos de que nos mantenemos en nuestro objetivo, que son los cargos corruptos del régimen, y no el pueblo de Venezuela”, afirmó.

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