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Nada que informar

Opinión-colorEstamos a escasos días para que el presidente Enrique Peña Nieto rinda su Tercer Informe de Gobierno a los mexicanos y el panorama es claro: los resultados que entregará serán escasos, magros. Por esta razón, los esfuerzos del gobierno federal se concentrarán en convencer a la población de que estamos mejor que antes; el problema es que la gravedad de la situación que vivimos es tal, que no se solucionará con una campaña con motivo del Informe.

Para dimensionar el problema que enfrentamos como país, solamente basta con analizar dos ejes: los niveles de pobreza y la economía.

De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) una persona se encuentra en situación de pobreza si tiene o presenta al menos una carencia social dentro de los seis indicadores: rezago educativo, acceso a servicios de salud, acceso a la seguridad social, calidad y espacios de la vivienda, servicios básicos en la vivienda y acceso a la alimentación.

Si tiene dos carencias en estos indicadores su situación de pobreza es grave, pero si presenta tres o más estamos en casos de pobreza extrema o de miseria. Por esta razón unas son las cifras de la pobreza y otras las de la pobreza extrema; no obstante, en todos los casos hablar de pobreza en México es indignante.

Al término de 2014, la población mexicana ascendía a 119 millones 715 mil personas. De acuerdo con el último informe de Coneval, dado a conocer en julio pasado, el 46 por ciento de esta población es pobre. La pobreza pasó de 53.3 millones en 2012 a 55.3 millones en 2014. El aumento fue de dos millones de nuevos pobres. Entonces ¿dónde está la reducción de la pobreza?

Y no hay tal reducción de la pobreza, así lo señala el secretario Ejecutivo del Coneval, quien —en su comparecencia ante la Comisión Permanente del Congreso de la Unión— afirmó que de los 55.3 millones de pobres en el país, el 11.4 por ciento está en una situación de pobreza extrema, lo que se debe a que los programas sociales, desde 1992, están sujetos al desarrollo económico del país.

Además precisó que de 1992 a 2014 la pobreza en México es prácticamente la misma y recalcó que si la situación económica de México no mejora, la tendencia no cambiará e incluso se incrementará.

La economía es el otro eje. De acuerdo con datos de la Cepal, en el contexto de las economías de América Latina, la economía mexicana se ubica en el escalón número 19, de 33 posibles, por debajo de economías como la de Haití.

Para las autoridades mexicanas, la economía crece, aunque sea al 0.5 por ciento en comparación con el año anterior. Cabe destacar, para la euforia de las autoridades mexicanas, que en la última década, el avance promedio de la economía latinoamericana y caribeña ha sido mayor, en tres tantos aproximadamente, con respecto al de la mexicana.

El pasado lunes 24 de agosto vivimos el llamado “Lunes negro”. El petróleo –la principal fuente de ingresos para el gobierno mexicano– se cotizó en 33 dólares por barril, mientras que el dólar rebasó la barrera de los 17 pesos y continúa la tendencia a la alza. Las estimaciones de crecimiento para este año se volvieron a ajustar a la baja y parece que así continuaremos, con un crecimiento mínimo.

Mucho podrá argumentar el gobierno federal que las reformas se hicieron con una visión de futuro; pero en el presente, estamos viviendo una situación delicada que además amenaza con agravarse para el 2016. Entonces, ¿cuándo se hará realidad ese futuro?

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