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Muere a los 90 años la dramaturga y crítica Olga Harmony

Ciudad de México. La dramaturga, docente y decana de la crítica teatral en México, Olga Harmony, falleció este domingo a la edad de 90 años.

Los restos de la escritora galardonada con el Premio José Revueltas (1979), serán velados en una funeraria ubicada en la colonia Juárez.

“Ser imparcial, más no objetiva”, fue el principio de su trabajo como crítica de teatro, cuya labor se inscribe junto a personajes como Manuel Gutiérrez Nájera, Ignacio Manuel Altamirano, Luis Reyes de la Maza o Jorge Ibargüengoitia. Durante más de 70 años, “la Harmony”, como se le llamaba familiarmente en el ámbito teatral, se reconocía a sí misma como “una espectadora con voz que exige calidad”.

Sus opiniones, lo mismo llegaron a provocar encono en quienes se sentían agraviados por sus juicios, que reconocimiento, por la sólida formación que la respaldaba.

Su crítica, aún cuando generaba diferencias de opiniones, fue reconocida por la comunidad teatral, como incisivo y generoso, reflexivo y claro, riguroso y honesto.

Su labor la llevó a ser distinguida, en noviembre de 2002, con la Medalla del INBA por “su obra en beneficio de la reflexión y del desarrollo de la actividad teatral” y en noviembre de 2010, recibió la medalla Xavier Villaurrutia, en el marco de la Muestra Nacional de Teatro, de ese año.

Para algunos creadores escénicos de distintas generaciones, era enorme la influencia que ejercía Olga Harmony. “A tal punto que, a veces en los ensayos, cuando un actor se sale de su marcaje, bromeamos: ‘¡Cuidado! Ahí está la maestra Harmony, puede parecer un chiste, pero ella está ahí, con nosotros, desde los ensayos”, expresó en cierto momento el director teatral Martín Acosta.

Olga Harmony, fue hija de emigrantes europeos, nació en la ciudad de México el 23 de abril de 1928. Estudió filosofía, psicología y teatro en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Durante varias décadas ejerció la docencia del arte teatral en la Escuela Nacional Preparatoria y de 1970 a 1971 en la Escuela Nacional de Artes Dramáticas de la Habana. Junto con otros creadores escénicos, instituyó la Academia Mexicana de Arte Teatral, la cual, de acuerdo con Harmony, no contó con el suficiente apoyo de la comunidad para su consolidación.

Fue colaboradora en distintos periódicos de circulación nacional y fue fundadora y articulista del diario La Jornada.

Se han puesto en escena sus obras: Teresa entre los cuerdos, Nuevo día, El lado humano, El día del maestro, El diosero y La ley de Creón, por la que fue distinguida en 1984 con el Premio Juan Ruiz de Alarcón, a la mejor obra de estreno nacional, así como El cuento de Manolo, ganadora del Premio José Revueltas en 1979. Y es autora de la novela Los limones.

Algunos ensayos suyos se encuentran en el volumen Escenarios de dos mundos, (Carlos Morales comp.), Madrid, 1987, y entre otros trabajos, realizó fichas de teatro para Theatre Companies of the world, University of Kansas, 1986.

A Olga Harmony le tocó ver obras con escenografías de papel y con la “concha” donde se ubicaba el apuntador, obras cuyas protagonistas eran las hermanas Blanche, quienes hacían un teatro a la española y tenían un estreno cada semana.

“Eran épocas que la gente joven no se puede imaginar. Al teatro íbamos en bola, pero al entrar nos dividíamos, las muchachas nos sentábamos abajo y los muchachos arriba”, llego a recordar la articulista de La Jornada.

De igual manera, Harmony vivió la proliferación de los teatros llamados “de bolsillo”, como el Arcos Caracol. En cierta ocasión -recordó con humor la también dramaturga- que Salvador Novo decía que ese teatro tenía el vestíbulo más grande del mundo, porque para salir a fumar había que salirse a la calle.

Harmony vivió también de cerca uno de los movimientos artísticos que marcarían el devenir cultural de nuestro país: Poesía en Voz Alta, en la Casa del Lago. Opinó también sobre ”el pleito” que durante muchos años hubo entre dramaturgo y director, polémica que buscaba resaltar quién es el creador fundamental de una puesta en escena.

Harmony fue testigo del surgimiento y desarrollo de diversas generaciones de teatreros, desde los dramaturgos conocidos como de la Nueva Dramaturgia, hasta los llamados ”directurgos”, que escriben y dirigen sus obras, y los ”narraturgos” o teatro narrativo, que a decir de la especialista, ”es una moda que viene de Alemania, aunque no hay nada que envejezca más pronto que las vanguardias”.

Parte de sus reflexiones fue señalar las cuestiones y obstáculos que afectaban al arte teatral. Deploraba que el gremio “estuviera muy desbalagado y no peleará por sus derechos”. Causa de ello, decía, son las pocas oportunidades, la falta de espacios y las crisis económicas”.

La crítica de teatro, dejo testimonio de su larga trayectoria en el volumen Memorias: Olga Harmony (Ediciones El Milagro) en el que mediante una serie de conversaciones con el creador escénico David Olguín, la dramaturga, novelista y cuentista habla lo mismo de los primeros recuerdos de su niñez que de la manera en que vio desarrollarse el teatro en México.

Uno de los libros en el que se compila su labor como articulista es Ires y venires del teatro en México (1996). Fue por su conocimiento y experiencia que se le consideró decana de la crítica teatral, “memoria del teatro mexicano”.

Queda en la memoria de muchos, la asistencia de Olga Harmony a una obra de teatro, siempre era esperada, no sin cierta emoción e incertidumbre. Cuando eso ocurría, siempre se escuchaba atrás del telón: “Hoy, vino Olga”.

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