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Muchos perdieron ganando

Opinión-colorErick Zúñiga

Es momento de hacer las primeras cuentas acerca de la jornada electoral del domingo, recordando que quien se equivoca en el análisis, también lo hace a la hora de hacer política. Utilizaremos el estilo tradicional de ganadores, perdedores y todo lo contrario.

En la columna de ganadores hay que poner en primer lugar al caudillismo. Luego a algunas figuras partidarias, a los independientes, a un partido nuevo y al INE.

Ganaron tres caudillos importantes: uno que no tiene vehículo partidista, otro que lo tiene prestado y un tercero que es dueño absoluto de ese vehículo. El Bronco Rodríguez, Enrique Alfaro y Andrés Manuel López Obrador, respectivamente.

El Bronco supo aglutinar el descontento en Nuevo León, y jugar también con los elementos culturales identitarios de los neoleoneses (“la raza paga… la raza manda”), pero para nadie es secreto que contó con el apoyo de importantes grupos industriales (“retardatarios”, los llamó Diego Fernández de Cevallos, que algo ha de saber), molestos con la reforma fiscal de Peña Nieto.

El electorado todavía tiene cierta fascinación con las figuras mesiánicas, los hombres elegidos para guiar, ellos solos, a las grandes masas.

Hubo ganadores netos dentro de los partidos tradicionales, pero lo fueron a título individual o de grupo. Uno es Silvano Aureoles, concertador y cardenista, quien se convierte de golpe y porrazo, tras su clara victoria en Michoacán, en la figura ascendente dentro del PRD. Otro es Manlio Fabio Beltrones, que sostuvo contra viento, marea y fuego amigo, la candidatura de Claudia Pavlovich en Sonora, y resultó la única capaz de quitarle una gubernatura al PAN.

Ganaron también varios candidatos independientes (o semi), que demostraron que el hartazgo hacia la clase política es real (Kumamoto, Clouthier, Cuauhtémoc Blanco). Y mantuvo su registro, contra todo pronóstico, Encuentro Social (tal vez El Bronco quiera manejar ese nuevo vehículo).

Ganó, finalmente, el INE de Lorenzo Córdova, que no perdió los estribos ante las filtraciones, ni ante los amagos de violencia y que respondió con profesionalismo. Tener a las 11:30 de la noche resultados y posible conformación del Congreso es un récord.

Entre los que perdieron ganando destacan el presidente Peña Nieto, el PRI y su aliado principal, el PVEM. También hay que incluir al PAN.

El PRI fue claramente el partido más votado en el país, y el que más gubernaturas ganó, más allá del fuerte batacazo en Nuevo León. Podría armar numéricamente una mayoría en San Lázaro, con relativa facilidad. El problema para el tricolor, y para el presidente Peña Nieto, es que una mayoría simple no basta, porque sería vista como imposición, y rehacer pactos legislativos no será tan sencillo, con el PAN y el PRD en necesario proceso de revisión de estrategias.

Entre los perdedores hay que contar al PRD, al voto duro, a los analistas y a los violentos.El PRD pagó muy caro lo sucedido en Iguala. Las colusiones detrás de ese hecho fueron capaces de borrar un buen trabajo legislativo de la bancada saliente y una serie de iniciativas sociales. A ello también contribuyeron una fuerte campaña en contra de parte de Morena y la mala administración de algunos jefes delegacionales en la capital.

El famoso voto duro contó menos de lo que se esperaba. Cada vez cuentan menos los aparatos. Los votos nulos fueron los de siempre, y el sistema volvió a absorberlos.Otro gran perdedor, y qué bueno, es el grupo de violentos que intentó sabotear el proceso electoral. Los mexicanos votaron más que en las tres elecciones intermedias anteriores, se instalaron casi todas las casillas y lo único que consiguieron los saboteadores fue el aislamiento político.

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