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“Mi nueva vivienda se ve chistosa, pero es mía”

ASUNCIÓN IXTALTEPEC, Oax., (EL UNIVERSAL).- Teresa Guzmán Antonio ve con asombro la que será su nueva casa, pero no por su forma, sino porque seis meses después de los sismo de septiembre por fin recuperará su techo y dejará de vagar de casa en casa.

A pesar de ello, hay que aceptar que sí, la nueva vivienda de Teresa es rara. Su forma es similar a los iglús de los esquimales o a las cúpulas de las mezquitas que se levantan en el desierto. Aunque la mayoría coincide en que la nueva casa de Teresa Guzmán Antonio más bien se asemeja a un panal.

La casa que roba todas las miradas se levanta en Ixtaltepec, sobre lo que fue una vivienda tradicional, y se distingue porque es diferente al resto de las casas que construyen los vecinos damnificados.

Filiberto Lara, ingeniero civil responsable de la obra, afirma que su “rareza” se debe a que se trata una casa resistente a sismos, elaborada con superadobe, un material inventado en los años 80 por el árabe-iraní Nader Khalili. La forma está inspirada en los silos de granos, comunes en Zacatecas.

Entre las virtudes de este prototipo de casa-panal está su bajo costo, pues se elabora con la misma tierra del lugar, reforzada con cal. Esa tierra debe tener entre 10 y 30% de arcilla para que al mezclarse con la cal se convierta en roca en dos meses.

Para la casa de Teresa, por ejemplo, se compraron nueve camiones de tierra por 8 mil 100 pesos; pero quien posee terrenos arcillosos pueden ahorrarse esa inversión. Además, las casas son resistentes a sismos, pues al no tener esquinas las ondas sísmicas no se concentran en ellas, como en las viviendas con formas cuadradas.

Bioconstrucción solidaria. La casa de Teresa tiene un domo central de cinco metros de diámetro que sirve como sala-comedor, dos domos más de tres metros y medio que sirven de cocina y baño, respectivamente, y un domo de cuatro metros para la recámara. En total, la casa mide 49 metros cuadrados y en el exterior son 70 metros cuadrados de construcción.

Para lograr la peculiar forma de cono se aprisionan, uno a uno, largos sacos rellenos de la arcilla con cal. Su grosor debe ser de entre 40 y 50 centímetros. Esa arcilla, además, ayuda a aislar el calor.

“Esta casa no la tira ni un terremoto, sólo una bomba. Es barata, si se ahorra el material, y se cumplen los tiempos de construcción de dos meses”, dice el ingeniero.

Para levantar la casa de varias cúpulas de Teresa se gastaron unos 150 mil pesos, pues aunque la construcción es económica, la escasez de mano de obra obligó a los constructores a traer trabajadores de Veracruz, por lo que “no se pudo ahorrar nada”, explica Filiberto.

Esta vivienda es la primera del proyecto Recuperando MX917, liderado por el Nodo Zacatecas de la Red Global de Talentos MX, que concentra los esfuerzos de mexicanos exitosos radicados en el extranjero, sobre todo de oaxaqueños que radican en Houston, Minnesota, y Silicon Valley, en Estados Unidos, así como Suiza y España.

Teresa, específicamente, está siendo apoyada por el especialista en informática Luis Daniel Beltrán Girón, encargado del Nodo Zacatecas, y quien está financiando casi toda la vivienda, pues se interesa en apoyar una reconstrucción sustentable, mediante procesos como la bioconstrucción, permacultura y autoconstrucción.

“Nayahuini/Se ve chistoso”, es lo primero que dice Teresa sobre su casa, a lo que de inmediato agrega “pero es mío”. La mujer se emociona al mostrar los rincones de esa casa “rara” que le fue donada por oaxaqueños exitosos que ayudan al pueblo con lo que poseen: conocimientos y recursos.

En Juchitán, palacio espera remodelación

El palacio municipal de Juchitán, el que el cronista Carlos Monsiváis describió en 1983, como un edificio “afanosamente reconstruido”, sigue herido en toda su estructura desde el pasado 7 de septiembre, resistiendo desde entonces más de 15 mil réplicas.

Cerrado al público, pero rodeado de comerciantes de ropa china, el palacio se eleva altivo. Su abandono se ve hasta en los restos de escombros esparcidos frente a los arcos apuntalados que nadie los levanta y en los pedazos de varillas colgadas y en los pocos muebles que siguen tirados en su interior. Los más de mil trabajadores municipales despachan en sedes alternas. Sólo un módulo de la policía está instalado enfrente, en el parque central. En aquel espacio, considerado nido de la lengua materna, sólo se aglutina el polvo, mientras espera una remodelación que no llega.

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