Inicio / OPINIÓN / Mentiras, mentiras, mentiras

Mentiras, mentiras, mentiras

 

Opinión-colorErick Zúñiga  

La mentira en cualquiera de sus expresiones envilece al alma más pura, las intenciones que se buscan para llegar al resultado de un acuerdo personal dejando a un lado el poder de la verdad por el miedo al resultado que de ello se obtenga es insultante para la gente inteligente, que piensa y no olvida su historia.

Mucho se menciona el cambio que puede lograr un pacto que mueva a México y con ello se obtengan los beneficios que el país demanda; sin embargo, poco se reconoce el esfuerzo que muchos desconocidos o grupos hicieron y hacen para que sigamos en movimiento; movimiento que hoy tiene nombre pero que sólo deciden unos cuantos. Olvidamos las luchas y las palabras de democracia que fácilmente se transmiten en arenga, pero que en acciones necesitarían manuales precisos para activarlos.

Se culpa a la política cuando ella no es mala ni buena, es sólo el instrumento para que realicemos con eficacia, honor y ética las demandas que hoy no sólo son voces, se han vuelto gritos que bajo la inercia y la excusa se responsabiliza a una política que poco o nada tiene que hacer.

La política está siempre presente, si es honesta, legítima, responsable, ética o funcional no depende de ella misma, sino de lo que hacen hombres y mujeres en México, bajo las alas de la palabra.

Alentados por la libertad de expresión, pero condicionados a la decisión de la no provocación, extirpamos de la historia la enorme posibilidad de sanear el pasado de un futuro aún no escrito.

Quien bien conoce la historia tiene la responsabilidad de mantener la enseñanza como método de intercambio, sin culpa, sin prejuicios, sin miedo; con la grandeza del agradecimiento y la lucha por el bienestar colectivo.

La verdad está ahí al alcance de nuestros ojos, al alcance del resultado de la vida que añoramos y deseamos.

La verdad no tiene límites, es libre para que sea reconocida y le permitamos, si hoy se encuentra en silencio, darle una voz potente, honorable que sea reconocida si no en el presente, en un futuro que no castigue la debilidad de unos cuantos.

La historia empieza a partir de aceptar la circunstancia vivida y no la impuesta. La historia se hace en el presente para ser reconocida en el futuro. La historia le pertenece a las mujeres y hombres valientes que no cesan en defender sus principios y sus luchas. La historia es sabia cuando la verdad está del lado de la conciencia tranquila y no de la circunstancia. La historia sólo deja de ser historia cuando asumimos el rol que nos toca vivir en el presente, en el ahora.

Las verdades a medias no trazan los caminos, las mentiras a medias son mentiras, mentiras que derrumban los ideales preconcebidos, la mentira sólo sirve para excusar nuestras limitaciones, carencias o debilidades.

El tiempo es el juez perfecto, quien sentencia con sabiduría las acciones y la palabra emitida.

La verdad siempre será juzgada con sabiduría, aunque pase el tiempo, pues en esta vida democrática de pactos y circunstancias, de aciertos y de errores, los profetas de la mentira tienen un sitio privilegiado.

Sin embargo, la verdad se encuentra en un sitio común, sencillo, coloquial. Se encuentra en las mujeres y hombres libres y valientes que iniciaron una revolución de ideales de transformación, utilizando los lápices y los libros como arma contra la ignorancia, como escudo contra la resignación, dejando a un lado la violencia y la descalificación, motivando el agradecimiento y reconociendo que la verdad seguirá siempre haciéndonos libres.

Águila o Sol

De: Prof. Monjardín

Lo que no fue el 2015

En vez de hacer un balance del año o, peor todavía, una perspectiva del que está por venir, podremos ponernos a pensar en lo que no fue y, por lo tanto, no será. Puede ser una buena vacuna contra la malhadada costumbre de simplemente proyectar lo de hoy para un mañana inercial. El futuro no suele ser inercial. ¿Qué mejor manera de especular que a través de la ucronía? La ucronía es una suerte de historia contrafactual llevada a los extremos. La historia contrafactual es el análisis de lo que hubiera sucedido a partir de un cambio en algún momento histórico. Hay varios ejemplos de ella: ¿Qué hubiera sucedido con el PIB de Estados Unidos si se hubiera retrasado la invención del ferrocarril? ¿Cuáles hubieran sido los cambios en la política de haber sobrevivido Kennedy al atentado que acabó con su vida?

Mientras que la primera pregunta puede contestarse a través de corridas estadísticas (y el resultado es apenas un retraso de un par de años), en la segunda cabe más la especulación (y hay libros que suponen su reelección sin problemas y otros que hacen hincapié a una serie de escándalos con los que tiene que lidiar). La ucronía tiene más de ejercicio literario de ficción y termina con la creación de mundos paralelos, que pueden ser muy diferentes del actual, pero —si la ucronía está bien hecha— resultan inquietantemente posibles. Van algunos ejemplos.

En 2008, la revista Letras Libres pidió a distintos escritores hacer algún ejercicio de ucronía. El más memorable resultó el de José Emilio Pacheco, “Desde las mesas de fondo de La Bombilla”, dos comensales disparan a José de León Toral y el candidato Álvaro Obregón no es asesinado. “El Caudillo Inmortal, el Padre de la Patria, el Rayo de la Guerra, el Héroe de la Paz que, como Presidente Vitalicio, Secretario del PRO y Jefe Máximo de las fuerzas armadas, condujo a México a lo largo de casi todo el Siglo XX”, hasta su muerte, un 2 de octubre de 1968, y hay una matanza contra quienes festejan el fin de la tiranía.

Hay varias historias que imaginan un triunfo de la Confederación en la Guerra de Secesión americana. Una es Bring the Jubilee (Lo que el Tiempo se Llevo, en la edición española), de Ward Moore; en ella, los sureños conquistaron América Latina y su capital es Leesburgh —antes llamada Ciudad de México—; un historiador nacido en el derrotado y empobrecido EU viaja al pasado con el fin de estudiar la guerra, pero accidentalmente causa la muerte del oficial que ocuparía una posición clave en la batalla de Gettysburg, y le da vuelta a la historia: el mundo que vivimos es resultado de ese “efecto mariposa”. El tipo queda atrapado en un pasado que lo conducirá a un futuro diferente al que vivió.

Otra es del campeón de la ucronía, Harry Turtledove: How Few Remain, y parte de que los soldados de la Unión no pudieron hacerse —como en realidad sucedió— de un mensaje que detallaba la estrategia del general sureño Robert E. Lee, la guerra se prolonga e incluso hay una Segunda Guerra Mexicana (porque los sureños quieren llegar al Pacífico y le han comprado Chihuahua y Sonora a Maximiliano).

Turtledove también es autor de Joe Steele, una novela en la que Stalin es hijo de emigrantes georgianos en EU y se abre paso en la política gringa, con métodos brutales. Se enfrenta al líder soviético, Trotsky, pero al final se alía con él y con Churchill para derrotar a Hitler. La victoria sobre Japón tarda más que en la realidad histórica porque Joe Steele mandó asesinar a varios de sus generales “por incompetentes” y a varios científicos del Proyecto Manhattan (Einstein, Fermi, Oppenheimer).

Hay muchas más historias ucrónicas que relatar: anglosajonas, italianas, españolas, chilenas y hasta cubanas… Pero cabe una pregunta: ¿Por qué en México han sido tan escasas? Tal vez sea porque, en el fondo, le tenemos demasiada reverencia a la historia.

Un año de impunidad

Concluye el año y sigue impune el asesinato de 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa. La “verdad histórica” presentada por la Procuraduría General de la República se ha desmoronado: cámaras sin funcionar, matrículas de las patrullas alteradas, presencia de policías federales y de elementos de las fuerzas armadas, pruebas sembradas, indicios de tortura a testigos, una incineración puesta en duda ante la evidencia de lluvias e imágenes satelitales que no registraron incendio alguno.

Continúan sin castigo los responsables de las ejecuciones extrajudiciales en Tlatlaya, así como el esclarecimiento de las decenas de miles de homicidios y desapariciones forzadas cometidos a lo largo y ancho del país. Quedan sin aclarar la identidad y las muertes de las personas encontradas en San Fernando, Tamaulipas y en Cadereyta, Nuevo León, así como las decenas de fosas clandestinas que han convertido a México en un cementerio de impunidad.

La corrupción asociada a los negocios en el ejercicio del poder y al tráfico de influencias se toleran y encubren. Lo mismo el goce de vacaciones pagadas a funcionarios por contratistas del gobierno, que los vinculados a la Casa Blanca y a la residencia en el Club de Golf en Malinalco, o los delitos cometidos por gobernantes sin escrúpulos que medran con el erario público o por políticos que incurren en delitos electorales a quienes se pretende victimizar cuando excepcionalmente la autoridad les finca responsabilidad legal.

Impunidad

Es el signo que marca el 2015 y que se sintetiza lastimosamente en la fuga de Joaquín Guzmán Loera, la cual ha puesto al descubierto el nivel de empoderamiento de la delincuencia organizada, su capacidad logística y corruptora para penetrar en todos los órdenes de gobierno y en los asuntos públicos, así como la fragilidad de instituciones disminuidas, incluidas las de inteligencia y seguridad del Estado.

La bonanza que traerían consigo las llamadas reformas estructurales, se han convertido en falsas ilusiones, las inversiones no llegan, el empleo y los salarios se precarizan, el peso se abate frente al dólar, la mezcla del petróleo mexicano se desploma por debajo de los 36 dólares por barril, mientras que las gasolineras de Pemex en los Estados Unidos venden más barato el combustible que en nuestro país.

La clase política se mantiene ausente e indiferente frente a esta situación. Poco o nada parece preocupar a Enrique Peña Nieto, que dos de cada tres mexicanos (65%) rechacen su gestión, como tampoco parece ser del interés de las partidocracias que los partidos políticos y las cámaras de senadores y diputados, sean las instituciones peor calificadas en la valoración ciudadana sobre su desempeño.

Ausente, la clase política se mantiene inmersa en su pequeño mundo del poder y del pragmatismo, donde la disputa política se mantiene al margen del interés popular e impone un juego de las simulaciones, donde a su real y saber entender, en la modernidad no hay confrontación ni diferenciación política que no se pueda superar con un pacto por contradictorio que sea.

Este pragmatismo ha conducido al desencanto –desafección dicen algunos- con la democracia. La política partidaria no sólo resulta onerosa y está amalgamada de privilegios, sino se ha convertido en un juego grotesco: en las cámaras, quienes se alían para sostener a ultranza un proyecto ideológico que los une, rompen en los procesos electorales para construir alianzas entre contrarios. Es de tal magnitud la incongruencia que hay partidos que renuncian a aspectos básicos de sus plataformas políticas a fin de lograr alianzas electorales y postulan como candidatos a quienes fueron sus verdugos.

Revisar tambien

Si vez las barbas de tu vecino quemar…

  Por: Erick Zúñiga La votación en la Cámara de Diputados brasileña, a favor de ...