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Matar por matar

Opinión-colorÁguila o Sol

De: Prof. Monjardín

Los animales, al igual que los humanos, tienen vida, sentimientos y sensibilidad, como ya ha demostrado la biología, la neurofisiología comparada y la etología, disciplina esta última, que estudia el comportamiento de los animales en el medio en que se encuentran.

Ellos experimentan sufrimiento, placer y afectos, tienen conciencia de sí, capacidad para comunicar, de análisis y resolución de problemas, creatividad y acumulación cultural, características que no son exclusivas de la especie humana.

Los animales son portadores del interés por vivir, y a vivir de acuerdo con las características de su especie, así como del interés por reproducirse y de no sufrir injustificadamente, es decir, proyectan intereses suficientes para fundamentar una legítima pretensión para el reconocimiento de sus derechos.

Se trata de intereses fundamentales que se sustentan en los mismos presupuestos a partir de los cuales reconocemos legitimidad a los derechos humanos.

Hace unos días se celebró en los confines entre Nepal y la India el mayor sacrificio religioso de animales en el mundo. La brutal matanza se llevó a cabo en el distrito nepalí de Bara durante el “Festival de Gadhimai” en donde cerca de 500 mil animales, entre búfalos, corderos, cabras y cerdos fueron acuchillados hasta la muerte por una violenta multitud.

Esta orgía de sangre se lleva a cabo cada cinco años en honor de la diosa hindú Gadhimai bajo la creencia que la masacre animal traerá salud y prosperidad. La matanza de los indefensos animales se produce en las más crueles circunstancias, se les asesina a machetazos provocándoles un inmenso sufrimiento. La muerte ocurre lentamente mientras son testigos de la masacre a que son sometidos sus congéneres.

Los asesinatos colectivos de animales bajo excusas religiosas son comunes alrededor del mundo, pero la libertad de creencias no puede justificar, de ningún modo, el daño gratuito que se infringe a otros seres vivientes. Solo personas carentes de inteligencia, sentido común o pensamiento racional creen que matar animales y derramar su sangre puede producir suerte y protección.

Si acaso esto pudiera ser admisible al inicio de los tiempos, en pleno siglo XXI se convierte en una abominación real. Es una prueba de que seguimos siendo tan salvajes como hace diez mil años, lo que cuestiona la idea misma de civilización humana.

Las carnicerías también ocurren por motivos económicos en otras naciones como China, Vietnam, Canadá y Japón. En este último país el gobierno autoriza la masacre anual de 40,000 delfines en la ciudad de Taiji. Japón que es un país rico y no necesita comer carne de delfín, de ballena o aletas de tiburones. Los animales no son propiedad de nadie, le pertenecen al mundo.

En México se aprobó recientemente la iniciativa de circos sin animales a nivel federal que entrará en vigor en 2015. Pero aún falta mucho por hacer, sobre todo respecto a las corridas de toros que son otro ejemplo de crueldad.

Algunos las consideran tradición y cultura, pero no representan más que sadismo organizado y comercializado. Hablar de derechos de los animales es trabajar por un mundo más justo y con menos sufrimiento para todos.

Un fracaso esperado

El enfrentamiento entre dos facciones de ex autodefensas, con saldo de 11 muertos en La Ruana, Michoacán, refleja el fracaso de las instituciones en la región de Tierra Caliente.

A algún cerebro dentro del gobierno federal se le ocurrió que para enfrentar a la delincuencia organizada de la región era una buena idea alentar el surgimiento de grupos de autodefensa, a imagen y semejanza de Colombia.

En enero del 2013 surgió el primero de estos grupos, en el municipio de Ayutla de los libres, Guerrero, el cual llegó a controlar cinco municipios, en donde procuraba justicia mediante juicios populares.

Pero fue en Michoacán en donde los grupos de autodefensa adquirieron una dimensión impresionante, al grado de que entre febrero y mayo del año pasado ya había al menos cuatro grandes grupos fuertemente armados y pertrechados.

La Policía Federal respaldó todas las acciones de estos grupos que actuaban fuera de la ley y que en su búsqueda frenética de capos encontraron a varios, pero también cometieron arbitrariedades contra inocentes.

Los grupos de autodefensa hicieron lo que las instituciones del Estado mexicano no quisieron hacer: internarse en las guaridas conocidas de los cabecillas del cártel de Los Caballeros Templarios y minar su fuerza.

Siempre con el apoyo del gobierno federal, representado por el supercomisionado Alfredo Castillo, las autodefensas impusieron su ley, por encima de los presidentes municipales y del gobierno estatal.

Cuando las cosas se salieron del control, la salida que encontró el comisionado fue convertir a las autodefensas, entre los cuales hay ciudadanos honestos pero también sicarios de la delincuencia organizada, en policías pirata.

El comisionado propició la creación de la Fuerza Rural, una corporación policiaca que viola el marco jurídico; entregó a las autodefensas uniformes y a los líderes los convirtió en comandantes.

Pero el comisionado no promovió acciones para prevenir actos violentos derivados del encono que existe entre dos de esos comandantes de la policía pirata.

La presencia de las fuerzas federales, en especial de la Gendarmería, en Tierra Caliente, no fue suficiente para evitar que los efectivos de dos ex líderes de autodefensas, ahora convertidos en servidores públicos, se enfrascaran en una balacera con el trágico saldo señalado al inicio de este texto.

El primer paso

Muchos afirman que México está peor que nunca, sinceramente lo dudo. No busco, que quede claro, justificaciones u omisiones ante los múltiples problemas que nos aquejan. Es más bien intentar acercarme a la realidad.

Penosamente, el país ha vivido a lo largo de su historia momentos muy graves, delicadísimos, en todos los aspectos, como lo son el social, el político y el económico. En términos generales, es difícil decir que en algún momento estuvimos bien. Quizás podríamos hablar de momentos de menor tensión que otros, pero no, México nunca ha tenido un momento realmente bueno.

Sí, ahora la sociedad tiene mayor comunicación, antes no existían las redes sociales. Es más sencillo hacer manifestaciones “masivas”. Probablemente la perspectiva esté cambiando, pero el bienestar de las familias y los individuos, no.Decir que el país nunca había estado tan mal es una mentira. Estamos igual que siempre.

Los abusos gubernamentales siempre han sucedido en México, el desempleo, el pobre valor de los salarios, la corrupción generalizada, la inseguridad, la desigualdad. Hemos experimentado algunos destellos positivos en diferentes momentos, pero son fugaces, regresamos a lo mismo.

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