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Más allá del discurso

 

OpiniónErick Zúñiga

Si tan sólo llegara a concretar la mitad de los ofrecimientos enunciados en su toma de posesión como líder nacional del PRI, Manlio Fabio Beltrones tendrá no únicamente lugar de honor en la galería de presidentes de este casi nonagenario partido, sino merecido e indiscutible pasaporte a la contienda del 2018.

El sonorense se instaló en la cúspide del priismo con el visto bueno de Los Pinos y un enorme, envidiable apoyo de sus copartidarios, producto de un capital político forjado en más de cuatro décadas de trabajo partidista. Llegó pues con los mejores augurios.

Sobra decir, sin embargo, que se trata apenas del inicio de la corrida en que deberá torear un miura descomunal, en circunstancias francamente difíciles.

Por principio de cuentas y atendiendo a planteamientos de Beltrones en los veinticinco minutos que duró su discurso de toma de posesión, cabe preguntar si se puede tener, sin voluntarismo ni demagogia, sana cercanía con el presidente Enrique Peña Nieto y a la vez ser crítico de la grave situación imperante en materia de corrupción, finanzas públicas, economía, pobreza, narcotráfico, seguridad, violencia, desarrollo social, salud y otros muchos rubros.

¿Podrá el PRI de Beltrones ser honrada y ponderadamente crítico del deslizamiento del peso frente al dólar y su inminente impacto —dentro de pocas semanas— en los precios de la canasta básica, sin lastimar al mandamás y los suyos?

¿Podrán considerarse las observaciones del tricolor sin germen alguno de politiquería o golpeteo a Luis Videgaray, firme competidor en el pelotón de aspirantes a portar la estafeta tricolor en 2018? ¿Creerá alguien que detrás de la crítica no estarán las aspiraciones de quien ocupa el despacho que fue de Roberto Madrazo?

Para ser creíble ante el electorado, el PRI crítico que busca conformar el ex colaborador de Fernando Gutiérrez Barrios deberá —por ejemplo— cuestionar, al menos mínimamente, una política penitenciaria de la cual El Chapo Joaquín Guzmán Loera quizá se carcajea, dorándose en alguna playa, sin que ello parezca afán de colocar el último clavo en el féretro político de Miguel Osorio Chong.

“Construyamos un PRI del siglo XXI renovado, competitivo, crítico, propositivo, sobre todo unido en su militancia. Hagamos al PRI el abanderado y promotor de las causas ciudadanas, de defensa de la gente y vanguardia del cambio”, dijo el veterano político y nuevo líder, echándose a la espalda un compromiso susceptible de ser cumplido sólo si los milagros existen, pues se trata de conceptos que se contraponen unos con otros.

El prontuario de compromisos,  en el cual destaca el de ser un partido crítico, contiene objetivos que resultan de imposible conciliación, y, por lo mismo, reducen el anhelo de unidad a una simple extravagancia.

Hablar de la población en condiciones de pobreza, abultada con dos millones de mexicanos para un total de 55.3 millones es señalamiento que no alcanza únicamente a Rosario Robles, sino impacta de manera directa en el titular del Ejecutivo y se expande hacia la totalidad de sus colaboradores, incluido Aurelio Nuño.

Decir que la guerra contra el narcotráfico persiste como en el sanguinario calderonato toca a las instituciones más sensibles del gobierno, y mencionar la corrupción es hablar de la soga en la casa del ahorcado. ¿Veremos lanza en ristre al líder del tricolor cargando contra estas calamidades?

Para resultar competitivo en las urnas el PRI de Beltrones necesitará menos aptitudes retóricas que de prestidigitador, pues deberá tratar de hacer olvidar el pasado y convencer de su renovación, en un escenario adverso, en el cual hasta el azar juega su parte.

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