Inicio / OPINIÓN / Los efectos de la pluralidad

Los efectos de la pluralidad

Opinión-colorErick Zúñiga 

“Es hora de que los ciudadanos demostremos que podemos pensar con nuestra propia cabeza acerca de lo que nos conviene como seres individuales y como seres colectivos.”Llas elecciones del pasado domingo 7 de junio, corroboraron ese dicho: los mexicanos demostramos tener capacidad de discernimiento para castigar a los gobiernos que no cumplieron con nuestras expectativas (Sonora, Nuevo León, Guerrero, Michoacán y Querétaro). Como dice Michelangelo Bovero, los ciudadanos supimos ejercer “el derecho-poder del voto” para cambiar a nuestros gobernantes y representantes sin derramamiento de sangre.

Conforme se fueron dando las cifras en el PREP, quedó claro que las personas con derecho a sufragar, a lo largo y ancho del país, hemos aprendido a no concentrar el poder en una sola fuerza política. Por ese motivo, más que “atomización”, yo llamaría “reforzamiento de la pluralización” a lo ocurrido. La complejidad no es sinónimo de caos en materia de gobernabilidad.

Me refiero a lo siguiente: hasta ahora se ha puesto atención en las alternancias (ya mencionadas) y continuidades partidistas (Baja California Sur, Campeche) en las gubernaturas; pero no en el tipo de congresos con los que tendrán que trabajar esos gobernadores. El asunto es que, junto con la configuración pluralista que determinaron los electores, va aparejado el mandato a los gobernantes elegidos de ponerse de acuerdo con los representes populares. La mayoría de los legislativos estatales no tienen mayoría absoluta de algún partido. En esas mismas circunstancias está la Cámara de diputados a nivel federal: ningún partido, por sí solo, tiene mayoría absoluta.

El pluralismo electoral y la política de los acuerdos, en democracia, forman un binomio inescindible. Ese fue el mandato de las urnas. Las aportaciones de estas elecciones a la democratización del país, a mi manera de ver, son dos: haber desactivado el dispositivo violento que se cernía sobre el país, y haber empujado hacia adelante la diversidad partidista y, en consecuencia, el imperativo de construir compromisos entre los actores políticos.

México dio un paso adelante para dejar atrás el verticalismo autoritario y asumir la horizontalidad democrática. Durante décadas el sistema presidencialista junto con la hegemonía del partido oficial hicieron que el poder fluyera de arriba hacia abajo. El destino de aspirantes a funcionarios federales, gobernadores, senadores, diputados e incluso alcaldía, tenían que ser palomeados por el señor Presidente. Así funcionaba la gobernanza autocrática.

Hoy, afortunadamente, toda propuesta debe pasar por la “prueba de las urnas.” Los puestos deben ganarse a brazo partido en las contiendas electorales. El poder político comienza a fluir de abajo hacia arriba. Tenemos un mosaico variopinto como mapa político. Se trata de una transformación de grandes proporciones de la vida pública nacional. Estamos mudando hacia la gobernanza democrática.

Por eso, extraña que Jaime Rodríguez El Bronco, luego de saberse triunfador en las elecciones de Nuevo León, haya pronunciado dos frases muy desafortunadas. Por una parte, dijo que su victoria significaba “la segunda revolución mexicana”: como si después de la proclama maderista “sufragio efectivo, no reelección” rubricada en el Plan de San Luis, del 5 de octubre de 1910, no hubiese ocurrido nada más importante en este país que el ascenso de este personaje a la gubernatura de aquél estado norteño. Como si el salto a la democracia hubiese sido instantáneo gracias a él.

Nadie, en lo personal, tiene el derecho de reclamar la propiedad de este avance democrático. La democracia no tiene dueño.

Revisar tambien

Zedillo, ‘chapulín fifí’ que brincó a empresa vinculada a gobierno: López Obrador

Agencias/El Presidente pidió que se apruebe la ley de austeridad que impedirá a funcionarios trabajar ...