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Las FARC retiran su candidatura a la presidencia de Colombia

La guerrilla, que participará en las legislativas, renuncia a las elecciones presidenciales por la frágil salud de su líder, Timochenko

EL PAÍSLas FARC se apartan de la carrera presidencial en Colombia. El partido de la antigua guerrilla retiró este jueves la candidatura de Rodrigo Londoño, Timochenko, líder de la organización, y de la aspirante a la vicepresidencia, la activista Imelda Daza, y renunció a presentar otra fórmula a las elecciones del 27 de mayo. La decisión responde, según avanzó Iván Márquez, cabeza de lista al Senado, a la frágil salud del excombatiente y a los intentos de agresión sufridos durante la campaña. La Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, heredera política del grupo insurgente, tiene una aceptación social casi nula por la impopularidad acumulada durante más de medio siglo de conflicto armado. La intención de voto a Timochenko apenas rondaba el 1%.

“Nos vimos obligados a una suspensión temporal de la campaña por la ausencia de garantías y, particularmente, por los ataques de que fue objeto nuestro candidato presidencial […] instigados por sectores del Centro Democrático, los cuales amenazaron su integridad personal y nos llevaron a pensar que se podría estar fraguando un magnicidio”, comunicó el partido, tratando de responsabilizar a la formación fundada en 2013 por el expresidente Álvaro Uribe.

“Circunstancias ampliamente conocidas por la opinión pública sobre el proceso de recuperación de nuestro candidato Timo, tras la cirugía practicada en el día de ayer, unidas a las ya señaladas sobre los rasgos de la contienda electoral, nos han llevado a declinar nuestra aspiración presidencial”, continúa el comunicado. “A Timo y a Imelda les agradecemos haber aceptado nuestra postulación, conocedores ambos de los límites estructurales que tienen fuerzas alternativas para el ejercicio de la política y la participación electoral”. Ayer fue sometido a una cirugía de baipás coronario. En julio sufrió una isquemia cerebral provocada por una dolencia cardíaca.

En cualquier caso, las FARC participarán este domingo en su primera contienda electoral, unas elecciones legislativas que, para los demás candidatos, determinarán las posiciones de salida de las presidenciales. La organización entrará en las instituciones con diez escaños garantizados —cinco en la Cámara de Representantes y cinco en el Senado— en virtud del acuerdo de paz suscrito en 2016 con el Gobierno de Juan Manuel Santos. “Invitamos a votar este domingo 11 de marzo por nuestras listas cerradas a Senado y Cámara”, prosigue el texto difundido.

La semana pasada, Timochenko convocó a los periodistas en el cuartel general de la campaña, una casa del barrio residencial de Teusaquillo en Bogotá. Compareció en una sala atestada y leyó unos versículos de la Biblia, transmitiendo un mensaje críptico. “Mientras Jesús anuncia su muerte, algunos de sus discípulos de aferran a los honores y al poder, despertando la discordia y la banalidad entre ellos. Jesús les enseña que lo único que importa es seguir a su maestro y participar en su destino. Servir y no ser servido”. Después, denunció que las FARC no tenían “ni cinco centavos” para financiar la campaña. El Gobierno desmintió al exguerrillero horas después. “”Ahora las FARC se quejan de que no les ha llegado la plata. Ya les llegó, hay problemas pero vamos avanzando en forma importante”, aseguró el presidente Santos. Esa cantidad asciende a 8.800 millones de pesos, más de tres millones de dólares.

Las FARC, cuyos 7.000 miembros se desmovilizaron y entregaron las armas, cometió en su tránsito a la política varios errores estratégicos. La antigua guerrilla fundó un partido, pero se mantuvo fiel a sus siglas y se resistió a cambiar, en la sustancia, su jerarquía. Estas decisiones contribuyeron a avivar el rechazo de la sociedad colombiana. La ruptura con un pasado de violencia fue, en definitiva, insuficiente. El lanzamiento de la candidatura, celebrado a finales de enero en Ciudad Bolívar, una de las zonas más humildes de la capital, ofreció una fotografía de esa impopularidad.

Timochenko llamó entonces, en un mitin cargado de retórica bolivariana, al “concurso de millones de compatriotas” en las próximas elecciones. Sin embargo, lo hizo ante unas 200 personas, quizá 300 en algunos momentos del acto, entre las que figuraba la estructura de apoyo con la que cuenta la formación en la ciudad. Tan solo les aplaudieron algunos jóvenes, estudiantes o exestudiantes universitarios, simpatizantes que vestían camiseta blanca con el símbolo del partido, la rosa roja, militantes veteranos y desplazados por una guerra que dejó al menos 220.000 muertos.

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