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Las cosas cambian

Opinión-colorErick Zúñiga

Como en todas las grandes campañas que se emprenden, sean de tipo político sean de tipo militar, una cosa es lo que se planea al inicio y otra cosa distinta lo que sucede ya en la acción. La clave consiste en tener la suficiente flexibilidad para poder ajustarse a las condiciones impuestas por el ambiente. El peligro es que si se siguen a pie juntillas los esquemas definidos previamente ya cuando uno se encuentra en la refriega, lo más seguro es que sobrevenga la debacle. El que uno pueda conquistar el éxito o llegar a buen puerto depende de la capacidad adaptativa ante los acontecimientos imprevistos. Me parece que ésas son las circunstancias en las que hoy se encuentra Enrique Peña Nieto a pocos días de presentar su Tercer Informe de Gobierno.

Una fue la hoja de ruta que el político mexiquense trazó al tomar posesión el 1 de diciembre de 2012 y luego, al día siguiente, cuando firmó el Pacto por México junto con los líderes de los principales partidos políticos. Otras fueron las circunstancias que se presentaron cuando la nave se hizo a la mar.

Al comienzo de la administración peñista hubo un trabajo político transversal de filigrana para unir voluntades en torno a cinco temas fundamentales: 1) sociedad de derechos y libertades (reforma educativa, combate a la pobreza, derechos humanos y atención a víctimas del delito); 2) crecimiento económico, empleo y competitividad (reforma de telecomunicaciones, reforma energética, reforma fiscal y financiera); 3) seguridad y justicia (creación de la gendarmería nacional seguridad social universal, reforma del sistema nacional penitenciario); 4) transparencia, rendición de cuentas y combate a la corrupción (ampliación de facultades del IFAI, creación del sistema nacional anticorrupción); 5) gobernabilidad democrática (reforma electoral, creación de candidaturas independientes, reforma del Distrito Federal).

Fue importante que esas materias pudieran procesarse y aprobarse en las dos cámaras del Congreso de la Unión. En el exterior se habló del “Mexican Moment”.

Todo parecía ir viento en popa, hasta que sobrevino la noche de Iguala, (26/9/14); o sea, pocos días después de que el Presidente rindiera su Segundo Informe de Gobierno. Con la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa los acontecimientos tomaron otro rumbo. Surgieron legítimas protestas sociales, pero también la violencia protagonizada por la CETEG y la CNTE. Aprovechando el momento, los maestros disidentes llevaron agua a su molino para sumar fuerzas en contra de la reforma educativa. Parecía que la única forma de someter a los rijosos era por medio del uso de la fuerza pública. No obstante, un buen día (21/7/15) amanecimos con la noticia de que el Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO), que había estado en posesión de la CNTE por más de treinta años, pasaba a manos del Estado. Con esa medida anunciada desde Los Pinos le cortaron el flujo de dinero al grupo radical. No hubo derramamiento de sangre. Punto a favor del gobierno de Peña Nieto.

Pero un punto en contra fue la fuga del Chapo Guzmán de Almoloya. Ese evento puso en tela de juicio la credibilidad de las instituciones y el prestigio de México en el exterior.A estos “imprevistos” hay que sumar la baja en los precios del petróleo y la volatilidad financiera producto, sobre todo, de la desaceleración de la economía china. El dólar está a la alza.

Sea como fuere, estamos en lo dicho: una cosa fue lo que se planteó al inicio del sexenio y otra cosa muy distinta lo que ahora se registra. Ciertamente, los grandes tópicos contenidos en el Acuerdo por México siguen siendo los ejes rectores del gobierno de Peña Nieto. No obstante, las condiciones con base en las cuales esos acuerdos fueron establecidos son muy diferentes.

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