Inicio / OPINIÓN / Lacerante realidad

Lacerante realidad

 

Opinión-colorÁguila o Sol

De: Prof. Monjardín

Según una encuesta reciente del INEGI, México vive intensamente la corrupción. Si fuera una especie de futbol, la viviríamos y disfrutaríamos intensa y pasionalmente. Nunca fue una sospecha esta devoción o práctica, fue una certeza ahora confirmada por diversas instituciones de reconocido prestigio.

Entre los más corruptos de este cerrado torneo, están los policías, los partidos políticos y en consecuencia la política y los funcionarios. La diferencia entre el antes y el después radica en que antes era una sospecha, ahora todos han mostrado su entusiasmo por la corrupción. En la encuesta del INEGI, de acuerdo a la Encuesta de Calidad e Impacto Gubernamental, precisó que la desconfianza es algo generalizado.

El 70 por ciento de los mexicanos, (¡siete de cada diez!) no le tiene confianza al Ministerio Público. Prefiere no acudir a levantar un acta debido a la corrupción imperante en esa importante instancia de justicia. Más de la mitad de los jóvenes están ciertos que los partidos políticos son un negocio y están repletos de personas propensas a la corrupción.

En los diputados, sólo confía el 18 por ciento. Imagino que son sus beneficiarios y familiares, asimismo acomodados en sus métodos turbios. El Ejército, en el informe respaldado por El Colegio de México, disfruta de un cómodo 62 por ciento. ¿Sería ésta la percepción de los mexicanos en los meses aciagos del movimiento estudiantil de 1968 y poco más adelante en la que muchos denominan guerra sucia contra los que imaginaron que sólo la guerra de guerrillas sería liberadora?

Pero eso es parte del pasado, no deja de ser muy grave que en estos momentos, luego de dos derrotas presidenciales del PRI, doce años de panismo y el regreso del primero, donde un tema importante fue la corrupción imperante, ésta haya aumentado sensiblemente. Pocas personas se salvan y por cierto allí no están incluidos los intelectuales, cuyas maneras y estilos para participar en la corrupción son más refinadas y enigmáticas.

La iniciativa privada tampoco se salva. Y suele ser de atroces resultados para el país. Pensemos sólo en casos recientes: Oceanografía o en Mexicana de Aviación. La pregunta es ¿cuándo dejaremos la corrupción? ¿En qué momento los mexicanos combatiremos seriamente esa lacra que nos viene de muy lejos y que siempre ha vivido al amparo del poder? Los millonarios suelen hacer fortunas con la ayuda del gobierno.

En las declaraciones que acompañaron la nota que comentamos, el presidente del INEGI Eduardo Sojo Garza Aldape, explica que un porcentaje serio tuvo experiencias de corrupción al realizar algún trámite o solicitar un servicio público. “Ya no es que hemos escuchado que hubo corrupción, ya no es que un conocido me dijo que el primo de un amigo. Ya es efectivamente cuando uno hace un trámite…” Esto es, no nos contaron acerca de un hecho de corrupción, sino que los hemos vivido.

Recuerdo a una de mis maestras de primaria, digna y honorable, enfurecía con la creciente corrupción y no veía freno o control. Nos precisaba en clase: En México, un ochenta por ciento se despierta con la idea de extorsionar al veinte por ciento restante. Allí estoy yo.

El momento de México

Es muy cierto que este es el Momento Mexicano, a pesar de todo lo que el ex presidente de Brasil LuizInácio Lula da Silva pueda argumentar en contrario, pues muy bien podría haber dicho con certeza que éste es el Momento de México y Brasil muy juntos, como países líderes de América Latina.

Claro que, sólo hablando de nuestra nación, estamos viviendo ahora un Momento Mexicano muy frágil y delicado, que bien puede llevarnos pronto, por un lado, al destaque como un país emergente exitoso, con beneficios generalizados a sus 120 millones de habitantes, con drástica reducción de las tremendas desigualdades entre los diversos estamentos de su sociedad, con mejoras sustanciales en la capacidad de la economía mexicana para dar generalizadamente a los mexicanos empleos con ingresos y prestaciones de calidad, buenas oportunidades de educación y capacitación, un sistema eficiente de salud y seguridad social, condiciones dignas de vivienda y servicios urbanos; es decir, en general una sociedad mexicana integrada, donde las diferencias políticas, económicas y sociales, naturales, por lo demás, en toda sociedad humana, no sean tan profundas que comprometan la convivencia pacífica presente ni el futuro de este gran país. O bien la opción indeseada, un Momento Mexicano fracasado, que amenace con un continuo divisionismo a nuestra sociedad y que persista en un crecimiento raquítico basado en una economía petrolizada y en el sometimiento de una gran proporción de los mexicanos a los designios de un pequeño grupo de privilegiados, nacionales y extranjeros.

Escuchar a los ciudadanos

¿Qué es lo que realmente se requiere para orientarnos por la vía de la integración nacional? Una verdadera democracia, que reconozca que existen importantes insuficiencias en los esquemas legales de representación ciudadana y del sistema de partidos para que efectivamente “la sociedad se exprese y el gobierno escuche”.

Reconocer que una fuerte proporción de la ciudadanía de este país no está de acuerdo en lo planteado en la reforma energética propuesta por el gobierno del presidente Peña Nieto y aprobada en primera instancia por el Congreso. Que existe, en consecuencia, la necesidad imperiosa de no profundizar los antagonismos entre la sociedad mexicana, por lo que habría que propiciar extensas discusiones de dicha “reforma estructural” y amplios análisis de propuestas alternativas, antes de pasar a la discusión de la legislación secundaria.

La verdadera modernización de México para ser “un activo protagonista de la economía global” implica primero que nada un fortalecimiento de su estructura productiva interna a fin de que no sea avasallado en la competencia internacional. De inmediato urge al respecto un real impulso al desarrollo y crecimiento económico que saque al trabajador mexicano del desempleo y la informalidad y de la postración a las empresas nacionales. Las autoridades presumen del incremento en el gasto y la inversión públicos para estimular la actividad económica, pero en realidad liberan muy escasamente la aplicación de los recursos presupuestarios, como advierten, entre otros, los industriales de la construcción.

Y el impulso al desarrollo y el crecimiento requiere mucho más que eso;  sobre todo y con visión de largo plazo una serie de políticas de fomento a las inversiones nacionales estratégicas, no tan sólo concentradas en el sector energético, sino con base en un modelo integral de equipamiento de infraestructura y de diversificación de bien constituidos sistemas de producción agropecuaria e industrial, y de servicios como el turismo, que generen valor agregado interno y los millones de empleos que requiere nuestra fuerza de trabajo.

Revisar tambien

Zedillo, ‘chapulín fifí’ que brincó a empresa vinculada a gobierno: López Obrador

Agencias/El Presidente pidió que se apruebe la ley de austeridad que impedirá a funcionarios trabajar ...