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La otra crisis

 

Opinión-colorPor: Ercik Zúñiga

¿Cuál es o cuál podría ser el ideal democrático de nuestros tiempos? En el siglo XX se pensó en la mayoría de las corrientes de pensamiento que bastaba con tener sistemas de partidos competitivos, sistemas institucionales que garantizaran la imparcialidad y legalidad de las elecciones, así como una ciudadanía participativa capaz de sancionar y controlar a los gobernantes a través del voto y del ejercicio de la crítica desde la opinión pública.

Es un hecho que, en todo nuestro continente, y en una buena parte de Europa, hay un malestar profundo con este modelo democrático. Las razones fundamentales se encuentran en los terrenos social y económico: en el primero, porque la desigualdad y la pobreza campean a escala planetaria; en el segundo, porque el sistema capitalista global ha sido incapaz de garantizar crecimiento y distribución equitativa de la riqueza.

El Latinobarómetro da cuenta del nivel de malestar que existe en toda la región respecto de la democracia: con la notable excepción de Uruguay, en donde la satisfacción con la democracia supera el 80%. México es uno de los países en donde la democracia recibe menos respaldo ciudadano.

Por si fuera poco, en los Estados Unidos de América ha ocurrido lo que para muchos hubiera sido impensable hace ocho años, cuando Barack Obama se encontraba en su primera campaña: un demagogo, xenófobo, intolerante, racista y mesiánico se ha perfilado como el virtual candidato republicano a la Presidencia de aquel país.

Lo que ocurre, expresado en una apretada síntesis, es que occidente parece haber extraviado nuevamente el rumbo: la igualdad de oportunidades y la justicia social son realidades infinitamente distantes para la mayoría, quienes viven sumidos en la pobreza; mientras que el sentido de urgencia en torno a un Estado Social, capaz de cumplir plenamente los derechos humanos, sigue siendo un planteamiento que no ha permeado con la fuerza suficiente en los principales espacios de la vida pública.

Ante la crisis planetaria, hay una oleada conservadora, tanto en el plano de las ideas como en el del ejercicio de la política, que amenaza con asumir el control de prácticamente todos los espacios de decisión estratégica, en la mayoría de los organismos internacionales, y en la mayoría de los países que se asumen como democráticos.

En este escenario, la violencia y la muerte afilan cuchillos, pues sus promotores han decidido dejar de lado las caretas y presentarse ante nuestras sociedades como los redentores de una crisis que ellos mismos prohijaron y que hoy, como Frankenstein, se ha vuelto en contra suya de manera frenética y descontrolada.

Estamos urgidos de volver a lo esencial y preguntarnos qué democracia queremos. Hay quienes creemos que a la democracia sí podemos y debemos exigirle convertirse en el instrumento privilegiado para construir un nuevo modelo civilizatorio sustentado en los valores más preciados de la modernidad: libertad, igualdad, y hoy más que nunca, fraternidad.

Sin duda alguna, un sujeto como Donald Trump es un peligro para todos; pero lo es más que haya una sociedad dispuesta a tolerar y, peor aún, a darle apoyo a un sociópata; una sociedad así está enferma, y es posible sólo en medio de la fractura de lo más elemental: de una ética de la solidaridad y de la responsabilidad infinita con los otros, y eso es lo que estamos obligados a defender.

Águila o Sol

De: Prof. Monjardín

Bastante tarde para darse cuenta

De tardío, cuando menos, se podría calificar el señalamiento formulado por el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, a la política en materia de combate a las drogas perfilada por el panista Felipe Calderón.

Señalar que partió de un diagnóstico erróneo y por ello prevaleció la violencia es casi darse un balazo en el pie. Es decir, el funcionario federal critica una política que al iniciar la administración que encabeza el presidente Enrique Peña Nieto se continuó, prolongada y sostenidamente. Es decir, gran parte de la política en materia de seguridad que ahora se critica se realizó casi en los mismos términos.

Y, a decir, del propio Ejecutivo Federal, esta política ha logrado recuperar territorios que estaban en manos de la inseguridad.

Tan sólo en diciembre pasado —el 18 durante el Consejo Nacional de Seguridad—, el presidente Peña Nieto destacó que de enero a noviembre de 2015 bajó 12 por ciento la incidencia delictiva total en relación al mismo periodo de 2012, 22 por ciento en homicidios dolosos y en los casos de la frontera norte hasta casi 45 por ciento.

Además, en esa fecha el mandatario dijo que el robo de vehículos con violencia y el robo en carreteras han descendido en más de un 24 por ciento mientras que el secuestro ha disminuido un 27 por ciento y las extorsiones han caído 30 por ciento.

Además, precisó que “96 de los 122 objetivos prioritarios, es decir, aquellos delincuentes buscados y perseguidos por la ley, prácticamente el 80 por ciento de ellos ya no representan un peligro para la sociedad”.

Ante gobernadores, legisladores, representantes de la sociedad civil, el mandatario admitió que “si bien no estamos plenamente satisfechos porque sabemos que nos falta todavía camino que recorrer, todavía lograr mayores avances en materia de seguridad, no podemos dejar de lado los avances y los logros que hoy se tienen a tres años de distancia”.

En este contexto, de nueva cuenta, el Jefe del Ejecutivo llamó a los gobernadores y alcaldes a no eludir ni evadir su responsabilidad, ya que ésta es una tarea que convoca los esfuerzos de todos los órdenes de gobierno.

Si bien es cierto que la agenda federal, desde el inicio de la administración dejó de estar centrada en el tema de seguridad, lo cierto es que, casi nada ha cambiado. Las Fuerzas Armadas siguen patrullando las calles. No han regresado a sus cuarteles. Y la Gendarmería Nacional no ha realizado el papel estelar que se pensaba tendría.

Lo han dicho en varias sesiones de la Conferencia Nacional de Gobernadores: amplios grupos de ciudadanos no quieren que los cuerpos armados se vayan de sus localidades, porque eso les garantiza sentirse seguros.

Que luego de que hace un par de semanas el presidente Enrique Peña Nieto canceló su visita a Cancún para inaugurar las ampliaciones de las terminales 2 y 3 del Aeropuerto Internacional de Cancún, será el próximo lunes cuando se realice el esperado evento con la presencia del mandatario…Por si había dudas en torno a la corporación que dio captura a Joaquín El Chapo Guzmán, nos cuentan que en días pasados la plana mayor de la Comisión Nacional de Seguridad Pública y el comisionado nacional de la Policía Federal formularon un reconocimiento a quienes entregaron al delincuente más buscado del país.

Fue en el Bunker de Constituyentes en donde al grupo táctico encargado de ésta misión se distinguió con un Tiburón Azul, nombre del operativo que dio con la captura, confeccionado en plata de Taxco…

¡Qué pena!

En el año 2013, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) proclamó el 1º de marzo como el Día para la Cero Discriminación, con el objetivo de promover y celebrar el derecho de cada persona a vivir una vida plena con dignidad.

Inicialmente en este día se divulgaba información sobre el Sida y los derechos que asisten a las personas portadoras del virus, quienes por mucho tiempo fueron estigmatizadas, discriminadas y obstaculizadas en el acceso a los servicios de salud. Hoy en esta fecha se busca que en el hogar, en la escuela, en el trabajo, en la vía pública, en la atención sanitaria y en todos los ámbitos de la vida, toda persona pueda desarrollarse con total plenitud, cuidando de sí mismas y de su familia.

A tres años que entró en vigor el decreto del Día para la Cero Discriminación y a 68 años de la Declaración Universal de Derechos Humanos, el flagelo discriminatorio continúa existiendo en nuestras sociedades, provocando prejuicios, limitando las oportunidades y originando, en muchos casos, maltrato y violencia.  En la conmemoración de este año el lema que impulsa la ONU es: Distínguete”, con la finalidad de que todos valoremos y abracemos la diversidad y que reconozcamos los diferentes talentos y capacidades que cada persona lleva consigo.

Adicionalmente, el 21 de marzo la ONU celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial, cuyo objetivo es impulsar la lucha en contra de este fenómeno que históricamente ha impedido el progreso de millones de personas en todo el mundo.

La ONU señala que el racismo y la intolerancia pueden adoptar diversas formas: desde la negación de los principios básicos de igualdad de las personas, hasta la instigación del odio étnico que puede llevar al genocidio, todo lo cual puede destruir vidas y fraccionar comunidades.

Es preocupante observar que, en pleno Siglo XXI, la nacionalidad, el sexo, la edad, el origen étnico, la condición u orientación sexual y la religión continúan siendo causas de exclusión en todo el planeta, y eso nos denigra y afecta a todos por igual. Ya lo ha expresado el Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, “cuando los más vulnerables y los más marginados sufren discriminación y abusos, en realidad somos todos los que sufrimos un menoscabo”.

Estoy convencido que la discriminación es una manifestación de odio de un ser humano en contra de otro, una violación per se a los derechos humanos, una incongruencia lamentable en las sociedades modernas. Indudablemente estas actitudes, resentimientos y acciones primitivas deben desaparecer.

Todos tenemos derecho a vivir con respeto y dignidad. Nuestra responsabilidad es luchar contra este fenómeno y debemos insistir incansablemente sobre el peso que tienen nuestras acciones y decisiones, en la convivencia presente y futura de la sociedad.

Píenselo dos veces

Suprema Corte de Justicia de la Nación volvió esta semana a sacudir a la opinión pública con un par de decisiones polémicas.

Con nueve votos a favor y dos en contra, resolvió conceder el amparo a Norma Rangel Salazar y Gabriela Hernández Arreola. La primera recibió una sentencia de 10 meses de prisión por insultar a un grupo de policías mientras realizaba un operativo con el fin de retirar vendedores ambulantes de la vía pública. La segunda fue condenada a un año cuatro meses de prisión por gritar improperios a la policía durante las manifestaciones del 2 de octubre de 2013. Ambas fueron acusadas y sentenciadas por el delito de “ultrajes a la autoridad”, establecido en el artículo 287 del Código Penal de la Ciudad de México.

Al tratarse de juicios de amparo, el efecto de las resoluciones de la SCJN fue específicamente el de revocar en definitiva las sentencias en contra de Rangel Salazar y Hernández Arreola. Si usted creía que ya es legal insultar a la autoridad, como varios medios de comunicación dieron a entender, piense dos veces.

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