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La historia de siempre

Opinión-colorÁguila o Sol

De: Prof. Monjardín

Cuando me aqueja alguna duda, pienso en lo que haría mi hermana mayor, Olga, y por ese camino llego a soluciones inesperadas, muchas simples, otras con ciertas complicaciones, pero en general acertadas.

He pensado en estos días de campañas políticas en que se discute a lo loco sobre cualquier tema, se imaginan escenarios y se hacen vaticinios, en algo que hace muchos años comentó mi hermana, a la que veo poco pero siempre recuerdo con mucho cariño. Y más cuando la ubico en su matrimonio con el doctor José Faddul, el 2 de octubre de 1968, al son de la balacera.

Decía Olga que no importa si se vota o no se vota, si el voto es en blanco o si se opta al menos repudiable de los candidatos. Eso está en manos de los partidos. Pero está en manos del ciudadano común cambiar algo, empezando con las pequeñas cosas que nos lesionan pero “tan poquito” que ni nos quejamos ni las tomamos en cuenta.

Olga, residente muchísimos años en Manzanillo, Colima, empezó a recibir en la tienda de autoservicio el cambio por sus compras en dulcesitos, chicles y otras porquerías. Las rechazaba, pero el dueño del lugar carecía de monedas.

Empezó a aceptar el vuelto en especie. Así, hasta que acumuló lo suficiente para pagar sus compras con las porquerías acumuladas. Sin escándalo, la voz firme, asombró a la clientela cuando entregó sus dulces, pidió que los contaran y le entregaran su mercancía. Suspendieron la mala costumbre.

Pero la cambiaron por otra. Cuando se trataba de mi hermana, el tendero corría a la caja con una bolsa de moneditas que cuidadosamente contaba para el cambio. Olga salía de allí con un morralito repleto; acumuló lo suficiente para un día hacer sus compras y entregar un costal repleto de monedas.Dejaron de molestarla y en la tienda dejaron de usar trampas para quedarse con los picos de las compras de la clientela.

Habrá visto el lector que en los recibos de su teléfono se incluyen servicios que ni pidió ni le sirven. Ligas para información de viajes o sobre películas, alquileres y otras más.El precio de estos servicios es mínimo; son cinco pesos mensuales.

Dicho así, no suena mal, pero en el país somos muchas decenas de millones de suscriptores. Por cada millón de alquiladores del servicio, se llevan tranquilamente y sin dar nada a cambio, cinco millones de pesos; si hay 80 millones de suscriptores entonces son 400 millones de pesos. Sin declarar en Hacienda, por cierto. Súmese el redondeo en las facturas.

Lo mismo sucede con los redondeos de los supermercados y las donaciones en los bancos. Si el cliente acepta, el comercio acumula los redondeos, el banco suma las donaciones, y por cada lado se entrega a la obra pía que se apoya. Como no hay recibo para el donador, el bonche se acumula a favor de los impuestos del acumulador, en este caso el súper o el banco. O sea, además de incautos, colaboramos en la evasión de impuestos.

Lo dicho, no influimos en las elecciones, no escogimos candidatos, no conocemos sino por las páginas rojas a los aspirantes a elección popular, por tanto no importa qué se haga, los resultados serán los mismos, los participantes en esta feria de pillerías son los de siempre: familiares, cuates y cómplices de los que están en el candelero.

Sugiero para empezar a cambiar, lo que mi hermana ha llevado como forma de vida. Y le ha dado resultados, al menos acabemos con abusos menores que pueden convertirse en grandes sinvergüenzadas. Sueño…

En medio de la violencia

Las campañas políticas no pueden sustraerse del clima de violencia e inseguridad que existe en el país. De hecho, conforman un factor extra de riesgo, no de apaciguamiento. Están en disputa posiciones de poder desde las cuales se pueden realizar negocios de todo tipo, algunos limpios, los demás sucios. Si los ciudadanos comunes y corrientes no están seguros, los candidatos a puestos de elección popular, que están expuestos, menos. La idea de las campañas es que se muestren lo más que se pueda, que se dejan ver, oír, tocar. Lo anterior explica pero de ninguna manera justifica el hecho de que se acumulen los cuerpos de candidatos muertos.

El caso más reciente, el del aspirante de Morena a la alcaldía de Yurécuaro, en Michoacán, es particularmente doloroso. Deja al descubierto que el periodo de tranquilidad por el que atraviesa ese infortunado estado puede ser una apariencia, una quimera, que miles de personas tienen armas debajo de la cama y están listas para sacarlas cuando sea necesario. Todavía hay muchas cuentas pendientes. No puede perderse de vista que ante la incapacidad y complicidad del gobierno estatal, el gobierno federal enfrentó a Los Caballeros Templarios haciendo una concesión de alto riego: permitir y de hecho alentar que grupos civiles se armaran y se hicieran justicia y se hicieran justicia por mano propia. Enrique Hernández optó primero por la alternativa de las armas, fue jefe de un grupo de autodefensa. Cuando privilegió la política electoral lo ejecutaron.

El mensaje no podía ser más desalentador: sus asesinos votaron antes que los ciudadanos y dejaron en claro que no querían a Hernández como alcalde. Lo consiguieron. El alcalde será otro porque Hernández ya está en el panteón. No se le quema incienso a nadie. Vaya usted a saber en qué pasos andaba el malogrado personaje, pero bajo ningún escenario es admisible que el crimen organizado tome el lugar de los ciudadanos y elija a los gobernantes. Faltan 20 días para la jornada electoral. Los focos rojos del inicio: Guerrero y Michoacán son los mismos. Si el gobierno tiene algún plan de seguridad es momento de que lo ponga en marcha.

¿La elección cambiará las cosas? Me gustaría decir que sí, que el lunes 8 de junio todo será miel sobre hojuelas, pero no, casi todo seguirá igual. Hay que insistir en los alcances de la democracia: permite que el gobierno emane de la voluntad popular y que tome, durante un periodo predeterminado, decisiones con legitimidad. Parece poco pero es muchísimo. La inseguridad, el desempleo, la desigualdad ahí seguirán, pero las acciones que tome el gobierno para solucionarlos estarán en consonancia con el deseo de los ciudadanos. Que haya elecciones en Guerrero y Michoacán es darle una oportunidad a las instituciones y enviar el mensaje de que la gente opta por el cambio pacífico. Si la gente se hace a un lado, entrega la plaza a factores de poder irregular, comenzando por la mafia.

Los disparos buscan amedrentar, suelen conseguirlo. Nadie quiere estar en las calles cuando comienzan los tiros. Los partidos deben unirse a los ciudadanos para conformar un frente común que rechace la violencia, sobre todo en plazas que han sido sustraídas del estado de derecho, como Guerrero y Michoacán.

No mas candidatos muertos

Donde haya necesidad, como en ciertos municipios de Guerrero y Michoacán, que se blinde a los candidatos de todos los partidos.La divisa es: no más candidatos muertos en lo que resta de la campaña electoral. Otra baja sería inadmisible.

Hay demasiado en juego, incluso el prestigio internacional del país.

Que los aspirantes estén sujetos al escrutinio no significa que queden expuestos a las amenazas del crimen.El dirigente nacional del PRI, César Camacho, llamó a no dejarse amedrentar ante acciones violentas y confrontar a la delincuencia organizada con política, mucha política, dijo, que es la vía para fortalecer las instituciones.

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