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La educación para este año

 

OpiniónEs lamentable la avidez de escándalo que se recrea en los medios, no se explica cómo la suerte de Kate del Castillo o el decir de personajes botarga como Andrea Legarreta o Raúl Araiza llamen tanto la atención, cuando hay temas verdaderamente importantes que deberían estar en el debate público.

A pocos parece haberles interesado la lastimosa docilidad con la que el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE) anunció que el Plan Nacional para la Evaluación de los Aprendizajes (Planea) será trastocado en 2016, aduciendo cuestiones “presupuestales”. Valiente manera como los notables consejeros entienden la autonomía que se le dotó al referido instituto, precisamente para que con amplia libertad garantice esquemas confiables de evaluación educativa.

La consejera Sylvia Schmelkes hasta parecía complacida al momento de dar el anuncio. No es la primera vez que los consejeros del INEE reaccionan con suma tibieza ante decisiones unilaterales de la SEP. El secretario Aurelio Nuño planteó que: “…no tendría caso hacer Planea cada año, porque los resultados educativos, tienen pocos cambios visibles”.

Si se quiere ver así, el actual titular de la SEP por lo menos fue más cuidadoso y dio la cara para argumentar los cambios en Planea 2016, en lugar de los sórdidos boletinazos de Emilio Chuayffet. Lo que no es nada diferente es la displicencia del INEE, una vez más exhibido por ONG y expertos en materia educativa por no tener una mínima intención crítica para con la SEP.

Planea 2016 será sólo un diagnóstico interno, no tendrá carácter censal y los propios docentes aplicarán el instrumento utilizado en Planea 2015. Llama la atención que en su momento, cuando el INEE anunció que la prueba ENLACE sería sustituida por Planea, señaló que necesariamente el nuevo plan de evaluación debe ser: externo, permanente y que el instrumento de aplicación debe ser constantemente modificado. Además, se dijo que Planea, a diferencia de ENLACE, mediría más allá de competencias de lenguaje, comunicación y matemáticas, habilidades relacionadas con la convivencia escolar. La pregunta es: ¿tampoco es factible observar en un año cambios en las pautas de interacción entre los alumnos? Sociológicamente hablando, es debatible.

Es cuestionable que la SEP brinde argumentos presupuestales para trastocar la aplicación Planea 2016, cuyo costo original se estima en 200 millones de pesos. El “Censo Educativo. Radiografía del Dispendio Presupuestal”,  realizado por México Evalúa, señala que un 26.4 por ciento de la nómina del magisterio registra anomalías que provocan pérdidas anuales por 51 mil 487 millones de pesos. La citada investigación establece que se desconocen las funciones y la ubicación de 591 mil 222 empleados del sector educativo, quienes, sin embargo, están en la nómina del magisterio. Claudio X. González, presidente de Mexicanos Primero, ha dicho al respecto que, comparado con este atraco, Oceanografía o la Línea 12 del Metro son un juego de niños.

Decía Einstein que “Locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados”. Así como se están haciendo las cosas, ¿realmente alguien cree que el resultado será un auténtico sistema educativo de calidad? Se suponía que en este cometido el INEE estaba llamado a jugar un papel central, sin embargo, esto no ha sido así; su flamante Consejo ha quedado a deber, su voz se ha vuelto temblorosa porque se ha burocratizado. Como bien lo apunta Carlos Ornelas, el INEE ya está apresado en la “jaula de hierro” weberiana. Volviendo a Einstein, qué resultado diferente puede generar el INEE si, como algunas otras instituciones que algún día albergaron esperanza de cambio y que el Legislativo  les brindó autonomía para ello, ahora se han vuelto ínsulas que demandan más presupuesto sólo para quemarlo como gasto corriente.

Águila o Sol

De: Prof. Monjardín

Frivolidades más que política

Ofender para obtener publicidad, agraviar poniendo de rehén la palabra, inventar para desacreditar e insultar para demeritar el trabajo, no pueden ser características de la política en un país debilitado por el protagonismo de muchos y el compromiso de pocos. No pueden ser descripciones de la política en un país que se acostumbra a la violencia por la opacidad de pocos y la complicidad de muchos.

Recurrir al insulto en la política es demostrar que no tenemos la suficiente capacidad para honrar el lenguaje y para respetar la palabra. Recurrir al insulto político es reconocer que puede más el rencor personal que el valor institucional del Estado mexicano. Recurrir al insulto es influir de manera errónea, es demostrar incapacidad de diálogo, debilidad para reflejarle a la ciudadanía que por encima de la cerrazón existe la conciliación.

Acostumbrarse al frívolo debate es resignarse a la propuesta limitada, confiarse de la excusa es resistirse a aclarar la realidad con la verdad; dejar de asombrarse ante nuestra desigualdad es convertirse en un espectador más de un juego en el cual no funcionan las reglas.

Por eso, preferimos ante la incapacidad el insulto, ante la inseguridad la agresión, ante la indecisión la omisión. Por eso, ante la desconfianza ciudadana preferimos el disfraz de lucha, preferimos la palabra audaz que se repite mucho pero que incide poco en el hecho y el resultado.

Por eso, nos equivocamos al dejar de distinguir con lógica nuestras prioridades. Nos agobiamos por incomprensibles comentarios sobre un pacto con la delincuencia organizada, pero nunca mencionamos ni hacemos nada por discutir, decidir y construir un pacto político y social nacional. Un pacto que con el ejemplo sirva como referente de unidad, que funcione como el primer acto de sensatez y madurez política. Este pacto nacional no significa que maquillemos nuestras diferencias políticas; por el contrario, se trata precisamente de exhibirlas para poder encontrar puntos de acuerdo como origen de un desarrollo sostenido. La política mexicana vive una crisis de identidad, la tiene porque dice saber lo que necesita, pero al mismo tiempo no sabe cómo lograrlo. Crisis, producto de la relación entre la inseguridad ciudadana y la desigualdad socioeconómica. Crisis, resultado de preferir la agresión que la inclusión, de convertir la tribuna legislativa en vocería de incongruencias y ofensas.

La política debe ser ejemplo de origen para incentivar el mejoramiento en la efectividad de los procesos judiciales, del fortalecimiento de los vínculos sociales, del aumento en la inversión en educación, salud pública y vivienda. Si la política no entiende sus prioridades, entonces no será capaz de reconciliarse con quienes creen en la democracia y confían en sus instituciones.

El insulto político no siempre está en el grito, también se insulta en el silencio, en la omisión. La política insulta cuando no se aprueban las reformas, cuando se viola la constitución, cuando no reconoce sus errores. El insulto político también es corrupción e indefinición, es prometer sólo para distraer. Insulta cuando olvida la panificación estratégica y la evaluación continua de resultados. Insulta cuando se parte de la percepción y no de la verdad, cuando justifica su inacción con discursos decorativos.

Si bien la política busca naturalmente representación en espacios de poder, la democracia es quien agrega el cómo y para quién usarlo. Cuando estos conceptos no están claros en los principios políticos, entonces se prefiere promover enfrentamientos que hacer acuerdos. Anular el insulto no es obra de una persona, sino de varias generaciones que trabajan sobre una visión compartida, sobre aspiraciones comunes, guardando la pluralidad de métodos para alcanzarlos.

La educación política no puede ser despojada por la ocurrencia e improvisación. El insulto no puede ser requisito de subsistencia política, no puede establecerse como conducta aprobada por algunos en perjuicio de las mayorías.

Consecuencias

La Fed aumentó las tasas, salieron los capitales desde los mercados emergentes, México trató de demostrar que se ha portado bien y no sirvió de nada. Hasta la mandamás del FMI, Christine Lagarde, ha abogado por el país que hizo las reformas, pero igual se le sigue maltratando.

No hay razón lógica, más allá del hecho de que los mercados financieros están insuficientemente informados y abocados a la especulación, que explique el tamaño de la corrida que ha sufrido el peso en las últimas semanas.

Hace décadas, cuando los circuitos financieros internacionales no estaban completos, las salidas de capital se podían atribuir fácilmente a los especuladores locales; hoy ya no es el caso. Menos aún cuando el sistema bancario mexicano ha sido copado, en su mayor parte, por capitales transnacionales.

De lo que se trata hoy día, sencillamente, es que el capital financiero, bancario y no bancario, está aprovechando una oportunidad para obtener ganancias a partir de la incertidumbre… que él mismo crea. No hay distinción entre países emergentes porque no importan las políticas que estén llevando a cabo, sino la existencia de capital sobrante.

Para México, eso son noticias mixtas, tirando cada vez más a malas, porque una cosa es una subvaluación relativa de la moneda —que podía ayudar a algunos sectores de exportación— y otra, diferente, que se intente pulverizarla desde afuera, con consecuencias disruptivas sobre toda la estructura económica.

Una de las consecuencias se conoce desde hace tiempo y ya tuvo efectos en la composición del gabinete: las finanzas de Pemex estaban mal estructuradas y el desplome en el precio del petróleo agravó la crisis y obliga al gobierno federal a acudir al rescate de la empresa que una vez fue fuente centralísima de las finanzas públicas. Esto también genera presiones sobre el presupuesto del 2017 —aunque Carstens y la pareja dispareja PAN-Morena quieran aplicar la tijera desde antes—.

La otra consecuencia me preocupa más: los productores de tortilla se quejan de aumentos de precio por el maíz importado y los empiezan a cargar al producto (de poco importa la baja en el precio internacional del grano si hay poca competencia en la producción de la masa). Esto podría significar el inicio de un ciclo que hace cosa de tres décadas bauticé como “T-G-D” y que es sumamente nocivo.

Los cambios

El presidente Enrique Peña Nieto realizó otros tres cambios en su equipo de trabajo y, al parecer, en ninguno de los casos fueron las mismas motivaciones. El movimiento de José Antonio González Anaya de la dirección general del IMSS al mismo rango de Petróleos Mexicanos (Pemex) manifiesta diferentes puntos de vista en el manejo de las finanzas nacionales.

Resulta muy notorio que, al tiempo que ya corrían los rumores de los cambios en el gabinete presidencial, el secretario de Hacienda, Luis Videgaray Caso, confirmara que habrá ajustes en el gasto público, pero que primero se tendría que dar a conocer lo que Pemex haría en ese sentido.

El relevo de González Anaya por Mikel Arriola, antes titular de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios, resulta casi natural, pues como se puede apreciar en sus antecedentes, los dos forman parte del poderoso grupo de economistas que ha conducido las finanzas nacionales, sin importar que el presidente de la República haya salido del PAN o del PRI.

Por lo que respecta a la Secretaría de Salud, los allegados a la ex titular, Mercedes Juan, saben que nunca se acostumbró a los juegos del poder y que prefiere las actividades académicas. De otra parte, desde antes de que saliera de la Rectoría de la UNAM se daba como un hecho que José Narro Robles sería incorporado al equipo presidencial. Puede decirse que resultó más sorpresivo que su nombramiento no ocurriera antes.

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