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La educación de calidad

Opinión-colorErick Zúñiga

¿Qué es México sin una educación de calidad? ¿Qué aspiraciones sostenibles de progreso podemos tener como país si la formación de alumnos y profesores no cumple con los estándares que vuelven posible el sueño de acceder al primer mundo.

La educación es el principal motor del desarrollo social. El papel que ésta desempeña en la estructuración de una sociedad capacitada para enfrentar los retos impuestos por la globalidad es vital.

La pobreza, la violencia, la corrupción y el desempleo pueden ser contrarrestados utilizando el poder de la educación. Sólo una instrucción adecuada en cada nivel escolar, apoyada por la adecuada formación en el hogar, es capaz de transformar el mundo.

Para mejorar la educación significativamente, se necesitan atender muchas aristas del que, sin duda, es un problema complejo.

No sólo se trata de generar beneficios para los grandes poseedores de este derecho universal, es decir, nuestros niños, adolescentes y jóvenes; se deben reconducir los proyectos y la designación recursos del Estado para que halla profesores mejor preparados y motivados a ser protagonistas de una verdadera revolución en el sistema educativo de México.

Forjar planes responsables y efectivos para propiciar una docencia mejor calificada es competencia exclusiva de las autoridades educativas federales.

Por esta razón, se necesita que el estado mexicano asuma su responsabilidad en el estancamiento y marginación que sufren las escuelas normales tanto públicas como privadas.

Se requiere que la gran reforma educativa sea impulsada no por un simple mecanismo de evaluación, sino por una modificación ostensible a las bases del sistema educativo imperante.

Las normales del país merecen tener mejor infraestructura y planes de estudio actualizados; merecen mayores recursos para potenciar la formación de los futuros maestros.

Nuestro país, en la totalidad, necesita una mejor regulación de todas las instituciones educativas encargadas de preparar a hombres y mujeres que, por vocación propia, enfrentan la gran tarea de moldear el futuro de millones de personas.

Los maestros de México no merecen seguir siendo estigmatizados por la existencia de movimientos consecuentes a un persistente fracaso gubernamental. No son ellos un lastre para nuestro desarrollo: son víctimas del rezago y del olvido; de la falta de una visión estadista que actúe para modificar las condiciones en las cuales realizan sus estudios y ejercen una de las profesiones peor remuneradas a pesar de su importancia para el avance holístico de nuestra sociedad.

Digámoslo con honestidad: Para reformar la educación de México no basta haber aprobado un nuevo examen para evaluar a los profesores, ni la condena sistemática de los medios hacia los movimientos sindicales que agitan el sureste del territorio nacional, ni la aparición de un nuevo organismo regulatorio.

Para que la educación del país salga adelante, se debe lograr un trabajo legislativo que faculte nuevos y valientes cambios constitucionales que obliguen a las autoridades educativas del gobierno federal a solucionar un problema del cual forman parte.

Se necesita que exista un nuevo compromiso por parte de todas las fuerzas políticas apostadas en ambas Cámaras para reformar la realidad que aqueja a los actuales y próximos formadores de México.Ordenemos prioridades y trabajemos por lo que más importa.

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