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La democracia en nuestros días

OpiniónErick Zúñiga 

En su análisis sobre las constituciones y formas de gobierno, Aristóteles identificaba lo que podría denominarse como “las formas ideales o mejores”; y sus contrarias. La Monarquía, por ejemplo, siendo una de las formas puras del gobierno, podría degenerar en tiranía.

La Aristocracia (el gobierno de los mejores, pues su nombre viene del término aristos, es decir, lo mejor), cuando se corrompe puede degenerar en una oligarquía (del griego oligos, es decir, pocos). La oligarquía, como forma corrupta del gobierno, significa que unos cuantos se hacen del poder en aras de defender sus intereses particulares.

Por su parte, la Democracia (del griego Demos, es decir, el pueblo), podría degenerar en dos formas que, para los ojos de Aristóteles, o también de Marco Tulio Cicerón, eran monstruosos: la oclocracia (del griego Oklos, es decir, muchedumbre o plebe), o en demagogia, una forma de gobierno en la que los poderosos suelen ganarse el favor del pueblo mediante adulaciones frívolas, concesiones mínimas o halagos dirigidos a los gobernados.

Tanto Aristóteles como Cicerón advertían que sus esquemas podían tomar formas particulares; es decir, pueden generarse peligrosas combinaciones de las distintas formas degeneradas del gobierno. Desde esa perspectiva, sería difícil caracterizar con precisión a nuestro actual sistema político; recurriendo a los datos disponibles podría pensarse al menos en lo siguiente. De acuerdo con OXFAM-México, 4 familias concentran alrededor del 9% del PIB nacional; y aunque esas familias no detentan de facto el poder político, existen claras alianzas con quienes sí lo hacen. Visto desde la perspectiva aristotélica, estaríamos frente a elementos constitutivos de una especie de oligarquía.

Frente a lo anterior, es un hecho que hoy contamos con un sistema institucional, encabezado por el Instituto Nacional Electoral (INE), el cual garantiza que las elecciones se lleven a cabo, procedimentalmente hablando, con importantes niveles de apego a la Ley y sus reglamentos. En apariencia entonces, estaríamos ante una democracia.

Sin embargo, al momento de construir los “slogans”, “jingles”, fotografías, así como al diseñar el vestuario y “corregir” la comunicación no verbal de las y los candidatos que los contratan, todos los diseñadores de “marketing” electoral optan por la emisión de “mensajes emocionales” y dirigidos a la parte afectiva, más que racional del electorado. Como todas las campañas se desarrollan en esta tesitura, bien puede pensarse que estamos en un Régimen Demagógico.

A lo anterior deben agregarse los constantes registros de “compra y manipulación del voto”. El caso reciente de Colima demuestra que las elecciones siguen determinadas por la recurrente práctica de dar obsequios, dinero o favores a quienes comprometen o emiten su voto en un sentido. Frente a ello, al ser una práctica generalizada, podría pensarse también en importantes elementos de una Oclocracia.

Para contextualizar en nuestra realidad estas ideas, es pertinente destacar que la Fundación Konrad Adenauer presentó hace unos días los resultados del Índice de Desarrollo Democrático para América Latina. México cayó en la medición 2015, al lugar 10, de 18 países medidos, y por primera vez, alerta la Fundación, sus valores están por debajo de los promedios regionales.

Las causas de esta caída son, fundamentalmente, la persistencia de la desigualdad y la pobreza, un retroceso importante en la participación de las mujeres en el ejercicio del Gobierno, la inseguridad y la violencia; el estancamiento económico, la corrupción, la impunidad y un débil proceso de fortalecimiento de nuestras instituciones -todas-, lo cual arroja como resultado un proceso de caída constante desde el 2002, llegando al peor valor registrado para el país en los últimos 13 años.

Águila o Sol

De: Prof. Monjardín

Posición de la izquierda

El posicionamiento de José Mujica en el debate sobre la legalización de la mariguana (que podría subtitularse ¿en qué grado y de qué modo?) es un posicionamiento muy sensato que expresa un espectro de opinión con el que no todos coinciden, pero que es claro y parece funcionar en Uruguay.

Si estuviéramos en clase de metodología diríamos que Mujica hace un planteamiento general del problema latinoamericano, empleando incluso términos que usó Calderón, pero con una lectura más verificable: “Estamos perdiendo la guerra en todas partes, porque tenemos debilidad política”.

El planteamiento es general porque ninguno de los que estamos por la legalización, los que están en el justo medio, los que se oponen e incluso a los que no les interesa la discusión, podríamos afirmar en nuestro sano juicio que la guerra contra el narcotráfico está a una rayita de ganarse con poco costo político y poca sangre derramada.

A partir de que se reconoce el problema hay muchas maneras de actuar. En esta gama de posibilidades se asoman también dos aspectos que van ligados: margen de maniobra y voluntad política.

Mujica consideró correcto legalizar y enfrentar el problema de una manera integral, mediante una política que es perfectible puesto que muy pronto encontró críticas porque el estado está obligado a contar con un padrón de consumidores. Algo así como si un cliente tuviera que pasar lista al comprar una cajetilla de cigarros o una botella de ron.

También expuso problemas específicos que son la otra cara de la moneda en el debate de quienes enfrentan algo que no debería estar confrontado sino ser complementario: legalización y [VS en lenguaje confrontacionista] rehabilitación: “Estamos llegando tarde a la rehabilitación de las juventudes que se drogan ‘porque los tenemos clandestinos y perseguidos, mientras las mafias se enriquecen y hacen barbaridades’”.

Será interesante enterarnos de las escalas y los fundamentos (mucho me temo que skineristas) para medir a los adictos a la mariguana. En el mundo del alcohol y a pesar de los prototipos, esto se encuentra más o menos representado y hay muchas redes de apoyo, algunas incluso altruistas, que no dependen de financiamiento estatal. Esta esfera de posibilidades para los alcohólicos existe gracias a que está legalizado el consumo, o, partiendo de las palabras del ex presidente uruguayo, no se adquiere ni se consume en la clandestinidad.

Mujica es contundente, se esté de acuerdo con él o no, y lo es porque a pesar de su vehemencia, su discurso es razonable: “Los cuerpos policiacos no están hechos de héroes, sino de hombres mortales que sucumben ante el dinero de los narcos o sus amenazas de muerte.”

La otra parte del discurso de Mujica estuvo orientado a una crítica a la izquierda: “Nos enamoramos del proyecto de nuestras respectivas parroquias y caemos en posiciones muy duras y sectarias que frecuentemente no nos permiten hacer causas con otros parecidos pero que tienen diferencias. En cambio, la derecha se aglutina en general por intereses y hay una flexibilidad notable cuando sabe que le conviene, a la izquierda le pasa lo contrario.”

Si yo lo tuviera enfrente en una rueda de prensa le preguntaría: ¿Qué piensa de las alianzas PAN/PRD o de la posición conservadora de AMLO con respecto a la legalización de la mariguana, más allá de que en su partido existan posturas menos rígidas? ¿Cree que la sociedad mexicana es más conservadora que la uruguaya y eso también se refleja en la izquierda? Pero como no lo tengo enfrente y el espacio es finito.

El sueño de unidad

En busca de romper la idea de que la región latinoamericana está fragmentada por subregiones, por más que a la luz de los hechos así sea, los latinoamericanos volvieron a reunirse al amparo de la IV Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno integrantes de la Celac. A la sazón, son tres los bloques que conforman la Celac: la Comunidad del Caribe (Caricom); el Mercado Común del Sur (Mercosur) y el Sistema de la Integración Centroamericana (Sica).

En su calidad de presidente anfitrión de la IV Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Comunidad de Estado, el ecuatoriano Rafael Correa instó a reemplazar a mediano plazo a la Organización de Estados Americanos (OEA), un organismo “que jamás funcionó adecuadamente, pero que es más anacrónico que nunca”.

“Necesitamos un organismo latinoamericano y caribeño capaz de defender los intereses soberanos de sus miembros; la OEA nos alejó de ese propósito reiteradamente”, denunció el mandatario ecuatoriano, durante la sesión inaugural de la IV Cumbre de la Celac en Quito, Ecuador.

Ante 22 presidentes de la región, dijo que se trata de desarrollar y potenciar el papel como bloque de la región, según explicó Correa, quien además precisó que éste sería el más importante punto, de los cinco ejes de trabajo que se plantea América Latina y el Caribe para los próximos años, en aras de combatir la pobreza.

Correa cuestionó que la sede del organismo, que actualmente es utilizado para atender los asuntos del continente, esté ubicada en Washington, capital Estados Unidos, país del “criminal bloqueo contra Cuba”.

Sentenció que para resolver esta situación es necesario “un nuevo sistema interamericano”, en el que la Celac y la OEA procesen las coincidencias y conflictos entre el norte y el sur del continente.

El mandatario criticó que estas instancias sean utilizadas por países hegemónicos para controlar al resto de las naciones. “Pagan para controlar a los demás, para controlar a los otros, eso solo tiene un nombre: neocolonialismo; y es inaceptable en nuestra América del siglo XXI”.

En este sentido, advirtió que los países de la región están controlados por Organizaciones No Gubernamentales que se involucran en asuntos políticos, “pero sin responsabilidad política, lo cual es mortal para la democracia”.

No es la primera vez que se piensa en sustituir a la OEA. En varias ocasiones, y no solo el grupo de los albistas, han promovido el cambio de ésta agrupación por no sentirse representados.

Cuando el nuevo secretario general de la OEA, Luis Almagro, tomó protesta el año pasado, quienes están a favor de modificar a ésta instancia, aumentaron las expectativas de cambio en el seno de la transformación.

Se dice que Almagro no quiere ser el administrador de la crisis de la OEA, sino “el facilitador de la renovación”.

Hay quienes opinan que Almagro asentará su trabajo en cuatro pilares: derechos humanos, democracia, desarrollo integral y seguridad multidimensional. Su sólida trayectoria diplomática y avalada por su gestión como canciller de José Mujica, constituyen un excelente punto de partida.

Para dejar atrás los problemas financieros tendrá que redefinir la situación presupuestaria de la OEA. Otras tareas prioritarias son superar las evidentes divisiones internas y, ante todo, recuperar la maltrecha credibilidad política de la organización.

Empujando el mando único

La bancada del PRD en el Senado afrontó por vez primera el tema de la iniciativa de ley en torno al mando único que remitió el Ejecutivo al Legislativo. Armando Ríos Piter, Alejandro Encinas y Miguel Barbosa —vamos, los que en realidad podían entender el tema— se dieron cuenta de que deben subirse a la propuesta presidencial. La estrategia sería ajustarla con otras iniciativas que su partido ha trabajado en torno a un control ciudadano de los fondos federales en seguridad pública.

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