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La ciudad de Nicaragua que se declara “libre” del régimen de Ortega

Organizaciones de derechos humanos registran al menos tres muertos y más de treinta heridos en Masaya, que resiste desde hace dos meses

Cuando el reloj marcaba las 22 horas en Masaya, un grupo de vecinos retomaba el megáfono para enviarle un mensaje al comisionado Ramón Avellán, jefe de la Policía de esta localidad en Nicaragua, encerrado hasta este martes junto a un grupo de sus oficiales en los cuarteles policiales, debido a que la población alzada contra el Gobierno del presidente Daniel Ortega no le dejaba que saliera. “¡Buenas noches, comisionado Avelláaaan!”, le gritaban los vecinos en una estrategia que persigue cansar a los policías y presionar para que se rindan. “¿Ya cenó, comisionado Avelláaaaan?”, se mofaban. El comisionado ha sido liberado este martes tras una fuerte intervención policial que ha dejado al menos tres muertos y más de treinta heridos, según las organizaciones de derechos humanos. Algunas barricadas también han sido destruidas, pero la ciudad sigue resistiendo.

Durante 13 días estos vecinos le presentaron su “comunicado” nocturno al poli: mujeres, homosexuales, médicos, artistas, cada noche un gremio diferente. Hasta el presidente Donald Trump, en voz de un masayense, le había pedido la rendición. “Buenas noches, comisionado Avellán. De parte de la comunidad de Masaya le hacemos llegar el comunicado desde Estados Unidos de Norteamérica. A continuación la voz del señor presidente Donald Trump: “Te vas a ir a la verga, como se va a ir a la verga tu patrón [Ortega] que te manda a asesinar. Buenas noches”, espetó el falso Trump arrastrando las erres.

Esta catarsis de los habitantes de Masaya con sus comunicados a Avellán mantenía la atención de toda Nicaragua cada noche. El país seguía cada comunicado desternillante a través de vídeos colgados en las redes sociales, como siguió el lunes la declaración de “liberación” de esta ciudad asediada durante dos meses por las huestes del Frente Sandinista y la Policía Nacional y que ha llorado al menos 13 muertos durante la protesta. También se registran decenas de heridos.

En un comunicado leído en el barrio de Pancasán, los vecinos advirtieron que no reconocen a las autoridades locales, que la ciudad no cuenta con un gobierno que satisfaga las necesidades de la población, por lo que decidieron nombrar una junta de “autogobierno”. La respuesta del régimen fue brutal. La mañana del martes envió a sus huestes y fuerzas policiales a atacar la ciudad, donde se han levantado unas doscientas barricadas. Las fuerzas gubernamentales y los grupos armados irregulares que avanzaban hacia Masaya desatando el terror. En uno de los vídeos que recorren las redes sociales se podía ver a mujeres que salieron de sus casas sonando cacerolas en Ticuantepe, localizada a unos 16 kilómetros de la entrada de la heroica Masaya.

En las venas de los habitantes de esta ciudad corre la resistencia. Hace cuarenta años Masaya también había resistido el asedio de la dictadura somocista, a un alto costo de muerte y destrucción, cuando el Frente Sandinista luchaba, barricada tras barricada, para liberar a Nicaragua de la tiranía. Como en aquel tiempo, la solidaridad de los vecinos ha sido clave: reúnen comida en las parroquias para alimentar a los jóvenes que cuidan las barricadas. Las mujeres de la ciudad se organizan en turnos para cocinar en fogones improvisados enormes ollas de arroz, frijoles y cocinar el maíz para preparar tortillas. También se hacen colectas de dinero para comprar los “morteros”, bombas artesanales con las que se defienden las trincheras. Esos morteros eran detonados cada noche tras el comunicado al comisionado Avellán.

“Estamos armados con la razón”, dijo la autonombrada Resistencia Cívica de Masaya en un comunicado. “Estamos auxiliándonos de barricadas, piedras y morteros, en desigualdad evidente y notoria con las tropas cobardes y asesinas de la dictadura”, explicaron. “El dictador Ortega y Murillo no han cumplido con desarmar sus fuerzas parapoliciales, sino más bien, ha convocado a viejos combatientes, exreservistas, y su militancia sandinistas, que fuertemente armados imponen el terror y la muerte en todo el territorio nacional”, agregó la Resistencia, que exigió el fin del régimen: “La única manera de recuperar la confianza y seguridad ciudadana es con la renuncia de la pareja presidencial, la cual exigimos inmediatamente, y exigimos también que se conforme una junta de salvación nacional de cinco miembros de los sectores beligerantes y representativos de la nación, que haga reformas institucionales y legislativas que permitan organizar elecciones libres y transparentes en un plazo máximo de 180 días”.

La valentía de esta población golpeada por la violencia del Ejecutivo de Ortega ha traspasado las fronteras de Nicaragua. El martes, mientras la ciudad era ferozmente atacada, el secretario general de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, se solidarizó con sus habitantes. “El pueblo de Masaya ha demostrado su heroísmo en las páginas más oscuras de la historia de Nicaragua. Condenamos cualquier tipo de ataque que atente contra la vida y al seguridad de los habitantes de Masaya”, escribió Almagro en su cuenta oficial de Twitter. Para los nicaragüenses, atacar Masaya es atacar el corazón de un país cansado, pero que resiste desde hace dos meses la peor crisis de los últimos cuarenta años, que ya ha dejado 180 muertos.

ORTEGA INCUMPLE ACUERDOS

El Diálogo Nacional mediado por la Iglesia y que pretende encontrar una salida a la crisis nicaragüense entró nuevamente en crisis el lunes, cuando miembros de la opositora Alianza Cívica –que reúne a representantes de los estudiantes, sociedad civil, empresarios, campesinos y académicos– denunciaron que el Gobierno no había enviado las cartas de invitación a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y la Unión Europea, para que visiten Nicaragua y constante las violaciones en las que ha incurrido el régimen durante la represión de las manifestaciones. Los representantes de la Alianza se levantaron de la mesa de negociación en protesta por el incumplimiento de este acuerdo, firmado por el Gobierno el fin de semana. Las negociaciones quedan interrumpidas hasta que Ortega envíe las invitaciones a esos organismos, dijeron representantes de la Conferencia Episcopal de Nicaragua.

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