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Juventud mexicana

OpiniónLos jóvenes de México son los nuevos olvidados, su sociedad no parece escucharlos ni comprenderlos. Discursivamente se refieren a ellos políticos, sociólogos, demógrafos y autoridades, sin embargo, a pesar de ser el perfil poblacional más numeroso, la juventud mexicana no cuenta con una política pública integral que efectivamente atienda sus necesidades particulares y los involucre en la estrategia de desarrollo. De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en 2015, México alcanzó una cifra récord de 30 millones en el segmento poblacional que va de los 15 a los 29 años. Nunca como ahora el país tendrá tal número de jóvenes, empero, paradójicamente, nunca como hoy los jóvenes ven con tanta incertidumbre su propio futuro.

Se entiende por bono demográfico al fenómeno que tiene lugar cuando el volumen de la población en edad de trabajar, la cual se ubica entre 14 y 59 años, supera a la población dependiente. Es decir, una mayor proporción de población en edad productiva implica menor carga para el grueso de la sociedad y ello, en teoría, facilita el crecimiento económico. Hay que subrayar que los beneficios que contraería el bono demográfico no llegan en automático, como precondición se tiene que instrumentar una política pública que de manera eficiente programe la inversión, a modo de brindar oportunidades, dotar de educación de calidad y formar recursos humanos calificados que les permitan a esos jóvenes ser protagonistas del desarrollo nacional y competir en un entorno global.

Por lo visto, hasta ahora, lejos de estarse sentando las bases para capitalizar la ventaja que supone la citada condición demográfica, lo que está ocurriendo es que los espacios de participación e integración para los jóvenes se están cerrando, con lo cual se camina en la ruta de desaprovechar el llamado bono demográfico. Los jóvenes llevan lustros desatendidos, los programas destinados para ellos son coyunturales, desarticulados, “ocurrencias sexenales”, nada más lejano a una estrategia integral. De 106 intervenciones federales en materia de impulso a la juventud, solamente 20% de ellas, es decir, 17 fueron calificadas como buenas prácticas, este dato fue presentado por la evaluación “Políticas y Programas para el Desarrollo de la Juventud”, realizado por la Fundación Idea. Este reporte fue preparado para el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) y el Instituto Mexicano de la Juventud (Imjuve), el estudio concluye que las herramientas federales no reconocen a los jóvenes como sujetos de derechos.

Para la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) la inclusión social de la juventud debe ser una prioridad para los países de la región como México. No obstante lo anterior, de acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), hay más de siete millones de jóvenes en México que no estudian ni trabajan.

En el informe Invertir para transformar, elaborado conjuntamente por la Organización Iberoamericana de Juventud (OIJ) y la mencionada Cepal, se destaca que 45.5% de la población juvenil mexicana es pobre. Uno de cada dos jóvenes mexicanos ni siquiera cuenta con los ingresos suficientes para adquirir una canasta básica. Thomas Wissing, director de la Organización Internacional del Trabajo para México (OIT), ha señalado que las proyecciones del empleo en México no son optimistas para los jóvenes, a quienes se les dificulta demasiado obtener un trabajo decente.

En suma, es impostergable voltear a ver a los jóvenes, su situación es desalentadora y soslayarlo nos puede costar mucho a la larga como sociedad. El país debe brindarles oportunidades, hay para con ellos una gran deuda y particularmente la clase política ha sido insensible al respecto. De manera temeraria se ha dejado acumular mucha rabia y rencor en las últimas generaciones de mexicanos.

Águila o Sol

De: Prof. Monjardín

Apreciar las oportunidades

Señales que son advertencias, avisos ignorados que se convierten en tragedias anunciadas. Reproches que suenan a chantajes, indefiniciones que condenan las respuestas y declaraciones que desechan argumentaciones y se concentran sólo en justificaciones.

Señales de un México dolido, abandonado y dividido. Señales de un México que nos recuerda también la fuerza de sus ciudadanos, de quienes encuentran en el conflicto una oportunidad para resolverlo y no para desconocerlo.

Señales que advierten la falta de imaginación de la política mexicana, de una política supuestamente renovada en sus formas, pero totalmente cansada en sus fondos. Señales que se pierden entre la demagogia y la soberbia, entre la omisión y la indecisión. Señales de una política de reflector que se refugia en el histrionismo y que se contagia del cinismo, de una política que pierde el tiempo en el discurso y pierde la fuerza en el insulto.

Así, los momentos de grandeza política se ven vulnerados por la pequeñez con que se asumen las responsabilidades públicas. Las soluciones parecen ilusiones que, al no encontrar su destino, se pierden en el camino de las excusas. Ilusión democrática que engaña a quienes la presumen y desdeña a quienes la resumen como un mero acto de proselitismo y populismo.

Nuestra política no puede representar el vacío institucional, no puede ser espacio de los buenos deseos, pero al mismo tiempo de los malos resultados. Nuestro sistema político no puede basarse en la descoordinación de poderes, por el contrario, debe de incentivar la cooperación entre ellos. Por esto, es indispensable una reforma política que reconozca la participación ciudadana, que eficiente los procesos legislativos y que le otorgue vigencia a un estado de derecho que se ve vulnerado cada vez que la ley es puesta al servicio del mejor postor.

Cuando la política se hace ajena a la verdad, pierde el valor para sostener con hechos lo que promete con la palabra, pierde la capacidad de hacer modificaciones sustanciales que de verdad satisfagan la necesidad de la pobreza, de la marginación y de la exclusión. Si la política carece de legitimidad, carece de integridad, carece de perspectiva para construir acuerdos consensuados con la sociedad y entre todas las fuerzas políticas.

Dejar a la política sin honor es dejarla sin cualidad moral para actuar de acuerdo con las normas establecidas, de forma justa y diciendo la verdad. El honor político exige no sólo la moral, sino la sensatez, exige prudencia para gobernar, decencia para legislar con sentido social, exige generosidad, exige diálogo entre gobierno y ciudadanía.

El honor político no se construye en la ambigua relación con la legalidad, en donde se suspenden o ignoran las normas cuando el interés personal lo exige. La política se honra cuando se validan instituciones representativas y no cuando se simulan mediante ilusiones interpretativas.

Nuestra política falla cada vez que vemos a más migrantes muertos, cada vez que son civiles las víctimas de ejecuciones. Falla porque mientras se incrementa la pobreza se retrasan las reformas; falla cuando la acusación vale más que la deliberación; falla cuando la exigencia ciudadana es contenida por la resistencia política.

La política de honor mantiene un orden jurídico estable y eficiente; entiende que su función es la conciliación de intereses divergentes; sabe que no sólo debe haber justicia, sino que debe ser evidente que la hay y que se hace cumplir. La política de honor sabe que no puede solucionarlo todo, pero también entiende que nada puede estar completamente al margen de ella. La política que se ejerce con honor no se refugia en el reflector privado a costa de la miseria pública, no puede consentir la complicidad para disfrazar la mediocridad. La política se honra desde su palabra, desde su origen; se honra cada vez que la miseria y la violencia duelen; se honra cuando asumimos que la política no sólo es poder, sino también deber…

Apuesta equivocada

Un cese de operaciones parece lenguaje empresarial o bancario para referirse al término de actividades de una organización o conglomerado. Sin embargo, el término está por incorporarse a la política internacional para abarcar la negociación de un complejo cese al fuego en el conflicto sirio. No deja de ser sintomático que al menos tres de los representantes de los principales actores involucrados se han referido a ello: los cancilleres ruso y estadunidense, y el presidente sirio. De acuerdo con la información trascendida, el cese hostilidades inciará a la medianoche del próximo 27 de febrero, poco antes del quinto año del conflicto armado. Los brokers de este alto al fuego, rusos y estadunidenses, han informado que ello no incluirá las acciones armadas en contra de los grupos terroristas Estado Islámico y Nusra (Al Qaeda). Igualmente, se ha establecido la fecha del 26 de febrero como límite máximo para que todas las partes expresen su convicción de cumplir el compromiso con el cese de operaciones.

Ahora bien, en una interesante entrevista al presidente sirio Bachar al Asad, publicada apenas el domingo pasado por el diario El País, este cuestionado personaje que parece cobrar mayor vigencia con el transcurso de los hechos, y de la mano de sus aliados rusos, explica claramente que el cese de operaciones es algo más elaborado que un simple alto el fuego, toda vez que esto no ocurrirá entre dos ejércitos tradicionales enfrentados entre sí, sino que además de detener el fuego, debe impedir a los “terroristas” aprovechar el momento para mejorar sus posiciones e impedir a otros países involucrados sacar provecho, entre otros elementos. Al Asad es muy explícito al señalar como ejemplo de ello, a Turquía, Arabia Saudita o Qatar. Por lo demás, es ambiguo respecto del uso del término terrorista, y usa indistintamente el concepto para referirse a todos los opositores, sirios o troyanos. No podría esperarse de otra manera, claro está, porque el lenguaje del autoritarismo es tan nítido como eso. (El País, Secc. Internacional, 21febrero2016)

Las buenas noticias por lo tanto, son precarias, casi tan frágiles como el escenario mismo del conflicto, el cual ha alcanzado vertientes mayúsculas de crisis, particularmente en su dimensión humanitaria de civiles muertos, refugiados y desplazados. Este anuncio es apenas un inicio informal, con retraso por cierto, de un proceso político complicado y cuyos resultados dependen de una multiplicidad de factores. Se cuenta sin duda con la guía adecuada que son los parámetros establecidos por la resolución 2254 del Consejo de Seguridad de la ONU. Sin embargo, la reanudación de las pláticas de paz en Ginebra hace unas semanas, no han traído buenos signos de cambio consigo. Este anuncio ruso-estadunidense es una buena noticia, pero nada más. Mientras estas líneas se escriben el Consejo de Seguridad se reúne a puerta cerrada para analizar la situación. Sería altamente deseable que sus miembros acordaran un claro pronunciamiento de respaldo a dicha propuesta de cese del fuego y de las operaciones y que alienten los pasos siguientes de un proceso político tendiente a la normalización y la reconciliación del país.

Promoviendo adicciones

La tendencia a despenalizar el consumo de la mariguana avanza en los foros abiertos para el análisis de este que se suponía un tema conflictivo. Lo que falta es que esas opiniones se conviertan en leyes y la realidad indica que hay un sector importante de legisladores dispuestos a respaldar el cambio.

En el foro denominado “Consumidores de Mariguana: Una perspectiva autónoma”, diputados del grupo parlamentario de Morena se pronunciaron por garantizar los derechos de los consumidores de mariguana y legislar para que no sean criminalizados, ya que no todos son delincuentes, ni un problema para la sociedad.

Al inaugurar el foro, el diputado Juan Romero Tenorio (Morena) afirmó que se trata de un problema no solamente de política y salud pública, sino de seguridad nacional. “La situación de inseguridad generada por el crimen organizado y por el narcotráfico pone en riesgo a la seguridad nacional, ya que es altísimo el número de víctimas colaterales sobre estos hechos”.

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