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Izquierda, mal y de malas

Opinión-colorÁguila o Sol

De: Prof. Monjardín

Marx hizo periodismo para sobrevivir y para difundir sus ideas producto de profundos estudios y largas reflexiones filosóficas, sociales, culturales y políticas, acompañado por Federico Engels, su eterno amigo. No practicó la entrevista, ella nació como el objetivo de periodistas serios que descubrían la entrevista como un género productor de ideas e información para públicos que crecían. En una de ellas, realizada por el norteamericano R. Landor para TheWorld, publicada el 18 de julio de 1871, el poderoso filósofo tiene frases reveladoras para el grueso público, refiriéndose a los trabajadores, su principal interés, a quienes les veía potencial para transformar el mundo: “Nuestros principales centros de actividad están por el momento entre las viejas sociedades europeas. Son muchas las circunstancias que han tendido a impedir hasta hoy que el problema del trabajo asuma una importancia dominante en Estados Unidos, pero dichas circunstancias están ya en proceso de desaparición. Al igual que en Europa, el trabajo empieza a ganar importancia a grandes pasos gracias al crecimiento de una clase trabajadora distinta del resto de la comunidad y disociada del capital”.

Lo que Marx contemplaba era el desarrollo social y político del proletariado, su expansión merced a la industrialización principalmente de Inglaterra, Francia y Alemania. Vio, además, la explosión de la Comuna de París en 1871, el primer gran intento de los trabajadores por llevar a cabo una toma del poder que terminó con una masacre.

Más adelante, Lenin y sus camaradas lograron llevar a la práctica una revolución en nombre del marxismo. Para ello, tuvo que darle a sus teorías una adecuación y crear, en función de las experiencias adquiridas en la Comuna y en la intentona revolucionaria rusa de 1905, y dentro de otras cosas, supo que era definitivo darle a la clase obrera una cabeza, es decir, un partido político que lo condujera a la victoria. Los resultados son bien conocidos, desde el triunfo de los soviets hasta el derrumbe del llamado socialismo real hace unas tres décadas. Son años intensos, de grandes debates y tormentosas guerras. Hoy el comunismo histórico es una pieza de museo, una reliquia difícil de resucitar al menos en el mediano plazo. Las condiciones, debido al fracaso de quienes intentaron llevar a la práctica el marxismo, son más complejas y, para colmo, el proletariado jamás cumplió con el inmenso destino que Marx le vio. En China y en Cuba, por ejemplo, los comunistas llegaron al poder sin el proletariado a su lado.

México tiene otra historia. La gran Revolución de 1910-1917 es una lucha sin ideología, sólo orientada por la explotación y la miseria, una dictadura de tres décadas, que realmente careció de una ideología ambiciosa y de un proyecto renovador. Su final ha sido dramático: de aquellas legendarias escenas de valor y dignidad que llevaron a cabo principalmente zapatistas y villistas, no quedan sino recuerdos plasmados en fotografías y excelentes obras literarias como las de Martín Luis Guzmán, Rafael F. Muñoz y Mariano Azuela y, desde luego, en los murales de Orozco, Rivera y Siqueiros. No más. La oratoria oficial la ha convertido de una pésima broma a una parodia de una parodia. Marx lo dijo de una manera contundente en una de sus más fascinantes obras, El 18 Brumario: La historia se repite, una vez es tragedia, la segunda farsa.

La izquierda puede hoy en día ser vista de formas múltiples, está sujeta a las interpretaciones que un mundo nuevo, globalizado por el capitalismo y con un mal recuerdo de los vencidos, los comunistas, quienes suelen aparecer, sobre todo en la banal cinematografía norteamericana, tan perversos como los nazis.

Como sea, aquello que nos decían Marx y Engels de que un fantasma recorre el mundo, el fantasma del comunismo (o del anarquismo, si se prefiere), hoy es un simple espantajo que sólo sorprende a los medios de comunicación ingenuos.

Mera aclaración

Entre las siete acciones que anunció el pasado 4 de enero el presidente Peña Nieto a favor de la economía familiar, llama la atención la cuarta. Cito al Presidente: “En 2015, más de 10 millones de familias de escasos recursos recibirán una televisión digital, totalmente gratuita”, acción que es una buena muestra del gobierno hada madrina, que pretende concedernos todos los bienes, desde la cuna hasta la tumba, incluidas televisiones digitales, ¡que de ninguna manera serán gratuitas! Distingamos: una cosa es que quienes las reciben no paguen por ellas y otra que nadie pague por ellas. Lo primero es posible, lo segundo no, de ninguna manera. Entonces, si quienes reciben esas televisiones no pagan por ellas, ¿quién paga?

La primera respuesta, a bote pronto, es: el gobierno, lo cual es cierto. El dinero para comprar esas televisiones sale del presupuesto gubernamental, lo cual nos plantea esta otra pregunta: ¿y de dónde salió el dinero que fue a parar a las arcas del gobierno? Ayer, hoy, o mañana, de una u otra manera, del bolsillo de los contribuyentes, a quienes el recaudador obliga, bajo amenaza de castigo (que puede ir desde un recargo hasta la cárcel), a entregar parte del producto de su trabajo, que en eso, ni más ni menos, consiste cobrar impuestos, siendo este cobro el “pecado original” de cualquier gobierno: para subsistir necesita obligar a los ciudadanos a entregarle parte del producto de su trabajo1, momento de preguntar, ¡en serio!, si se justifica que parte de esos impuestos se use para que el gobierno compre y regale, ¡haciendo caravana con sombrero ajeno!, televisiones.

Una posible justificación para tal arbitrariedad es que el uso de esas televisiones hará posible el apagón analógico, necesario para masificar y abaratar el uso de internet, y según las autoridades de la SCT, “el costo beneficio País de algo tan importante da positivo, (y ello) implicará Internet a (sic) millones de mexicanos”.

Supongamos que sea cierto que el precio de internet baje y que ello reporte beneficios para millones de familias en el país. Ello, ¿justifica el cobro de impuestos con fines redistributivos? ¿Justifica que el gobierno obligue a “A” a entregarle parte del producto de su trabajo para comprar una televisión y regalársela a “B”? El mayor beneficio de alguien (pocos, muchos, todos), logrado por medio de la redistribución, ¿justifica violar al derecho a la propiedad privada, mismo que el gobierno viola cada vez que cobra impuestos con fines redistributivos?

Ya era hora

El año pasado, advertimos que la Fuerza Rural de Michoacán, presentada por el comisionado Alfredo Castillo carecía de sustento legal.  Ahora queda demostrado que la puesta en marcha de esa corporación —que absorbió a la mayoría de los integrantes de los grupos de autodefensa— violaba al menos los artículos 77, 78 y 82 de la Ley del Sistema Estatal de Seguridad Pública de Michoacán.

Además de violar el marco jurídico, la Fuerza Rural sólo sirvió para legalizar la posesión de armas de alto poder por parte de los autodefensas, divididos en diversas facciones.Intentar legalizar lo ilegal tuvo consecuencias negativas. Miembros de dos facciones de ex autodefensas, ahora convertidos en servidores públicos armados, se enfrentaron a balazos el pasado 16 de diciembre con saldo de 11 muertos.

En días anteriores, otros integrantes de la Fuerza Rural habían quemado sus uniformes en protesta por la supuesta falta de apoyo para realizar su labor y habían amagado con “volver a tomar las armas”.

Esta semana, el súper comisionado Castillo adelantó la desaparición de la Fuerza Rural, esa corporación policiaca pirata que nació sin pies ni cabeza y, por cierto, sin la aprobación de las fuerzas armadas.La desaparición de esta policía se inició formalmente desde el pasado 23 de diciembre, cuando integrantes del Ejército asumieron la vigilancia en tres puntos de Tierra Caliente: Apatzingán, comunidad La Ruana del municipio de Buenavista, y comunidad La Mira, municipio de Lázaro Cárdenas.

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