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Inquitante barbaján

 

Opinión-colorErick Zúñiga

Donald Trump es un empresario millonario nacido en Nueva York hace 69 años. Formado en la escuela de negocios de Warthon, se ha dedicado a los negocios a través de la empresa que preside, llamada Trump Organization, la cual llegó a estar en bancarrota comercial, de la que se recuperó, para llegar ahora a un valor de varios miles de millones de dólares. Especialmente proclive a  los medios de comunicación, ha llegado incluso a aparecer como presentador en el reality show The Apprentice en la televisión norteamericana. Con estos antecedentes, “The Donald”, como se le conoce, busca ahora la nominación del Partido Republicano en los EU para contender en las elecciones por la presidencia de dicho país en 2016.

Durante esta contienda interna, Trump se ha distinguido por su visión crítica hacia México y hacia los inmigrantes mexicanos en los EU. Asegurando textualmente que “México no es nuestro amigo”,  Trump ha propuesto la construcción de un muro en la frontera entre los Estados Unidos de América y México, el cual, además, debería ser sufragado por nuestro país. En su particular forma de ver las cosas, ha afirmado que “México manda a su gente, pero no manda lo mejor. Está enviando a gente con un montón de problemas (…). Están trayendo drogas, el crimen, a los violadores.” Magnánimamente, sin embargo, ha agregado que “asume que algunos son buenos”.

A pesar de que sus comentarios han generado reacciones adversas por parte de destacados empresarios y empresas, como Carlos Slim, Univisión, Televisa, Macy´s o NBC, que solían mantener negocios con el magnate, nada parece detenerlo en sus afirmaciones ofensivas, las cuales son ya incontables y podrían llenar el espacio completo de esta columna.

Sin embargo, no es la intención seguir citándolas, sino reflexionar sobre lo que en verdad me preocupa, no de este personaje peculiar, sino del respaldo que parece ganar día con día en los sondeos que se han publicado (excepto el que fue difundido recientemente por The Washington Post). Honestamente, lo que diga o deje de decir a los cuatro vientos este millonario bocón no tendría relevancia alguna, si no fuera por las simpatías que parece generar en algunos círculos de la sociedad americana; círculos, por cierto, muy influyentes.

Según una encuesta de la cadena CNN, Donald Trump se sitúa como favorito con el 32% entre la base del partido republicano, seguido por Ben Carson con 19%. Para el 71% de los encuestados, lo que más atrae de Trump es su posición en temas de migración y de liderazgo de Estados Unidos. Y pareciera que, según se puede apreciar en una serie de encuestas publicadas por Gallup, la ganancia en las preferencias se acentúa en la medida en que lo hace el tono de sus denostaciones y radicalismos. Solo entre principios de agosto y los primeros días de septiembre ganó 16 puntos de preferencias de los 32 con que aparece en la última medición.

El asunto es inquietante si tomamos en cuenta el enorme significado y la importancia que tiene la relación de ambos países. México es el segundo socio comercial de Estados Unidos y el primer destino de las exportaciones de California, Arizona y Texas. Por lo que hace a nuestro país, baste señalar que en el año 2012 el comercio con aquel país fue de 494 mil millones de dólares; más de 1.3 mmdd al día. Estando así las cosas, simplemente es inaceptable que prospere entre el ánimo de una clase decisiva en la economía americana, una visión de México como la que alienta Trump.

Cambiar ese ambiente es el mayor reto que tiene Miguel Basáñez en su tarea diplomática. Quizá la tarea tan empeñosa que ha hecho con los grupos hispanos en aquel país explique en parte su designación. O quizá lo explique la capacidad que tenga para entregar cuentas satisfactorias.

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