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Independientes vs. partidocracia

 

OpiniónLas candidaturas independientes constitucionalmente se aprobaron en México en agosto de 2012, sin embargo, fue hasta el 2014, con la promulgación de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales (LGIPE), cuando éstas quedaron reguladas. Ya con ese marco legal, en el proceso electoral de 2015 los candidatos independientes sorprendieron con triunfos y resultados competitivos.

El caso más sonado fue el de Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, quien ganó la gubernatura de Nuevo León con 48.9% de los votos. Tales logros por la vía independiente incentivaron todo tipo de especulaciones y expectativas acerca del peso que las candidaturas de esta naturaleza tendrán en las elecciones del 2018.

El sistema de partidos en México atraviesa por una severa crisis. Los institutos políticos se han alejado de la ciudadanía, han dejado de representarla. La partidocracia recrea sus propios intereses y agravia con sus excesos a la sociedad.

La creciente molestia hacia los partidos permite entender que el electorado vea con frescura a las candidaturas independientes. Indudablemente los llamados independientes serán un factor en la sucesión presidencial de 2018; conviene apuntar algunos datos duros a modo de observar el sustento real que eventualmente les permitiría crecer.

El informe Latinbarómetro 2015 señala que América Latina es la región más insatisfecha con la democracia en el orbe. En promedio sólo 37 por ciento de los latinoamericanos se manifiesta a gusto con su democracia. Llama particularmente la atención en este reconocido estudio que, para el caso de México, únicamente el 19 por ciento de los mexicanos se dice satisfecho con su democracia, lo que convierte a nuestro país en el menos satisfecho con su sistema democrático en el subcontinente. Es decir, los más insatisfechos dentro de los más insatisfechos del mundo.

El referido estudio, que cumple ya su vigésima edición, arroja también otro dato inquietante. El ciudadano común latinoamericano está bastante descontento con el curso de la economía. El 20 por ciento dijo estar satisfecho con el desempeño económico en su país. En México, el resultado es por demás interesante, sólo el 10 por ciento de los mexicanos considera que la situación económica es buena o muy buena.

Por otra parte, en 2015 el Instituto Nacional Electoral (INE) desarrolló, en conjunto con El Colegio de México, el llamado Informe País: Sobre la Calidad de la Ciudadanía en México. En este estudio se reveló que la confianza de los ciudadanos en las instituciones no supera el 50%; de hecho, la confianza en los partidos políticos y los diputados está por debajo del 20%. Cabe destacar que en el Informe País auspiciado por el INE, la confianza de los mexicanos hacia la autoridad electoral es de apenas 34%.

En suma, parece que hay sustrato para que el voto antisistema crezca de cara a la sucesión presidencial. Según un estudio de opinión de Alejandro Moreno, publicado ayer en El Financiero, los independientes en su conjunto podrían llegar a contar, en este momento, con un tercio del electorado nacional.

Vendrá una fuerte pugna por aglutinar ese creciente nicho de votos. Así se explica la molestia de López Obrador para con El Bronco y Mancera; también así se entiende que, al momento, se hayan apuntado en esta pista una decena de prospectos. Ahí encuentra sentido el intenso activismo de Jorge Castañeda, promoviendo la idea de impulsar un programa que defina tiempos y mecanismos para construir una candidatura independiente única. Sólo así, explica el ex canciller, se podrá hacer frente a la maquinaria de la partidocracia. Evidentemente la apuesta desde los partidos es otra: prohijar que proliferen los proyectos independientes, a modo de pulverizar el potencial que esta figura  pueda tener en 2018. La pugna sucesoria ya empezó.

Águila o Sol

De: Prof. Monjardín

Incumplimientos

Teorías políticas que nos indican cómo debe funcionar el sistema político mexicano, promesas incumplidas, cambios de ideologías repentinas, alianzas para el derrocamiento y no para el proyecto que el país necesita, son algunas de las características que vivimos en esta realidad que se divide en varias.

La actuación política depende de los intereses de grupo en el interior de los mismos, gobierno federal, gobierno estatal, partidos políticos, funcionarios, sindicatos, diputados federales o locales que se dividen en grupos políticos o lideres posicionados para asegurar su siguiente seudo compromiso para llegar a la campaña perfecta.

Todos o algunos trabajando para proyectos personales y no sociales; para lograr la subsistencia en este medio hacen cambio de ideología, cambian información o se prostituyen al mejor postor sin el menor pudor o conciencia, algunos claudican ante la realidad que los ahoga y pervierte en su obsesiva búsqueda de la continuidad política. Le venden a la sociedad lo que van hacer, los marean, abusan de la pobreza y las necesidades de este pueblo lastimado por los hechos diarios, ofrecen despensas, camisetas, gorras, una serie de utilitarios para mantenerlos mareados y agradecidos. La pobreza en el país es el mejor negocio electoral que existe.

El pueblo de México no merece a sus gobernantes, pues la elección de los mismos se basa únicamente en mantenerlos incultos, pobres, inconscientes y dormidos. La necesidad es tanta que la gente se conforma con una promesa no cumplida. La obligación del Estado no se aplica, no hay mejora en la educación, no hay visión, no hay proyecto.

La educación no sólo son aulas y maestros, es información abierta para quien quiera exigir, conocer, prevenir, informarse, opinar y para ello no solo los maestros de México, los padres, la sociedad en general que se involucra en la acción de transformar, actuar, sembrar para los tiempos del mañana y quiera despertar, empezar a gritar lo que no se habla, lo que se calla en la misma complicidad que el peor de los políticos o delincuentes, el que no desea ver la realidad de su entorno y responsabiliza a otros por sus propias decisiones.

Bienvenidas las nuevas leyes que impulsan desde las cámaras, pero ¿cómo se aplican?, si en el momento que se requiere todo se traslada a una burocracia lenta y desganada, perdida entre las brumas de la corrupción, el hastío y la mediocridad de no hacer la diferencia; mediáticamente causan furor y votos, pero en la realidad hacemos las leyes para los demás y las excepciones para nosotros mismos.

Empezamos de lo macro a lo micro, cuando las necesidades prioritarias de los hombres, mujeres y niños para su mejor desarrollo y aprendizaje proviene de la buena alimentación. Se requieren recursos para impulsar el desarrollo, es cierto; sin embargo, ¿qué se hace con el dinero de la recaudación de impuestos? ¿Por qué no quieren etiquetar y transparentar su destino en todos los rubros que impactan el fortalecimiento del país? ¿Cuál es el interés real de invertir en contra del narcotráfico y exponer al Ejército?

La falta de certeza lleva a la desesperación. Sin empleo, sin comida, sin dinero, apuestan a las oportunidades que los narcotraficantes les dan para subsistir y, entonces, ¿dónde queda la obligación del Estado? Combatir al narcotráfico o al mal gobierno no radica en la descalificación de la persona o que lo hagas responsable de lo que hoy se vive.

Es real que hay obligaciones constitucionales que garantizan la seguridad de los mexicanos, sin embargo, esa realidad está muy distante, aunque el discurso es el correcto, la hemos vulnerado y movido a nuestros propios intereses, pactado o no por actores de poder para trascender en lo inmediato, nunca a largo plazo.

Para pensar un poco

¿Usted podría dar una definición certera del significado de la felicidad? Esa misma pregunta que ha permanecido sin respuesta, fue abordada por cada civilización y en cada época. Los antiguos griegos respondieron a ella por medio de Aristóteles, para quién no estaba claro si la felicidad era algo que podía aprenderse, adquirirse por costumbre o si sobrevenía del destino.

Un tanto atormentado, en su libro “Fundamentación de la metafísica de las Costumbres”, publicado en 1785, Immanuel Kant, filósofo alemán del siglo 17, dijo: “La felicidad no es un ideal de la razón, sino de la imaginación”. Casi dos siglos más tarde, Jean Paul Sartre diría que “Felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace”.

Pero estas respuestas siempre han provenido de la filosofía y nunca de la ciencia, que ha fallado en darnos una definición de la felicidad. Lo cierto es que cualquiera que exista puede ser correcta, ya que la felicidad tiene tantos y tan diversos significados, que cada uno de nosotros la puede interpretar de un modo distinto.

Lo menciono porque en estos tiempos “modernos”, una buena parte de la sociedad ha llegado a equiparar la felicidad con el éxito. Se trata de un éxito para el cual muchos trabajamos muy duro en la creencia de que la felicidad viene del logro de nuestros objetivos, y si somos exitosos, entonces seremos felices, creen muchos. Pero una investigación científica que publicó la Universidad de Stanford nos dice que podríamos estar viendo y haciendo las cosas al revés.

La doctora Emma Seppälä, investigadora del tema, tiene un doctorado en psicología por la Universidad de Stanford y sus artículos han sido publicados en el New York Times y revistas especializadas como “Scientific American” y “Psychology Today”. Experta en el tema, la doctora Seppälä asegura, con base en la evidencia científica, que es la felicidad la que conduce al éxito y no a la inversa.

Llegó a esta conclusión después de trabajar en muchos entornos de trabajo estresante y de alto rendimiento como son las empresas de alta tecnología en Silicon Valley. Durante su investigación, entrevistó a altos directivos preguntándoles sobre el costo personal que estaban pagando por ser exitosos. Para sorpresa de muchos, los entrevistados estaban absolutamente convencidos de “posponer” su felicidad, con la creencia de que eventualmente serían felices una vez logradas sus metas.

Seppälä dice que revisando los resultados, encontró evidencia abrumadora de que el éxito tiene un precio, a veces muy alto, y que muchos de quienes lo obtienen, no se sienten tan satisfechos, pues a pesar de que habían logrado lo que querían, se sentían perdidos e infelices. Tocados por una especie de maldición, al alcanzar el éxito y el proceso para lograrlo se habían perdido a sí mismos, pues unos llegaron hasta la ignominia con tal de tenerlo. Algo de razón tendría el escritor francés Honoré de Balzac cuando expresó “¿De cuántas infamias se compone un éxito?”.

Otra promesa

En todo el mundo, las empresas petroleras han hecho ajustes a su operación para enfrentar la caída en los precios del petróleo. Pemex no es la excepción. La Ley de Ingresos para 2016 contemplaba un precio por barril de petróleo de 50 dólares y, en la actualidad, el precio promedio esperado para este año es de 25 dólares por barril.

Así dice un comunicado de la empresa petrolera, en el cual se informa de las medidas para enfrentar la caída del precio y la necesidad de contribuir al recorte en el gasto público.

Para hacer frente la situación, dice el comunicado, se diseñó un programa de ajuste que tuviera como prioridad no afectar la viabilidad de la empresa en el largo plazo, con los siguientes criterios: preservar la seguridad del personal y mantener la integridad de las instalaciones de la empresa; utilizar al máximo los nuevos instrumentos y figuras que permite la reforma energética y mantener, en la medida de lo posible, la plataforma de producción de este año, así como en el mediano y largo plazos.

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