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Hongos: un tesoro oculto en los bosques oaxaqueños

Dos hermanas de la Mixteca están promoviendo el rico (y delicioso) valor cultural de los hongos locales…

masdemx.com/Viviendo en México (y sobre todo siendo mexicano) es fácil acostumbrarse a la fantástica biodiversidad. Frutas, verduras, plantas y animales de todas formas, colores y sabores aparecen disponibles y siempre deliciosos todo el año. Pero esta tierra aún se guarda sus secretos.

En su artículo “En Oaxaca enseñan a vivir de los hongos”, Fernando Miranda comparte que tan sólo en los bosques de San Esteban Atlatlahuca, en la Mixteca Alta de Oaxaca existen 250 especies de hongos, de las cuales 32 son definitivamente comestibles. Suertudos aquellos que han probado más de tres. Por supuesto, sería imposible reconocer, incluso siendo mexicano, un espectro tan variado de riquezas; especialmente si los conocimientos tradicionales sobre las mismas se están perdiendo y los bosques donde crecen están desapareciendo.

Con esto en mente, Belén y Oralia Bautista, dos hermanas originarias de San Esteban se dedican a catalogar las especies de hongos que aún habitan los bosques de su tierra y, también, generan proyectos para capitalizar y divulgar los saberes que extraen de su investigación con ayuda de su equipo: el Grupo Etnomicológico de la Mixteca.

    El ejercicio implica una dedicación y sensibilidad excepcionales, que va desde recolectar hongos, saber nombrarlos según la nomenclatura científica y reconocer las propiedades y significados que la comunidad ñuu savi les ha atribuido por cientos de años. Para distintos grupos mixtecos los hongos son verdaderos tesoros, por sus sabor, su uso medicinal, ritual y, aunque sean venenosos, por las funciones que cumplen en los ecosistemas que habitan.

Como dijo Belén, para la nota de Miranda en El Universal:

“Los árboles son los que absorben todos los nutrientes del ambiente, el agua (y realizan) la fotosíntesis y al final generan carbohidratos que le entregan a los hongos, estos, en agradecimiento por la comida sirven como un canal para equilibrar el bosque. A este proceso se le llama micorrización: mico es hongo y riza es raíz.”

Evidentemente, la sensibilidad peculiar de quien estudia la naturaleza, como lo hacen Belén y Oralia, también se manifiesta en el entendimiento de una especie. Llamados en muchos sentidos “parásitos” por alimentarse de lo que producen otros o de sus desechos en descomposición, los hongos también se consideran esenciales.

Pero hay que estar cerca de la tierra para admirar con cuidado estos procesos. Como narra El Universal, Belén y Oralia han vivido siempre muy cerca de los bosques y del concepto de territorio. Su proyecto, en muchos sentidos, se relaciona con lo último.

En sitios como San Esteban, las comunidades locales habitan el espacio, pero no lo territorializan. Son muchas las circunstancias que impiden el aprovechamiento de estas tierras que sin duda les pertenecen. La falta de recursos técnicos es posiblemente una de las más frecuentes. Pero es posible darle la vuelta a ese asunto.

El Grupo Etnomicológico de la Mixteca ha generado alianzas con distintas universidades que están sistematizando sus descubrimientos y también recuperando los de la comunidad entera. Por el momento, han logrado catalogar 49 de las 250 especies. No deja de ser impresionante que 32 de ellas sean comestibles; además, 2 medicinales y 15 son tóxicas.

Esta recopilación de saberes es muy valiosa. Como cuenta Belén, antes solo se transmitían de generación a generación. Había riesgo de confundirse y de que los saberes se erosionaran con el tiempo. Un hongo se reconocía como “malo” por haber provocado la muerte de una persona. El asunto era desafortunadamente empírico.

Al mismo tiempo, ese saber intuitivo está increíblemente presente en la vida de la comunidad. Belén afirma conocer desde muy pequeña muchas cosas sobre los hongos; sobre sus propiedades. Tal vez no sobre su función en el ecosistema; pero sí lo demás. Es una preciosa curiosidad y una cualidad que ojalá pudiera replicarse por todos lados: “niños que conocen sus recursos”.

Ahora, también, en San Esteban hay adultos que conocen el valor de sus recursos para el resto del mundo. Oralia explica que algunos hongos “tienen precios exorbitantes” por sus cualidades gastronómicas; y mientras unos pagan lo que cuesten solo para probarlos, en la comunidad han estado presentes desde siempre.

Por esto se lleva a cabo anualmente la “Feria de los Hongos Silvestres”, donde la comunidad intercambia saberes con chefs y otros especialistas y que se ha vuelto el evento más importante para un pueblo que ahora vive de proyectos ecoturísticos que giran en torno a los hongos.

Tal vez el legado más importante que está construyendo el Grupo Etnomicológico de la Mixteca es que están enseñando a la comunidad a aprovechar el verdadero tesoro oculto en los bosques oaxaqueños: el poder de resonar con la naturaleza.

Dice Belén:

“Son recursos nobles que no nada más quitan; también dan a los otros. Esa reciprocidad nos falta como seres humanos.”

*Imágenes: 1) Alejandro Zamora; 2) Animal Gourmet; 3) El Universal; 4) Crédito no especificado; 5) mexicoenimagenes.mx; 6) Eneas de Troya/Flickr.

 

 

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