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Historia de favoritos

Opinión-color Erick Zúñiga

La voz popular aconseja con verdad no hacer cosas buenas que parezcan malas y viceversa. Se trata de una pieza de sabiduría que sintetiza en pocas palabras una idea para cuyo entendimiento no hace falta sino apenas una mínima dosis de sentido común.

Y es que resulta muy fácil entender la advertencia contenida en el proverbio: las acciones cotidianas cuentan no solamente por su valor intrínseco, sino también por lo que aparentan ser. Y, eventualmente, lo que aparentan puede pesar más que su esencia.

Se trata de un consejo que los políticos -al menos los mexicanos- suelen desoír, acostumbrados como están a concebir el poder como la puerta de acceso a los privilegios y los excesos.

El desaseo, cuando no el cinismo, han sido el signo distintivo en la actuación de prácticamente todas las generaciones de políticos nacionales, conducta que ha engendrado en la sociedad una desconfianza endémica hacia los gobernantes y una propensión a creer con mayor facilidad en cualquier acusación de corrupción lanzada en contra de aquellos.

Sin duda hay individuos honestos entre quienes ostentan cargos públicos, pero son tan escasos los ejemplos, que la estadística juega en contra de la minoría: es mucho más probable que uno atine si desconfía que si adopta la posición contraria al juzgar la conducta de un político.

El comentario viene al caso a propósito de lo que amenaza convertirse en el siguiente escándalo de la administración encabezada por Enrique Peña Nieto: la adquisición, por parte del secretario de Hacienda, Luis Videgaray, de una casa valuada en 7 millones y medio de pesos.

¿Cuál es el problema con tal adquisición? Que el responsable de las finanzas del país le compró el inmueble exactamente a la misma empresa que construyó y vendió la hoy famosa “casa blanca” a la primera dama, Angélica Rivera.

Videgaray ha salido de inmediato a declarar en torno al caso y ha dicho que se trató de una operación “plenamente legal” que realizó cuando aún no estaba a cargo de la hacienda pública del país y que compró la casa a crédito, aunque decidió liquidar el contrato en forma anticipada, a principio de este año.

Atenidos al principio de presunción de inocencia, debe considerarse que el titular de SHCP ha actuado conforme a la ley hasta en tanto no se demuestre lo contrario y, tal como lo ha dicho el diario The Wall Street Journal -medio que dio a conocer en primer lugar la información-, tampoco se le debe tratar como si hubiera incurrido en un acto ilegal.

El problema es que, pudiendo ser un acto legítimo, la adquisición del secretario Videgaray “se ve muy mal” y huele de forma sospechosa, debido a la “extraña coincidencia” en la empresa detrás de la operación inmobiliaria.

Es posible adelantar desde ahora que la explicación ofrecida ayer por el Secretario de Hacienda resultará insuficiente y que, atenidos al principio de desconfianza existente en nuestro país, difícilmente la opinión pública aceptará que está ante un acto intachable.

Sin duda hay individuos honestos entre quienes ostentan cargos públicos, pero son tan escasos los ejemplos, que la estadística juega en contra de la minoría.

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