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Hallazgo Holocausto chimú en Huanchaco

Los Chimú no lo conocían como fenómeno de El Niño, pero el temor a las catastróficas lluvias y aluviones originó una siniestra ceremonia de sacrificios humanos que promete reescribir la historia del antiguo Perú.

Roberto Ochoa

Ni en la más taquillera película de terror se ha visto una ceremonia tan espeluznante como la que ocurrió hace poco más de 500 años en los arenales que rodean el balneario de Huanchaco, en Trujillo.

La República (Perú).- Aún estaba fresco el barro que dejó un aluvión provocado por un fenómeno de El Niño cuando decenas de niñas y niños fueron sacrificados de la manera más atroz: a cada uno le abrieron el pecho, separaron el esternón y le arrancaron el corazón. Lo mismo hicieron con decenas de llamas. Ataron sus patas antes de extraerles el corazón.

Y toda esta ceremonia en un solo día. La fecha exacta jamás se conocerá, pero los análisis apuntan al período que existe entre los años 1400 a 1450, es decir, un siglo antes de la conquista española del Tawantinsuyo.

“En la zona de Huanchaquito hemos desenterrado 140 niñas y niños –revela conmovido el doctor Gabriel Prieto Burmester, director del equipo arqueológico–, pero a solo un kilómetro, en Pampa La Cruz, hemos descubierto recientemente 122 cadáveres de niños que también fueron sacrificados. No sabemos si en el mismo evento”.

Tan macabro hallazgo también sorprendió al experimentado antropólogo físico John Verano, una autoridad en la materia.

Obviamente, los criterios humanitarios del siglo XXI no sirven para entender estos homicidios. Solo se podrían comparar con las matanzas de niños judíos en los campos de concentración nazi o, más recientemente, con los asesinatos en masa que han perpetrado los milicianos del Estado Islámico. En ambos casos, sin embargo, se trató de homicidios de “enemigos”. En Huanchaco sacrificaron su futuro.

En la mitología bíblica se asegura que Herodes ordenó asesinar recién nacidos ante el anunciado nacimiento del Mesías. Los espartanos arrojaban al abismo a los recién nacidos con algún defecto físico. En México, el arqueólogo Leonardo López Luján descubrió evidencias de un sacrificio masivo de 48 niños.

Para el doctor Prieto, lo más sorprendente es el escenario elegido para la matanza.

Recordemos que uno de los acontecimientos más recordados del reciente Niño Costero fue un aluvión que afectó la ciudad de Trujillo, un verdadero río de lodo que atravesó la capital liberteña. Algo similar sucedió en Huanchaco cuando era epicentro de la cultura chimú. El río de lodo activó el cauce del “río seco” cercano a Huanchaco y fue ahí, cuando aún no se había secado el lodo, donde se ejecutó la matanza ritual.

Las investigaciones dieron nuevas luces sobre este macabro evento. Los sacrificios fueron realizados en un solo día. Los niños fueron enterrados al lado de sus llamas, pero las víctimas no eran de la misma zona.

“Hemos encontrado hasta las huellas impregnadas en el barro. Realizamos estudios de isótopos estables –no con estroncio sino con nitrógeno 15 y carbono 13– y hemos visto que la dieta de estos niños es muy diversa”, sostiene el arqueólogo trujillano.

“Encontramos patrones de dietas muy diversas asociados a deformaciones craneanas. Tenemos tres patrones, cabezas sin modificación; deformación fronto-occipital (cuando eran muy niños los echaban en una cuna muy plana y el cráneo se va aplastando). No era intencional, era cultural y típico de la costa norte. La otra es la deformación anular, no dolicocéfala, sino ‘para arriba’. Estos tres patrones eran marcadores étnicos de la época”.

Es decir, la matanza ritual en Huanchaquito fue algo así como una cumbre de niños sacrificados procedentes de Huamachuco, de algunos valles al norte de Trujillo y del propio Chan Chan, epicentro de la cultura chimú.

El rango de años en los que se pudo realizar esta matanza coincide con la sanguinaria conquista inca del reino chimú. Prieto cree que “al estrés colectivo provocado por las lluvias y aluviones del fenómeno de El Niño se sumó la amenazadora presencia de las tropas incas en la zona”. Huamachuco, por ejemplo, asociado siempre a los chimú, fijó una alianza con las tropas cusqueñas. El cerco se iba cerrando poco a poco sobre Chan Chan, el corazón urbano de los chimú.

Como es de esperarse, el hallazgo ha generado más preguntas que respuestas. Por ejemplo, ¿por qué eligieron esas zonas cercanas al actual balneario de Huanchaco?

Prieto no solo es de estirpe huanchaquera, también ha realizado varias investigaciones arqueológicas en la zona y desarrolló todo un trabajo de etnografía local. “Creo que Huanchaco fue algo así como la puerta hacia los dioses. Es una de las pocas zonas donde perduran tradiciones pesqueras como el caballito de totora y su actual religiosidad es sincrética. La Virgen del Socorro es la encarnación de una antigua divinidad marina. Aquí las cruces también se veneran en mayo, como en todo el Perú. Pero las cruces de Huanchaco son marcadores para los pescadores”, sostiene.

La zona ha sido escenario de dos grandes culturas, Moche y Chimú, cuyas etapas de esplendor tienen una diferencia de casi mil años.

Sin embargo, las evidencias demuestran que los chimú tuvieron obsesión por los sacrificios humanos. En Chan Chan se hallaron tumbas con 300 mujeres jóvenes sacrificadas. Lamentablemente, muchas de estas tumbas fueron saqueadas por incas y españoles.

Pero Prieto resalta un detalle singular: “La iconografía moche es muy explícita en escenas de sangre, sus dioses son feroces… En los últimos 30 años, desde Sipán hasta la fecha, se han multiplicado las investigaciones de los moche, pero solo se hallaron evidencias de un centenar de sacrificios. En otra época surgieron los chimú. ¡Su ratio de sacrificios humanos no tiene paralelo en la historia! Sin embargo, su iconografía en Chan Chan es de aves y pececitos, ¿te das cuenta de ese contraste? Como dicen, perro que ladra no muerde”.

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