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Gasto público

Opinión-colorErick Zúñiga

Hemos escuchado hablar de la dependencia que tiene el gasto público de los ingresos del sector petrolero y sobre cómo uno de los objetivos de la reforma energética es reducir esta dependencia para que, por un lado, Pemex tenga menor carga fiscal y pueda ser una empresa más competitiva y más autónoma financieramente, y por otro lado, los ingresos del gobierno dejen de estar tan expuestos a la volatilidad en los precios del petróleo.

Esta semana se dio un paso muy concreto para cumplir estos objetivos con el inicio formal de la operación del Fondo Mexicano del Petróleo para la Estabilización y el Desarrollo. En la columna de hoy quiero intentar responder a dos preguntas: 1) ¿Cómo ha funcionado la relación del ingreso petrolero con el gasto público hasta ahora?, 2) ¿Cómo va a cambiar esta relación con el Fondo Mexicano del Petróleo y en qué se va a gastar a partir de ahora?

Para responder a la primera, acudí a una publicación del Centro de Estudios de las Finanzas Públicas (CEPF) de hace dos años. Primero que nada, ¿qué son los “ingresos petroleros” de nuestro país y cuánto representan? Cuando hablamos de ingresos petroleros nos referimos a los impuestos y derechos sobre la actividad petrolera, y desde 1995, año con año sin excepción, contribuyen con la tercera parte del presupuesto del gobierno federal. Es decir, uno de cada tres pesos que gasta el gobierno es financiado por el petróleo. En números duros, los ingresos petroleros han estado entre los 600 mil millones y 1.2 billones de pesos en los últimos veinte años, y han fluctuado entre el 5 y el 9% del PIB.

¿Qué significa para Pemex como empresa, tener que contribuir con estas cantidades año con año? Pongo como ejemplo un año, el 2011. Pemex tuvo ingresos totales por 1.5 billones de pesos que le dieron un rendimiento operativo de 680 mil pesos y tuvo que pagar impuestos y derechos por valor de ¡876 mil millones! Es decir, la contribución de Pemex al gasto público ese año fue de más de la mitad de sus ingresos y casi el 130% del rendimiento de su operación, teniendo un resultado negativo, y sin margen para poder invertir. Esta dinámica ha sido la norma cada año.

Vamos ahora a la segunda gran pregunta, ¿cómo van a cambiar las cosas? Primero que nada la idea es que Pemex migre a ser una empresa productiva del Estado en 2016 y a partir de ese año comience a reducirse gradualmente su aportación al presupuesto, para pasar del 30% actual al 15% en 2021 y a cero en 2026. A partir del año 2027, solamente se reportará a Hacienda la situación financiera y las perspectivas de inversión de cada año.

El Fondo Petrolero cumplirá un rol esencial en esta transición, aunque su funcionamiento no resulta fácil de comprender. La idea es que todos los ingresos petroleros se reciban y administren de forma transparente en este fondo que estará supervisado por el Banco de México, y se gastarán de tres maneras. Primero, hasta 4,7% del PIB se seguirá transfiriendo al presupuesto. Segundo, a partir de esta cantidad se invertirá en ahorro a largo plazo. Tercero, si se supera el 7.7% del PIB, empezará a invertirse parte del excedente en: sistema de pensión universal, ciencia y tecnología, inversión en infraestructura petrolera y becas.

Quedan todavía muchas incógnitas. ¿Qué instrumentos se usarán para el ahorro a largo plazo y con qué criterio se accederá a él? ¿Cómo se relaciona la reducción de la participación de Pemex en el gasto público con las aportaciones al fondo? Habrá que ver si logramos ser un caso exitoso como el de Noruega que tiene un fondo de pensiones creado desde 1990 con excedentes del ingreso petrolero que ya tiene un valor de 890 mil millones de dólares.

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