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Francia declara Tesoro Nacional ‘Los 120 días de Sodoma’ para evitar su venta

El objetivo es que se evite la subasta del célebre manuscrito del marqués de Sade

El Gobierno francés declaró ayer tesoro nacional el manuscrito original de la obra más conocida del Marqués de Sade, Los 120 días de Sodoma o la escuela de libertinaje, que formaba parte de una venta pública que debía arrancar mañana en la casa parisina de subastas Drouot. El gesto del Estado evita que el documento abandone el territorio francés e insinúa su voluntad de adquirirlo, aunque esa perspectiva no haya sido confirmada, de momento, por fuentes oficiales. El Ministerio de Cultura también frenó ayer la venta de un conjunto de manuscritos de André Breton, entre los que figuran los dos manifiestos del surrealismo, movimiento que el escritor francés lideró a partir de 1924.

Los documentos forman parte del fondo de la sociedad Aristophil, cuyo fundador, el empresario francés Gérard Lhéritier, se declaró en bancarrota en 2015. Hoy es sospechoso de haber estafado a sus inversores a través de la compra de manuscritos históricos. Ese conjunto, que conforman unas 130.000 piezas, será liquidado durante los próximos seis años en sucesivas subastas. Sus beneficios se repartirán entre los perjudicados por la quiebra de Aristophil. En los lotes que saldrán a subasta, figura el testimonio de una superviviente del Titanic, Helen Churchill Candee, que inspiraría la oscarizada película de James Cameron de 1997, además de manuscritos de Alejandro Dumas y la correspondencia privada de Napoleón Bonaparte. Todos ellos podrán ser vendidos al mejor postor, menos el manuscrito de Sade y los textos de Breton, que deberán quedarse en territorio francés, como estipula la legislación en vigor.

La libidinosa obra del aristócrata francés, escrita durante su encarcelamiento en la prisión de la Bastilla en 1785, se convirtió en el siglo XX en un objeto de fascinación por parte de los intelectuales franceses. Autores como Michel Foucault, Roland Barthes, Gilles Deleuze o Simone de Beauvoir estudiaron el significado de los textos de Sade, convertido en heraldo de una emancipación libertina y avanzada a su tiempo. Desde 1990, su obra forma parte de la prestigiosa colección La Pléiade, que fija el canon de la literatura universal.

El manuscrito que contiene Los 120 días de Sodoma es un espectacular rollo de 12 metros de largo, escrito a doble cara en letra minúscula y que Sade habría ocultado dentro de un consolador para evitar que se lo expropiaran. El responsable de la subasta, Claude Aguttes, decidió retirar ayer este manuscrito de la venta, donde su precio podría haber bajado sustancialmente, puesto que la decisión del Estado francés excluye a los coleccionistas extranjeros. Aguttes añadía que el Estado francés tiene “gran interés” en cerrar la venta y que ha aceptado negociar una posible compra “al precio del mercado internacional, como indica la ley”. El precio de salida del manuscrito era de entre cuatro y seis millones de euros, aunque ahora podría alcanzar una cifra bastante superior, “hasta los siete u ocho millones”, según Aguttes, quien había detectado, en los últimos días, interés por parte de compradores estadounidenses y turcos. “Es una obra increíble y sulfurosa, lo que puede dar miedo o seducir, según el tipo de comprador”, señala el subastador. Aguttes recuerda que la legislación sobre el mecenazgo privado “permite desgravar fiscalmente un 90% de la transacción, lo que convierte la operación en tentadora para sus compradores potenciales”.

Para Michel Delon, profesor emérito de Literatura Francesa en la Sorbonne y gran especialista en la obra de Sade, la solución más probable pasa por “una alianza entre el Estado y la división de mecenazgo cultural de un grupo industrial que siga teniendo participación pública”. Así sucedió con la compra de un texto de perfil parecido: La historia de mi vida, las memorias póstumas de Giacomo Casanova, escrita en francés a finales del siglo XVIII y publicada hacia 1825 en versión censurada, que la Biblioteca Nacional de Francia compró en 2010 por más de siete millones de euros, en una alianza con un mecenas del mundo empresarial que prefirió mantenerse en el anonimato.

La incorporación del manuscrito de Sade a una colección pública sería, para Delon, más simbólica que funcional. “Es un texto mítico desde los años veinte, cuando los surrealistas empezaron a reivindicar a Sade. Es un objeto de máxima transgresión y, como tal, una especie de tótem. Pero también es un objeto muy frágil, con las hojas pegadas y una escritura bastante pequeña. Resulta muy espectacular y, a la vez, no hay mucho que leer a simple vista. Lo fundamental sería digitalizarlo para garantizar que todo el mundo tenga acceso a él”, opina Delon. El experto no cree que el interés del Estado por la obra de Sade signifique que esta ha dejado de resultar escandalosa. En 2014, el Gobierno de François Hollande demostró interés por adquirirlo, pero terminó dando marcha atrás. “Les preocupó que la opinión pública protestara ante una compra tan costosa, en un contexto de crisis y de paro elevado”, relata Delon. “En realidad, es un texto que sigue conservando toda su fuerza y su impacto”.

UN MECANISMO HABITUAL

Declarar tesoro nacional una obra susceptible de abandonar el territorio estatal es un mecanismo habitual en Francia, donde una comisión formada por 11 altos funcionarios y expertos, en su mayoría nombrados por el ministerio de Cultura, examina qué objetos y documentos merecen la protección del Estado.

Solo en 2017, se ha declarado tesoro nacional un modelo en yeso de Rodin, un cuadro de Fragonard y una escultura de las islas Cícladas, aunque el Estado no ha adquirido, de momento, ninguno de ellos. La Biblioteca Nacional de Francia sí compró, en cambio, el manuscrito de Nadja, de André Breton, por 2 millones de euros.

Según Le Figaro, el Estado estaría dispuesto ahora a desembolsar hasta 8 millones de euros por el best-seller erótico del marqués de Sade y unos 5 más por los manuscritos de Breton, que los inversores de Aristophil compraron, en su día, por 22 millones. Los poderes públicos cuentan con 30 meses para encontrar a un mecenas dispuesto a participar en la operación.

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